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ArribaAbajoAnacreónticas




ArribaAbajo- I -


La declaración involuntaria

ArribaAbajo   Tus ojos me abrasan,
Y de amor cautivo,
¡Ay! anhelo en vano
Quebrantar mis grillos.
   No creas empero,  5
Dulce dueño mío,
Que de mis amores
Hablarte imagino;
   Pues me condenaron,
y yo no lo olvido,  10
A crudo silencio
Tus crudos desvíos.
   Callaré, Filena,
Y del pecho herido
No saldrá a mi labio  15
Ni un leve suspiro.
   Callaré la pena
Que incesante abrigo. -
Mas ¿cómo callarla,
Si ya te la he dicho?  20




ArribaAbajo- II -


El arroyo amado

ArribaAbajo   Aléjate volando,
Negra, horrorosa nube,
Y escóndete en los montes,
O allá a los mares huye.
   No la tranquila calma  5
De ese arroyuelo turbes,
Gala del verde soto
Do serpeando bulle.
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   No a acrecentar sus ondas
Tu lluvia le tributes;  10
Que, aunque merece serlo,
De río no presume.
   Arroyos hay que altivos
Mal la pobreza sufren.
Sus márgenes dilata  15
Y la ancha vega inunden.
   Este de fuente humilde
Nació, si Tajo ilustre
Se despeñó torrente
Desde elevada cumbre.  20
   Y puro como el astro
Que sobre todos luce
Espejo es de las flores
Que en sus orillas nutre.
   Aparta, nube horrenda,  25
Aparta, no le enturbies.
¡Ay! bebe en él la hermosa
Que me arde y me consume.
   En él antes que al día
Los pájaros saluden  30
Se lava el dulce rostro
Y el seno muy más dulce.
   Y oculto entre las mimbres
Amor me da que triunfe,
Y a su desdén tirano  35
Mil y mil glorias hurte.




ArribaAbajo- III -


A los amantes de Dorila

ArribaAbajo   Amantes de Dorila,
Pastorcillos cuitados,
Que en sus dolosas redes
Os consumís incautos,
   De moscatel sabroso  5
Henchido zaque os guardo.
Venid, lo agotaremos;
Venid. -¡Tiene diez años!
   ¡Ea, empinad! -¿Anfriso,
No más? ¡Mezquino trago!  10
¡Oh cómo se conoce
Que estás enamorado!
   Bebe, Tirso, y el zaque
Corra de mano en mano. -
¡Viva! - Escuchad ahora  15
Felices desengaños.
   Cada cual de vosotros
Tan débil como vano
Se llama de Dorila
Zagal privilegiado.  20
   ¡Quizá no sin disculpa,
Que a todos, oh descaro!
La universal pastora
Pruebas de amor ha dado.
   A ti dijes y flores;  25
¡Y cuánto te costaron!
Si sus dones repito
Te quedas sin rebaño.
   A ti dulces miradas;
A ti la muelle mano,  30
A ti, pobre Fileno,
La risa de su labio;
   A ti, menos experto
Y así más engañado,
Alguna estéril cita  35
Y algún besillo blando. -
   ¿Miento yo por ventura? -
Todos calláis. -Bebamos. -
Cuando el zaque se apure
Vuelve Niso a llenarlo.-  40
   Si ya no estáis beodos,
Ahora decidme: ¿acaso
Puede amar a ninguno
Quien acaricia a tantos?
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   ¿Y cuál es el amante  45
Tan necio, tan menguado
Que parte de una bella
Con otros los halagos?
   ¡Eh! abandonadla todos,
Y mozos tan bizarros  50
De una mujer voltaria
No sean el escarnio.
   Laura, Melisa, Flora,
Cien hay en estos campos
Que en gracia la superan,  55
Y en virtud y en encantos.
   Dejadla, pues rehuye
De amor el dulce dardo,
Y sólo inciensa el ara
Del orgullo insensato.  60
   Dejadla, y consumirse
De envidia la veamos,
Cual efímera rosa
Que descolora el Austro.
   Dejadla; que algún día,  65
Quizá no muy lejano,
Llorará desolada
Sus mal perdidos años.




ArribaAbajo- IV -


La rosa

ArribaAbajo   ¡Guarda, mi Silvia, guarda!
¡Ay! no por una rosa
Tu delicada mano
A lastimar te expongas.
   Venus que las produjo  5
Como suprema Diosa
Al estampar su huella
Sobre la verde alfombra;
   Venus vivió cien siglos
Ufana de su obra  10
Hasta que tú naciste,
Dulcísima pastora.
   Dos el Amor ha puesto
En esa cara hermosa
Que las suyas afrentan  15
Y el corazón me roban.
   Así el rosal ameno
De Venus envidiosa
Crudas espinas cubre
Entre lozanas hojas.  20
   ¿No temes su venganza?
¡Tente!... Quizá se esconda
Cabe el risueño arbusto
Víbora ponzoñosa.
   Si engalanar deseas  25
Tu cabellera blonda,
Deja que yo la arranque
Con esta mano tosca.
   ¡Y oh si por serte grato
Fuera tanta mi gloria  30
Que las sutiles puntas
La desgarrasen toda!
   Y mas que no pudiera
Valerme de la honda
Ni tocar en un año  35
Mi rústica zampoña.
   ¡Oh, déjame, importuno!
Responde la pastora.
¿Qué importa que me clave
Si es para ti la rosa?  40

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ArribaAbajo- V -


El vino consolador

ArribaAbajo   Ayer por los desdenes
De la orgullosa Laura
Clavarme quise, ¡ay necio!
La punta de una daga.
   Y a mi pecho abrasado  5
El hierro amenazaba,
Y el nombre maldecía
De esa mujer ingrata,
   Cuando en cristal luciente
Baco mi vista llama  10
Brindándome una azumbre
Del rancio de Peralta.
   Y bebo; y de la mano
Deslízase la daga,
Y ya menos furioso  15
No cuido de cobrarla.
   Segunda vez el néctar
Mi labio ansioso baña,
Y..., ¿lo creeréis, zagales?,
Ya en Laura no pensaba.  20
   Entre beodo y cuerdo
Torno a beber sin tasa;
Y río, y canto, y brinco,
¡Yo que antes me mataba!
   Y al consolarme Baco  25
De la esquivez de Laura,
Para prendar a Silvia
Me inspira nuevas gracias.




ArribaAbajo- VI -


Vino y amor

ArribaAbajo   Médico que me privas
Del vino y de mi Clori,
No así como mi pulso
Mi corazón conoces.
   Si a tanta costa quieres  5
Que la salud recobre,
Huye; que de la Parca
No es tan funesto el golpe.
   Vino y amor dictaron
Al dulce Anacreonte  10
Sus versos que le ascienden
Al trono de los dioses.
   Vino y amor alivian
Fatigas y dolores;
Vino y amor infunden  15
Las ínclitas acciones.
   ¿A quién, doctor, no alegran
Si no es de helado bronce
Los ojos de una hermosa,
La espuma del aloque?  20
   Aquí en mi hogar humilde
Que alumbra medio roble,
Aunque ignorado, limpio,
Y tranquilo, aunque pobre;
   Mi Clori a la siniestra,  25
Y a la derecha el odre,
Sin miedo a las borrascas
Del cielo y de la corte;
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   Déjame que entre sorbos,
Y besos y canciones,  30
O me cure..., o me muera;
Que a todo estoy conforme.
   Y guarda tus preceptos
Para el cuitado joven
Que pueda amar la vida  35
Sin vino y sin amores.




ArribaAbajo- VII -


La ocasión perdida

ArribaAbajo   ¡Cuán sosegada duerme
La bella de mis ojos
Sobre la muelle grama
Bajo el nogal coposo!
   ¡Ay! ¿Osaré en sus labios  5
Como la grana rojos
Libar el dulce beso
Que ha de colmar mi gozo?
   ¿Si despierta y se ofende?...
Más temo yo su enojo  10
Que al águila rapante
El cándido palomo.
   Mas cuando ayer le dije:
«Mi Filis, yo te adoro»
Su boca sonreía  15
Con ademán gracioso;
   Y palpitó su pecho,
Y se encendió su rostro,...
Y lo advertía Filis,
Pues le ocultó en sus hombros.  20
   ¡Cuál besa sus mejillas
El lúbrico Favonio!
¡Cuán juguetón se mece
En su cabello blondo!
   ¿Y menos, ¡ay! que el viento  25
Será Damón dichoso?
Yo llego. Amor, tus alas
Cubran mi dulce robo.
   Quizá no duerma Filis...
Quizá brinde a mi arrojo  30
Lo que jamás lograran
Mis ruegos amorosos.
   Callad, alegres aves,
Delicia de este soto.
Para cantar mi triunfo  35
Guardad el blando coro.
   Su murmurio suspenda
El cristalino arroyo;
Suspenda sus balidos
El olvidado choto.  40
   Abeja que la amagas
Con tu aguijón ansioso,
¡Guarda, no la despiertes
Con tu zumbido ronco!
   Vuela al rosal vecino;  45
Aparta, que a mí solo
El hijo de Ciprina
Reserva ese pimpollo.
   Yo llegó... No. Pulsando
Su cálamo sonoro  50
De la colina al valle
Desciende Nemoroso.
   ¿Me mira? Sí. ¡Mal hayan
Sus importunos ojos!
¡Perezca su ganado  55
Presa de hambriento lobo!
   Dijo; y la niña Filis
Quizá con más encono,
Aunque dormir figura,
Maldice a Nemoroso.  60

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ArribaAbajo- VIII -


La pubertad

ArribaAbajo   -Madre, ¿qué llama oculta
Circula por mis venas
Que al paso que me halaga
Me aflige y desespera?
   Hechizos son, ¡ay triste!  5
Que en ponzoñosa yerba
Recelo me haya dado
La encantadora Lesbia.
   Mas ¿cómo, si la vida
Me abruma y me atormenta,  10
Jamás me ha parecido
Tan plácida y tan bella?
   Si tú culpas al tiempo
Porque rápido vuela,
¿Cómo yo desolada  15
Maldigo su pereza?
   Tú empero ya a la tumba
La débil planta llevas;
Y yo respiro el aura25
De dulce primavera.  20
   Enigmas son, oh madre,
Mis gozos y mis penas.
Descífralos, te ruego;
Mi lloro te conmueva.
   Ayer entre las niñas  25
Al son de muelle avena
Gozosa, infatigable
Danzaba en la floresta.
   La rosa nacarada
En mi cabello presa,  30
La poma aún no madura
De la vecina huerta,
   La risa, la algazara,
La cinta, la pandera...;
No más apetecía  35
Mi cándida inocencia.
   Hoy los pueriles juegos
Mi corazón desdeña,
Y no sé qué me pide,
Que de latir no cesa.  40
   Y en tanto que a las niñas
Lanzo de mí soberbia,
Las adultas zagalas
Me esquivan, me desprecian.
   Si algún pastor me mira,  45
Me turba y me enajena,
Y a mi despecho clavo
Los ojos en la tierra.
   Si me habla lisonjero,
Si la mano me estrecha,  50
Yo tiemblo, y mis mejillas
Colora la vergüenza.
   ¿Qué crimen ignorado,
cuál desdicha acerba
De día me acongoja,  55
De noche me desvela?
   Repíteme incesante
Aquí una voz secreta:
Para el placer naciste,
Donosa zagaleja.  60
   Y del placer en tanto
La prometida senda
Natura a mis afanes
Cubre de opaca niebla.
   Así a los trece mayos  65
Triste, llorosa, inquieta,
Razona con su madre
La niña Galatea.
   Calla la adusta anciana;
La niña se impacienta;  70
Y Tirso más piadoso
La instruye y la consuela.

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ArribaAbajo- IX -

ArribaAbajo   ¿Oyes bramar, serrana,
Los yertos aquilones
Que el enconado invierno
Desata de los montes?
   ¡Desolación amarga!  5
Del campo los verdores
Ya el crudo hielo torna
En áridos terrones.
   ¿Adónde, adónde huyeron
Las matizadas flores?  10
Los sazonados frutos
Del rico otoño ¿adónde?
   Mira a aquel arroyuelo
Gemir entre prisiones;
Mira al olmo copado  15
Desnudo, seco y pobre.
   Ni cantan ya las aves,
Ni tienden ya veloces
Sus alas por el viento,
Región negada al hombre.  20
   Ni el blando caramillo
Resuenan los pastores,
Ni vaga susurrando
La abeja por el bosque.
   Avara sus riquezas  25
Naturaleza esconde,
Y en soledad y nieve
Se pierde el horizonte.
   El sol como asombrado
Más presuroso corre,  30
Y vela opaca niebla
Sus rayos creadores.
   Todo es terror el cielo,
Todo es silencio el orbe,
Y si hórrido es el día,  35
Más hórrida la noche.
   ¿Y aún del amor, serrana,
Esquivas los arpones?
¿Quién vive en el invierno,
Quién vive sin amores?  40
   No más a mi ternura
Tu pecho sea bronce;
Verás como burlamos
Del tiempo los rigores.
   Si piensas que te miento,  45
Pregúntaselo a Clori,
Y a Laura, y a Dalmira;
Verás que te responden:
   «Serrana, no hay hoguera
Como abrazar a un hombre  50
Cuando enconados braman
Los yertos aquilones.»




ArribaAbajo- X -


Odio a la sujeción

ArribaAbajo   ¡Ea, no quiero, tía!
¡El diantre de la rueca!
¿Siempre he de estar hilando?
¡No es mala impertinencia!
   Dejadme que me ponga  5
La saya de franela
Que hogaño el tío Bartolo
Me trajo de la feria.
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   Dejadme al aire libre
Triscar por la pradera;  10
Que de chupar estopa
Me voy quedando seca.
   Dejadme que tañendo
Mi linda pandereta
Cabe el arroyo cante  15
La jacarilla nueva.
   Si no es que los donceles
Por adularme mientan,
En gracia y en donaire
No hay una que me venza.  20
   Ayer me dijo Tirso:
«¡Lástima de mozuela
Perdida en los tizones
De rancia chimenea!»
   Y dice bien. Quince años  25
Cumplí por la cuaresma.
Bullendo está mi sangre;
Saltando de las venas.
   ¿Teméis que me requiebren
Los mozos de la aldea?  30
Dejadlos. No hay peligro
Que en público me pierda.
   Peor será que alguno,
Si amor me desespera,
A media noche salte  35
Las tapias de la huerta.
   Que a las niñas... (anoche
Lo dijo la tendera)
Inútil es guardarlas
Si no se guardan ellas.  40
   Hilando, no hay remedio,
Voy a caer enferma.
Dejadme de mis años
Gozar la primavera.
   Cuando al invierno llegue...  45
Como vos; cuando vea
Arrugas en mi cara,
Canas en mi cabeza;
   Entonces, sin cuidarme
De amor ni panderetas,  50
Lo juro, de las manos
No soltaré la rueca.




ArribaAbajo- XI -


Ventura conyugal


En el álbum de una muy bella dama, amiga mía

ArribaAbajo   Recuerdo en este instante,
Bellísima Dolores,
Que tu amable marido
Es diputado a Cortes;
   Y a fuer de buen patriota  5
Y orador no mediocre,
Es pro-hombre entre tantos
Como son pobres-hombres.
   Él se honra en el Congreso,
Y honra a los electores,  10
Y yo también me honro
Con ensalzar sus dotes.
   Pero aunque es diputado,
Y mas que fuera prócer,
Su mayor gloria funda  15
En tener tal consorte.
   ¿Qué mucho? Te ama tierno,
Y tú lo correspondes,
Y tu alma no inficiona
La peste de la Corte.  20
   ¡Ay! el que no es dichoso,
En los tiempos que corren,
Dentro de sus hogares,
¿Dónde ha de serlo, dónde?
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   Yo con la edad curado  25
De vanas ilusiones;
Que es viejo en este siglo
Quien fuera en otros joven,
   Huyendo de tribunas
Y de áulicos salones,  30
A la quietud me atengo
De mi casita pobre.
   Aquí con mi morena,
Fiel, cariñosa y dócil,
Tal soy, que me envidiaran  35
Los príncipes del orbe.
   ¡Feliz, breve asamblea
Do nadie está discorde,
Ni hay míseros vencidos
Ni fieros vencedores!  40
   Aquí sin embusteros
Taquígrafos veloces,
Ni tribunas que silben,
Ni maceros que estorben,
   Amor presenta leyes  45
Que excusan discusiones.
¿Qué mucho, si ambos Cuerpos
Están siempre conformes?
   No consta a quién incumbe
La iniciativa, porque  50
Aquí no hay Estatuto,
Ni carta, ni año doce;
   Mas puedo asegurarte,
Así Dios me perdone,
Que la palabra veto  55
Aquí no se conoce.
   Ni son jamás dañinas
Las interpelaciones;
Ni hay derecha ni zurda,
Radicales, ni Tories;  60
    Ni nadie cabecea,
Gruñe, bosteza, o tose;...
Y eso, que son a veces
Muy largas las sesiones;
   Ni nimio reglamento  65
Nuestros debates rompe,
Ni hay en fin campanillas
Que nos llamen al orden.
   Vale más, y concluyo,
Bellísima Dolores,  70
Ser marido dichoso
Que diputado a Cortes.



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ArribaAbajoEpigramas




ArribaAbajo- I -


A un recién poeta de pocas esperanzas

ArribaAbajo    Voy a hablarte ingenuamente.
Tu soneto, don Gonzalo,
Si es el primero, es muy malo;
Si es el último, excelente.




ArribaAbajo- II -


A otro mal poeta

ArribaAbajo    Juan sus versos publicó,
No tan lindos como piensa;
Y al entregarlos clamó:
Sude con ellos la prensa;
Que más he sudado yo.  5




ArribaAbajo- III -


A un disforme y minucioso cartel en que se anunciaba un libro muy pequeño

ArribaAbajo    ¡Qué anuncio para un dozavo!-
Tres reales piden por él.-
No daré yo ni un ochavo.-
¿Por qué razón? -Porque acabo
De leerle en el cartel.  5

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ArribaAbajo- IV -


A un mal actor, al acabarse la tragedia que representaba

ArribaAbajo    Llegó el ansiado momento
De las puñaladas fieras.
Ya se acabó mi tormento.
¡Pésimo actor, sólo siento
Que no hayas muerto de veras!  5




ArribaAbajo- V -


Margaritas a puercos

ArribaAbajo    Pardo a un corro de camellos
Su Clitemnestra leyó.
¿Quién ha muerto? preguntó
Al concluir uno de ellos;
Y Pardo le dijo: ¡yo!  5




ArribaAbajo- VI -


A un plagiario

ArribaAbajo    No hay que decir a Facundo
Que estudie buenos modelos.
¡Si los sabe de memoria!
Testigos todos sus versos.




ArribaAbajo- VII -


A un mal autor que dejó escrita su vida

ArribaAbajo    Su vida escribió Benito
A los siglos por venir.
Bien hizo el autor maldito;
Que si él no la hubiera escrito,
¿Quién la habría de escribir?  5

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ArribaAbajo- VIII -


A un mal actor, sordo por añadidura

ArribaAbajo    Eres oprobio del arte,
Y sordo; que es lo peor.
Ni aun tiene el espectador
El consuelo de silbarte.




ArribaAbajo- IX -


A un necio, titiritero de afición

ArribaAbajo    Ese hombre, cuyo renombre
Puebla Corte y arrabales,
A todos los animales
Remeda..., menos al hombre.




ArribaAbajo- X -

ArribaAbajo    Para un viejo, almacén de desengaños,
Si en la esfera no está de los pudientes,
Son los amigos lo que son los dientes:
Se mellan y se pudren con los años.




ArribaAbajo- XI -

ArribaAbajo    Dejome el Sumo Poder,
Por gracia particular,
Lo que había menester:
Dos ojos para llorar...
Y uno solo para ver.  5