Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

  —49→  


ArribaAbajo- III -


Los escritores adocenados

¡Qué! ¿No hay más sino meterse a escribir a salga lo que salga, y ya soy autor?


Moratín.                



ArribaAbajo   ¡Oh qué sabio es Madrid! ¡Oh cuál rechina
Aquí y allá la trabajada imprenta!
¡Oh cuán en posta el pueblo se ilumina!

   ¡Oh cuán rápida crece vuestra renta,
Fabricantes de Alcoy! ¡Oh qué de pliegos  5
El ansia de escribir consume hambrienta!

   ¿Y dónde, dónde están los hombres legos
Si hasta los necios son hijos de Apolo?
¿Si todo es luces hoy, dó están los ciegos?

   Cada río en España es un Pactolo;  10
Cada coplero un Píndaro y un Dante
Que al mundo ha de asombrar de polo a polo.

   ¿Cuándo una prensa yacerá vacante?
¿Cuándo veré una esquina sin carteles?
¿Dónde iré sin topar con un pedante?  15

   ¿En qué archivo cabrán tantos papeles
Que embadurnan sin Dios y sin conciencia
Escritores adultos y noveles?

   ¿Ese pío lector, cuya paciencia
Ya excede a la de Job, en dónde vive?  20
¿Quién me dará razón de su existencia?

   Mi anheloso mirar no le percibe.
¿Qué mucho? ¿A quién se guarda la lectura
Si todo el mundo sin cesar escribe?

   Tanto cundes, feliz literatura,  25
Que no en estraza, sino en prosa y verso
Se envuelve por acá la confitura.
—50→

   Y cuando a tanto cálamo perverso
De escribir acomete la manía,
¿Privas del tuyo, oh Fabio, al universo?  30

   Tú, iniciado en la dulce poesía;
Tú, que haces redondillas de repente,
¿Por qué no escribes, Fabio, noche y día?

   No tu suma ignorancia te amedrente.
Menos sabe don Próspero, y gallea  35
Porque no hay un Boileau que le escarmiente.

   De cierto literato fue albacea;
Con esto, y un destierro, y un diploma,
Cátale ya escritor de alta ralea.

   Por ahí dicen las gentes, será broma,  40
Que de tanto francés como ha aprendido
Ya no sabe escribir en nuestro idioma.

   ¿Y qué importa? Su nombre mete ruido
Como el de tanto cuervo literario
Que osada presunción sacó del nido.  45

   Sólo algún nuevo Zoilo temerario
Pudiera condenarle porque agrega
Cien voces cada día al diccionario.

   ¿Y el crítico furor a tanto llega?
No es moda ya que la española pluma  50
De castiza blasone y solariega.

   Loco será quien destruir presuma
La gálica irrupción. Antes podría
Al piélago quitar la blanca espuma.

   Escribe, escribe, Fabio; que a fe mía,  55
Si observas mi lección imperturbable,
El vulgo aplaudirá tu algarabía.

   ¿Qué es vivir de una renta miserable;
De un honrado taller, o de un empleo,
A no ser de Castilla condestable?  60

   Petulante, embrollón, mordaz te creo;
Hablas a chorros y el francés traduces...
Serás hombre de pro, ya lo preveo.
—51→

   Tú coplea, y verás cómo te luces;
Que entre cisnes también hasta el Parnaso  65
Trepan desde Madrid los avestruces.

   Vate conozco yo que del Pegaso
Ni un relincho merece, y se le aplaude
Más que a Rioja y al tierno Garcilaso;

   Y mientras plata y vítores recaude  70
¿Qué le importa si Apolo escarnecido
Llora en silencio el insolente fraude?

   No me seas modesto y comedido;
Que irás al hospital. Dice un adagio
Que ayuda la fortuna al atrevido.  75

   Si no hay propio caudal, acude al plagio.
¿Uno lo atrapa? Bien; lo ignoran ciento,
Y de los ciento ganas el sufragio.

   Sobre todo, tu pluma siga el viento
De la fortuna, en su favor o saña,  80
Ya apacible, ya raudo y turbulento.

   ¿Cambió la suerte? Válgate la maña:
Adula al poderoso, intriga, sopla,
Y tendrás, Fabio mío, una cucaña.

   Ayer hubiera honrado la manopla  85
Al descarado Antón, que hoy paga coche.
¿Y cómo lo adquirió? Con una copla.

   Deja que otro pacato día y noche
Torne al yunque y retorne sus escritos.
Tú escribe a norte y sur, a troche y moche.  90

   Los fatuos en Madrid son infinitos;
De autor entre ellos cobrarás la fama,
Y en vano gruñirán los eruditos.

   Tal vez sobre los sabios encarama
La ignara plebe al fantasmón pedante  95
Que merecía estar paciendo grama.

   Otro los hechos de Gonzalo cante,
Otro al buen Cid en numerosa rima;
Tú no emprendas locura semejante.
—52→

   Ni esperes que del hambre se redima,  100
Bien que le paguen con aplauso vano,
Quien buenos versos en España imprima.

   ¿No es mejor en lenguaje chabacano
Del francés traducir un melodrama,
Y venderlo después por castellano?  105

   Muda el nombre al gracioso y a la dama,
Nuevo título inventa; y juro a cribas
Que el público por nuevo se lo mama.

   No creas que a la tumba sobrevivas;
Y pues sólo el dinero aquí se aprecia,  110
Nunca leas a Horacio cuando escribas.

   Ciertas voces oriundas de la Grecia
Basta que aprendas, Fabio, de memoria:
Como epítasis, ritmo, peripecia...;

   Y aunque mover debieras una noria,  115
Lléveme Satanás si el populacho
No te cubre de aplausos y de gloria.

   Ni hablar sin propiedad te cause empacho;
Que sintaxis, prosodia, analogía...
Son frívolos estudios de muchacho.  120

   Ni el carecer de libros; que en el día
Basta ya con Rengifo y Taboada
Para escribir en prosa y poesía.

   Te dirán que es forzoso -¡qué bobada!-
Escribiendo crear. Fileno crea;  125
¿Y qué gana con eso? Poco o nada.

   Se afana el infeliz, suda, patea,
Mil desaires le cuestan sus porfías
Primero que la luz su obrilla vea;

   Y después de tan fieras agonías,  130
En limpio ¿qué le dan? Quince doblones;
¡Y agotan la edición en ocho días!

   De estos genios, honor de las naciones,
No envidies el infausto privilegio,
Y vive de morralla y traducciones.  135
—53→

   Allá en el Sena de laurel egregio
Se ciñen y riquezas acumulan;
Aquí van a la sopa de un colegio;

   Si no es que a hinchados próceres adulan,
O engañando a inocentes suscriptores  140
Con falaces prospectos especulan.

   ¡Y el teatro!... ¡Gran Dios! Tus borradores,
Si no son de algún lírico programa,
Te valdrán menos plata que sudores.

   Necio el que gracias y moral derrama,  145
Oh Talía, en tus aras, do Celenio
De los Terencios eclipsó la fama.

   ¿Qué vale ya el saber? ¿Qué vale el genio?
A la solfa consagre sus tareas
Quien pretenda brillar en el proscenio.  150

   El fuerte Aquiles, el prudente Eneas,
Si pretenden medrar en nuestra zona,
Acudan al mi-dó y a las corcheas.

   Al que antaño ganó civil corona
El varonil talante distinguía,  155
Y aterraba en sus manos la tizona.

   Hoy al compás de blanda sinfonía
Virtuosa la esgrime ultramontana
Que sólo el triunfo a su garganta fía.

   Ya no se estila en rima castellana  160
Escuchar los furores de un Atreo,
Ni a Pelayo afrentado por su hermana.

   ¿No es mejor en henchido coliseo
Del contralto admirarlas pantorrillas
Que en París le vendió marchante hebreo?  165

   Mas, oh Pindo español, en vano chillas;
Que sin dolerse de tu amarga pena
De Orfeo triunfarán las maravillas.

   Ni porque a tantas almas enajena
El tenor o la tiple de cartello  170
Desierta vemos la española escena;
—54→

   Que, si bien se consigue pelo a pelo
El mugriento cartón, ve todo el mundo
A Cabeza de Buey y a Brancanelo.

   Y el mismo elegantuelo nauseabundo  175
Que a Moratín y a Calderón desdeña
Aplaude un melodrama furibundo.

   Lo repito: es muy necio quien enseña
Verdad, buen gusto, y de la insana plebe
En derrocar los ídolos se empeña.  180

   Traducir es más fácil y más breve;
Y quizás el librero más te pagué
Cuanto sea tu escrito más aleve.

   En tanto, si pretendes que te halague
El aura popular, di que has estado  185
En París, en Antuerpia, en Copenhague.

   ¡Cuánto vale en Madrid quien ha viajado,
Y si sabe mentir con cierta gracia
Cuál se ve de los bobos celebrado!

   Con tono magistral, con suma audacia  190
Donde quiera que estés habla de todo:
De historia; de blasón, de diplomacia...

   Mucho rebuznarás. No me incomodo;
Ni aunque digas que al centro de la Iberia
Vino desde el Brasil el visogodo.  195

   Sin gran lujo no salgas a la feria;
Que hoy se juzga a los sabios por la ropa.
¡Guárdate, Fabio, de ostentar miseria!

   Si en lugar de batista, ruda estopa
Cubre tus carnes, se acabó el prestigio:  200
Ni en San Francisco te darán la sopa.

   Mas de tu fama crecerá el prodigio
Si el mercader, el sastre y la patrona
De litigio te llevan en litigio.

   ¡Ea! Papel sin término emborrona,  205
Aunque sea con fárrago y basura;
Que el pueblo es un bendito, y Dios perdona.
—55→

   Aunque es tu frente como el hierro dura,
No temas carecer de materiales;
Que quien sabe copiar jamás se apura.  210

    Establece en París corresponsales.
¡Se escribe tanto allí!... Por el correo
Cien rasgos te vendrán originales.

   Si copiar te parece pobre empleo,
Agregando algún frío comentario  215
Reimprime a los difuntos, y laus Deo.

   O échate a criticón atrabiliario,
Aunque te expongas a cruel mordaza
Y te llamen procaz y temerario.

   Si de otro más dichoso te amostaza  220
El reiterado lauro, en él te ceba.
Su opinión y sus obras despedaza.

   Crimen reputa que a agradar se atreva
Tal escritor al público sencillo.
Di que es digno de cárcel y de leva.  225

   No gemirá por eso en un castillo;
Que el gobierno solícito bien sabe
Quién es hombre de honor, y quién es pillo.

   Mas el pobre escritor acaso agrave
Su imaginario mal, y acobardado  230
De componer y de brillar acabe.

   Si natura el talento no te ha dado
Que al bachiller Juan Pérez de Munguía3
Y su pincel maestro te ha negado;

   No como él con donaire y valentía  235
A escarnecer abusos te limites
Que jamás ley humana extirparía.

   Mejor es que a gritar te desgañites
Contra todo mortal que te haga frente,
Y el pan si puedes y el honor le quites.  240
—56→

   Ni en todos claves el dañino diente.
El opúsculo ensalza de Fabricio,
Aunque a las musas tu descaro afrente.

   Hoy está en candelero, y tu servicio
Puede galardonar. Muerde y adula;  245
Que es socorrido y cómodo el oficio.

    Sigue antes a los asnos de la dula
Que al veraz escritor por la ardua senda
Donde se atolla el mísero y se anula.

   Si alguno hubiere que impugnar pretenda  250
Tu sátira cruel, de nuevo ripio
Te servirá la crítica contienda.

   ¡Y no hay que desmayar! Desde el principio
Échala de doctor, por más que ignores
Lo que es interjección y participio;  255

   Que a fuerza de sofismas y de errores
De tu rival fatigarás la pluma,
Y de paso a los cándidos lectores.

   Mas ¿por qué el raro empeño así me abruma
De formar de la nada un pedantuelo  260
Si infestan a Madrid en tanta suma?

   ¿Quién enseñó a escribir a don Marcelo,
Que hace para halagar a un cortesano
En vez de un panegírico un libelo?

   ¿No echó a volar sin guía don Ulpiano  265
Su enfático poema, que aun de balde
No lo quiere leer ningún cristiano?

   ¿No escribe con permiso del alcalde,
Tratados de farmacia don Benito
Sin conocer siquiera el albayalde?  270

   ¿No imprime como propio el manuscrito
Que al prójimo robó don Celedonio,
Y le llaman las gentes erudito?

   ¿Dónde estudió don Blas, el muy bolonio,
Autor de esa novela fementida  275
Que apesta a Mundo, a Carne y a Demonio?
—57→

   ¿Ha pisado una cátedra en su vida
Don Cosme, que en su plan estrafalario
Con el oro y el moro al Rey convida?

   ¿Supo lo que escribía don Macario  280
Que, aunque dijo a Madrid: «yo lo he compuesto»,
Encuadernó, y no más, un diccionario?

   ¿Qué ciencia ha requerido ese indigesto
Almacén de inexactas colecciones
En letra infame y en papel funesto?  285

   Tantas y tan inicuas traducciones
Que no se entienden ya ni aquí ni en Francia;
Tantos dramas exóticos, ramplones;

    Tanto epítome ruin para la infancia;
Tanta refundición bárbara, impía;  290
Tantas y tantas coplas sin sustancia;

    ¿Son partos del talento? No a fe mía;
Abortos son del rudo publicismo
Que al extremo llevó su tiranía.

   Hay hombres cuyo ciego fanatismo  295
Por ver su nombre impreso a tanto llega,
Que imprimieran la fe de su bautismo.

   Hay necio que a Marón llama colega
Si publicar consigue una charada
En versos crudos de gaita gallega.  300

   Hay quien desea que a la tumba helada,
Por imprimir la esquela del entierro,
Súbito baje su consorte amada.

   Y hay quien se juzga autor, siendo un becerro,
Porque en letras de molde el buen Diario  305
La filiación estampa de su perro.

   ¡Qué! ¿Sólo puebla el mundo literario
Esa plaga de autores ignorantes
Que denuncia tu cáustico inventario?

   ¿Todos somos plagiarios y pedantes?  310
¿No hay ya quien libros de honra y de provecho
En el idioma escriba de Cervantes?
—58→

   ¿No hay sabios en historia, y en derecho,
Y en lenguas, y... Sí tal. Hay grandes hombres,
Lo sé de unos, y de otros... lo sospecho.  315

   Bien pudieras citar algunos nombres...
¿Escribo acaso yo contra los sabios?
No. Pues si no los cito, no te asombres.

   Y algunos tomarían por agravios
Mis elogios tal vez. Sí, su modestia...  320
¡Hay tanta en sus escritos y en sus labios!...

   Pero aunque sé que es vana mi molestia,
Pues yo no he de quitarles su talento,
Ni está en mi mano el dársele a una bestia;

   Quiero decirlo; que si no, reviento;  325
Muchos se llaman doctos en el día
Porque atestan de libros su aposento.

   Y si culpo y maldigo la osadía
Del que escribe en materia que no entiende
Y a diestro y a siniestro desvaría;  330

   El huraño doctor también me ofende
Que, mirando de lejos la batalla,
O sabe mucho, y todo se lo calla;
O nada sabe, y todo lo reprende.




ArribaAbajo- IV -


El carnaval


Hic summa est insania.

Horacio.                



ArribaAbajo   Callad, no me sopléis, diosas del Pindo,
Y tú, crinado Apolo, aparta a un lado,
Que hoy de tu numen délfico prescindo.

   A ti, Momo procaz y descarado,  5
A ti te invoco, mofador eterno,
Ya del estro satírico impulsado.
—59→

   Tu influjo, con permiso del gobierno,
A mí descienda, y reirán los hombres,
Y reirá Caronte en el Averno.  10

   Y tú, lector benigno, no te asombres
Si a las nueve doncellas no demando
Inmortales proezas y altos nombres;

   Que ni es este su siglo, ni en su bando
Me acogerán los Píndaros; que el búho  15
Mal con los cisnes brillará cantando.

   Ingenuo en lo que valgo me valúo,
Y no soy como Clori la italiana,
Que exige pesos mil por cada dúo.

    No, hinchando mi pellejo cual la rana  20
Que reventó de orgullo, hasta las nubes
Alzar pretendo yo la frente vana.

   Tú, que al Olimpo sin escala subes,
Allá pulsa mi lira, Fabio mío,
Y dancen en tu torno los querubes.  25

   De ti, de tu sublime desvarío,
Y del humano género demente,
Y de mí, de mí propio yo me río.

   ¿Y por qué no reír? ¿Soy yo intendente?
¿Soy padre provincial? ¿Soy covachuelo?  30
¿Quién me obliga a fruncir la adusta frente?

   Quien no espera una toga, ni un capelo,
Ni cruzarse del santo Hermenegildo,
Siquiera de reír tenga el consuelo.

   Respeto a quien me manda, y no le tildo;  35
Sus timbres, su decoro, su importancia
Por mí no ha de perder ningún cabildo;

   A nadie ofendo yo. Pues, pesia Francia,
¿Por qué no he de reír, si a la chacota
Me provoca doquier la extravagancia?  40

   Mas no te admires, no, si alguna gota
Mezclo de amarga tuera con la risa
Que me respinga ya naturalota.
—60→

   ¿Oís? Ya, maldiciendo al que le pisa,
Petardos vende el ciego por la plaza,  45
Y petardos el dengue de Melisa.

   Ya la pueril caterva se solaza
Prendiendo al elegante remilgado
Sobre el rico sedan hedionda maza.

   ¡Oh Carnaval risueño y anhelado!  50
Haciendo gala ya del sambenito,
El pueblo te saluda alborozado.

   ¡Ya, abusando del público apetito,
Esta es la mía!, dice el pastelero,
Y el hojaldre encarece y el cabrito.  55

   Ya la manola con procaz salero
Cantando al son de ronca pandereta
Alborotado tiene el barrio entero.

   Ya al avaro, ignorante de la treta,
Cabe el umbral de alegre barbería  60
Escarmienta clavada la peseta.

   Ya, cuando el manto de la noche fría
Al mundo vela, en lúbrica algazara
Madrid aguarda el presuroso día.

   ¡Filósofos! Mirad. ¿Quién lo pensara!  65
Rubias, cetrinas, espantosas, bellas...
Ya no hay mujer contenta con su cara.

   ¡Filósofos! Reíd. Veinte doncellas,
Modelos de beldad, Fileno esquiva,
Y de vieja salaz sigue las huellas;  70

   Vieja salaz, que un soplo la derriba,
Y aun en el pecho siente, a par del asma,
De ridículo amor la llama activa.

   ¡Huye a rezar, escuálida fantasma!
¡Huye, y sumida en olvidado lecho  75
Ponte la consabida cataplasma!

   ¿Veis aquel que tan vano y satisfecho
Arrastra en el salón purpúreo manto?
Pues no tiene ni viña ni barbecho.
—61→

   ¿Veis aquel otro que se engríe tanto  80
Porque ostenta una toga? Ayer me dijo:
¡Qué morazo sería aquel Lepanto!

   Necio y sabio, la corte y el cortijo...;
Todo se amasa aquí. Cada viviente
Es una farsa andando, un acertijo.  85

   Ya el guirigay resuena impertinente.
¿Y cómo no reír cuando a un becerro
Oigo charlar en tiple aunque reviente?

   ¿Y cómo no reír cuando por yerro
Se ciñe diplomática venera  90
Quien debiera llevar rudo cencerro?

   Ved. En vano Damón busca a Glicera,
Y en tanto un licencioso mancebillo
De su mórbido talle se apodera.

   ¿Y quién se guarda del osado pillo?  95
¿Y quién le acusa, quién, si cada bulto
Puede apenas pisar medio ladrillo?

   ¡Qué bulla! ¡Qué sudar! Acá un singulto;
Allí se escucha un ¡ay, que me sofoco!
Allá de un pisotón nace un insulto;  100

   Otro acullá da vueltas como loco;
Otro, creyendo oír plática tierna,
Oye tal vez rabaneril descoco;

   Más allá con las náyades alterna
En muelle danza un sátiro nefando  105
Que cinco lustro s mueve en cada pierna.

   No allí de puro amor el eco blando;
Que el metro de Reaumur sube con furia.
¿Dónde es ido el rubor? Es contrabando.

   Ya al oído más casto no es injuria  110
Torpe solicitud. Ya su veneno
No reboza galante la lujuria.

   ¡Oh cuadro escandaloso! Mal enfreno
Mi horror al contemplarte y mi quebranto;
Que cristiano soy yo, no sarraceno.  115
—62→

   No llega, oh Momo, mi locura a tanto
Que a carcajadas sin pudor me ría
Cuando debo anegarme en triste llanto.

   Ya opresa de dolor el alma mía...
Mas ¡llorar un satírico poeta!...  120
¡Y en Carnaval!... No, no. ¿Qué se diría?

   «¿Eres tú, me dirán, anacoreta?
¿Tendrás más juicio tú, que nos reprendes,
Si el dominó te cubre y la careta?

   »¿Acaso el mundo reformar pretendes?  125
¿No ha de otorgarse al pueblo algún recreo?
¡También contra las máscaras la emprendes!»

   Basta, no me creáis; que me chanceo.
Torno a reír, y el dominó me pongo,
Y en bacanal festín me regodeo.  130

   ¿Yo llorar? Solitaria como el hongo.
Llore la fea que el cartón desata,
Al componerse incauta su zorongo.

   El necio llore que gastó su plata,
Y acudiendo a la cita de una Elena,  135
Topa una bruja legañosa y chata.

   Llore aquel que su capa, mala o buena,
Pierde en la confusión; y más si en tanto
Goloso Micifuz traga su cena.

   Llore a lágrima viva don Crisanto,  140
Que buscando un amor pesca una fiebre,
Y su viaje apresura al camposanto.

   Llore y alfalfa coma en un pesebre
Aquel que por bailar una galopa
Deja que otro galán cace su liebre.  145

   Llore el que gasta miles en su ropa,
Y un clavo se la rasga, o vierte en ella
Beodo bailarín la henchida copa.

   Llore y maldiga su menguada estrella
El que se ve de un fatuo perseguido,  150
Que le soba, y le tunde, y le atropella.
—63→

   Llore y se ahorque el mísero marido
Que de la mano lleva a su consorte
Donde la espera incógnito el querido.

   Llore y escarnio sea de la Corte  155
El que en la fe descansa de su novia
A quien de micos sitia una cohorte.

   «Que se divierta. Es fiel. Si uno la agobia...»
¡Bien! Serás venturoso en tu himeneo
Como yo soy obispo de Segovia.  160

   ¿Qué mucho, si en tan cínico bureo
Tal vez sucumbe Porcia, y Artemisa
Afrenta a su llorado Mausoleo?

   Amor en Carnaval anda de prisa.
¿Veis? Por allá desfila una pareja.  165
¿Dónde van? ¿Qué sé yo?... No irán a misa.

   Allá sueña placeres una vieja,
Y a su hija entre tanto un mozalbete
Placeres no soñados aconseja.

   «¡Clara!... Lléveme usted al gabinete.  170
Allí estaba bailando la mazurca...
No la veo. ¡Ay Jesús! ¿Dónde se mete?

   »¡Clarita! Y yo que estoy hecha una urca,
¿Cómo pasar?... ¡Dios mío, qué empellones!...
Quien sepa el paradero de una turca...»  175

   «¡Eh! ¡Que deshace usted los rigodones!»
«¡Clara!...» ¡Sí, buenas noches! Ya está Clara
Donde no la hallarás ni con hurones.

   Llore el que paga triple en cada vara
La tela que en egipcio le convierte  180
A un mercader ladrón, que no es Guevara.

   Llore el menguado cuya dura suerte
A escuchar le conduce un desengaño,
Y le dicen después que se divierta.

   Mas ¿qué digo llorar? Aun en su daño  185
Todo prójimo ria y se alboroce;
Que no hay dos Carnavales en el año.
—64→

   Y en buen hora Semíramis retoce,
Y con Dido Temístocles meriende,
Y baile Jezabel con Carlos Doce.  190

Y aquí y allá Cupido como duende
Gire triunfante, sin cuidarse un punto
De si Holanda sucumbe o se defiende;

   Que también de la guerra es un trasunto
Danza de Carnaval, por más que en ella  195
Pocas damas imiten a Sagunto.

   Y si teme la púdica doncella
Que audaz alguna diestra la analice,
No al baile tentador lleve su huella.

   Y con tu prenda en tálamo felice  200
Duerme y ronca, oh marido, si la danza
Funesta cefalalgia te predice.

   Haya broma, haya júbilo, haya holganza.
Alégrese Madrid: puto el postrero;
Que ya el terrible Miércoles avanza.  205

   Jóvenes, vaya todo al retortero.
Descolgad las cortinas de damasco,
O víctimas seréis de algún prendero.

   «¿Dónde está mi broquel? ¿Dónde mi casco?»
Se lo llevó Fabián el meritorio.  210
«¿Y qué me pongo yo? ¡Vaya, que es chasco!»

   «Venga usted a ayudarme, don Liborio;
Que no sé yo ponerme los gregüescos.
Acuda usted... ¡Jesús, qué purgatorio!»

   «¿Y usted no tiene traje? ¡Estamos frescos!  215
Vamos, póngase usted esa chamberga,
Que un día espanto fue de los tudescos.

   «Tú en esa funda de colchón te alberga;
Tú ponte el casacón de la otra noche,
Y tú el refajo y el jubón de jerga.»  220

   «¿Estamos todos?» «¡Ay! Me falta un broche. -
¡Mi careta! -¡Mi liga! -¡Oh pierna...! -Vaya,
No mire usted, don Blas. -¡El coche! ¡El coche!»
—65→

   ¡Oh bien haya mil veces, oh bien haya,
Farsante Carnaval, tu amable caos  225
Que previene al placer tan ancha playa!

   Niñas, de la estación aprovechaos.
¡Buen ánimo, donceles!, ¡arma!, ¡guerra!;
Que gran cosecha habrá de Menelaos.

   Si llora algún Heráclito y se emperra,  230
Ya veréis como a sátiras le hundo
Y le diré: no hay santos en mi tierra.

   Ayer cierto doctor, hombre profundo,
Con tétrico semblante me decía:
«Perpetuo Carnaval es este mundo.  235

   »Tal vez a la infernal hipocresía
De la piedad cobija el sacro velo,
Y en la humildad se esconde la osadía.

   »Máscara de amistad viste Juanelo,
Que hoy te acaricia, y forjará mañana  240
Contra tu honor anónimo libelo.

   »Tal vez entre la turba cortesana
Fidelidad parece la lisonja,
Y celo ardiente la calumnia insana.

   »Aquel que siente escrúpulos de monja  245
Si por la puerta pasa del teatro,
Es de los hijos pródigos esponja.

   »Don Luis, que dice a Laura: te idolatro,
Es máscara también; que su falsía
Anda a caza de tres y engaña a cuatro.  250

   »Y mujeres sin fin te nombraría
Que, con ungüentos que inventó una bruja,
Estrenan una cara cada día.

   »Juan, que andaba no ha mucho a la granuja,
De noble patriotismo se disfraza,  255
Y es del erario público sanguja.

   »Máscara lleva aquel que de su raza
La nobleza desmiente, y en su mano
No sentaría mal una almohaza.
—66→

   »Y máscara también el publicano  260
Que con plumas de cándida paloma
Garras esconde de rapaz milano.

   »Y es máscara falaz el suave aroma
Que compra a Petibón aquel mancebo,
Ciudadano asqueroso de Sodoma.  265

   »Y aquel... Mas callo ya; que me conmuevo,
Y me ciega el furor, y en esta era
A predicar verdades no me atrevo.»

   Dijo el doctor, y echó por la otra acera;
Y me guardó las vueltas; y con maña  270
En un burdel entró. ¿Quién lo creyera!...
Muchos doctores hay de esta calaña.




ArribaAbajo- V -


La hipocresía


ArribaAbajo   Mal conocía al hombre el ignorante
Que dijo, no sé a quién, dónde ni cuándo:
El espejo del alma es el semblante.

   ¡Pluguiera a Dios, y el crimen execrando,
Cuanto más solapado más temible,  5
De la virtud no hiciera contrabando!

   Su sed de sangre, su índole irascible
Muestra el león en su rapante garra
Y de su boca en el abismo horrible;

   Y ruge de furor si triple barra  10
Tornar le niega al arenal ardiente;
Y muerde la cadena que le amarra.

   No esconde el jabalí su corvo diente;
Ni el águila caudal remeda astuta
El arrullo de tórtola inocente;  15

   Ni llorando a sus víctimas se enluta
Hiena voraz; ni el lobo y el cervato
Reposaron jamás en una gruta.
—67→

   No hay ser irracional, excepto el gato
Que del hombre aprendió la hipocresía,  20
Que en sus obras desmienta su retrato.

    Mas del género humano la falsía
Tal es, que aun la virtud más acendrada
Se avergüenza al brillar la luz del día.

   Yerta galantería almibarada  25
Ordena a don Simón besar la mano
Que quisiera, a fe mía, ver cortada.

   ¡Oh cuánto y cuánto ofrecimiento vano
Contraria al corazón dicta la boca,
No digan: ¡qué grosero es don fulano!  30

   ¡Oh cómo al cielo don Froilán invoca
Jurando a Cloris amistad eterna,
Y dice en el café que es una loca!

   ¡Oh cómo Lucio de su Laura tierna
Celebra el lindo pie!... ¡Guarda, cuitada!  35
Si el pie le das, avanzará a la pierna.

   Cuentan que en otra edad afortunada,
Edad que algún enfermo visionario
Improvisó roncando en la almohada,

   Ninguno te ultrajaba temerario,  40
Sacrosanta verdad, aunque a tu apoyo
El ante mí faltase de un notario.

   ¡Oh siglo de Saturno! En algún hoyo
Para siempre te hundieron. Ya no brota
De leche ni de miel ningún arroyo.  45

   Sólo de ti nos queda la bellota;
Y yo sé quién comerla debería
Mejor que pan de Meco o de Grijota.

   ¡Eh! Sueños son de ilusa fantasía.
Fiel la historia esas fábulas desmiente  50
Que forjó la entusiasta poesía.

   No te hubieran hollado impunemente,
Mísera humanidad, tantos tiranos
Del Norte al Sur, del Este al Occidente,
—68→

   Si incensando al poder con ambas manos  55
Encomiado no hubieran sus excesos
Viles y aduladores cortesanos.

   Ni aun después de hechos polvo nuestros huesos
La raza acabará de los Sinones
Y de los Judas los traidores besos.  60

   Este el lote será de las naciones
Si algún milagro celestial no arranca
Del corazón humano las pasiones.

   Unos nadando en oro; otros sin blanca...
¿Y embusteros no habrá, cuando este oficio  65
Se aprende sin cursar en Salamanca?

   ¿Quién ya de la virtud distingue al Vicio,
Si almas sumidas en su lodo inmundo
Cubre tal vez el áspero cilicio?

   ¿Quién restituye la verdad al mundo,  70
Si el que mejor del prójimo se mofa
Filósofo se llama el más profundo?

   ¿Si aquel poeta que en sublime estrofa
Nos encomia la cándida inocencia
No daría por ella una alcachofa?  75

   ¿Qué más? El noble título de ciencia
Se arroga ya en el orbe la impostura,
Y sin cargo se ejerce de conciencia.

   Su alianza el ruso al otomano jura,
Y más codicia el bósforo de Tracia,  80
Que la amistad de un turco mal segura.

    La falacia en un quidam es falacia.
¿La comete un ministro? ¿Hay protocolo?
Entonces se apellida diplomacia.

   El bien de su país le mueve sólo,  85
Y si al sármata engaña y al tudesco
Del dolo se defiende con el dolo.

   ¿Y a quién ofende en pabellón chinesco
El amistoso fraude cortesano
Precedido de opíparo refresco?  90
—69→

    Quizá ese fraude del bifronte Jano
Cierra el templo feroz, y el que lo signa
Es buen padre tal vez, buen ciudadano;

   Como el soldado de índole benigna
Fulmina ardiente bala matadora  95
Obediente a la bárbara consigna.

   Mas del orbe despótica señora,
Ello es que triunfa la mentira impune
Y con soberbios timbres se decora.

   La mentira es el lazo que nos une,  100
Gracias al padre Adán. ¿Dónde hay un santo,
Dónde que sin mentir se desayune?

   Miente la viuda con el negro manto;
Miente en su boca el funeral sollozo;
Miente en sus ojos el acerbo llanto.  105

   Proponedla, si no, gallardo mozo
Que consuele su tálamo desierto,
Y veréis su pesar trocado en gozo.

   Miente ya el mercader menos experto;
Miente el sello también con que atestigua  110
Que el tanto de arancel pagó en el puerto.

   Miente casto rubor la cara ambigua
Del dómine que vive amancebado,
Y si oye decir porra se santigua.

   Un pliego y otro de papel sellado  115
Con fehaciente rúbrica embadurna
Quien nunca tuvo fe ni lo ha soñado.

   Y yo pondría a Elisa en una urna,
Cual ángel de virtud, si no supiera
Que es ave de reclamo, aunque nocturna.  120

   ¡Cuánta calva con riza cabellera!
¡Cuánta canosa greña reteñida!
¿Qué cabeza en Madrid no es embustera?

   Finge cadera y pecho la escurrida,
Finge el color de sus mejillas rojo  125
La pálida coqueta presumida;
—70→

   Y en la cara de Lucas miente un ojo;
Que de cristal de roca es el izquierdo;
¡A tanto, oh vanidad, llega tu arrojo!

   ¡Oh! Si algún día los estribos pierdo,  130
No dirás, infernal Hipocresía,
Que te ladro cual gozque y no te muerdo.

    Y ¡qué! ¿No fuera mengua y cobardía
A tus veniales culpas solamente
Lanzar el dardo de la saña mía?  135

   ¡Qué! Denuncio a la risa de la gente
El falso dengue, el polisson maldito,
El muerto rizo y el intruso diente;

   ¿Y no alzaré contra mayor delito,
De Juvenal la férula empuñando,  140
Hasta los cielos el airado grito?

   ¡Oh patria, patria mísera! ¿Hasta cuándo
Te insultarán hipócritas infames
Tu sacro y dulce nombre profanando?

   ¿Cuándo querrá Satán que no declames  145
Contra tanta perfidia al vago viento
Y lágrimas perdidas no derrames?

   ¿Cuándo será que un sátrapa avariento,
Con el público bien siempre en la boca,
Fije sólo en el suyo el pensamiento?  150

   ¡Numen de libertad! ¿Por qué te invoca
En insidiosa y pérfida proclama
Quien tus aras sacrílego derroca?

   ¿Por qué abrasado en tu divina llama
Se finge sin rubor el mal patricio  155
Que la anarquía y el desorden ama?

   ¿Hasta cuándo sufrir el artificio
Del que hoy pide congreso, instituciones...
Y victoreaba ayer al Santo Oficio?

   ¡Tolerancia! ¡Igualdad!... ¡Y a sus pasiones  160
Suelta la brida el que a tirano yugo
Quiere forzar las libres opiniones!
—71→

   Honra tu nombre, pues al cielo plugo
La cadena romper que te oprimía,
Y no seas ni esclavo ni verdugo.  165

   Si de la patria el bien sólo te guía,
¿Por qué tu brazo envilecer blandiendo
Las armas de la odiosa tiranía?

   Mas reprimir no es fácil al que, ardiendo
En patrio amor, tras luenga servidumbre  170
Ve derribado al despotismo horrendo.

   Así tras de aparente mansedumbre
Traga la puente el Rin, la vega inunda
Y del monte amenaza a la alta cumbre.

   Así el toro escapado a la coyunda,  175
Tal vez arremetiendo al que le uncía
Clava en su hermano el asta furibunda.

   ¡Oh! ¡Luzca presto el suspirado día,
Término justo al ansia generosa
Del que en la santa ley su gloria fía!  180

   ¡Oh cuánto tarda en resonar briosa
La voz inmune del prohombre libre,
Rota ya la mordaza vergonzosa!4

   ¿Cuándo, cuándo será que Astrea vibre
Inflexible su espada, y Manzanares  185
Pueda las glorias renovar del Tibre?

   ¿Cuándo será que en respetados lares
Se goce el antes mudo ciudadano
Entonando patrióticos cantares?

   ¡Ah! No abriguemos la esperanza en vano  190
De unir al esplendor de la diadema
La libertad del pueblo castellano.

   Y la discordia en su agonía extrema
Bramando lleve al fondo del abismo
De la ibera región el anatema.  195
—72→

   Y con la pura voz del patriotismo
No más en nuestros valles se confunda
El alarido atroz del fanatismo.

    Sí, de bienes sin número fecunda
Ya resplandece la anhelada aurora  200
Después de noche tétrica y profunda.

   Y la misma facción que ciega adora
Al ministro falaz que la fascina
Le arrancará la máscara traidora;

   Ya no osará de inspiración divina  205
Embriagado fingirse, el druida torvo
Que cual vándalo roba y asesina;

   Más espantoso que el asiano morbo,
No ya en vez del pacífico incensario
Blandirá de Mahoma el hierro corvo.  210

   Ni convertido se verá el santuario
En bélico arsenal, ni en su recinto
Se albergará seguro el incendiario;

   Ni un brazo, ¡justo cielo! en sangre tinto
Bendecirá a la turba que enajena  215
De estúpido furor el ciego instinto.

   En vano un alma de maldades llena
Esconderán dobladas las rodillas
Y los ojos clavados en la arena.

   Tú, que feroces hordas acaudillas,  220
No eres quizá quien el sagrado nombre
Del Supremo Hacedor más amancillas.

   Muestras al menos el valor de un hombre,
Y el mismo arrojo que tu ruina labra
Quizá algún día al universo asombre.  225

   Maldito el que la mística palabra
Tuerce mañoso a rebelión injusta
Que a su oculta ambición las puertas abra;

   El que osa calumniar con frente adusta
Del Redentor del mundo la incruenta,  230
Dulce, fraterna religión augusta;
—73→

   El que a la faz del público aparenta
Paz, mansedumbre; y sigiloso trama
La ruina del país que le sustenta;

   Aquel que horrible tósigo derrama  235
Sobre el incauto pueblo penitente
Que celestial oráculo le llama.

   ¡Oh! No le creas, no: su lengua miente;
Que es el eco del Tártaro sombrío,
No intérprete de un Dios justo y clemente.  240

   Libres por dicha del contagio impío
Ministros hay en el cristiano templo
Que condenan tan ciego desvarío.

   Postrado, absorto su virtud contemplo,
Si detesto al indigno sacerdote  245
Que de un Opas traidor sigue el ejemplo.

   ¡Ah! Sólo un iroqués, un hotentote
Pudiera... Mas mi mano se fatiga
De tanto sacudir el crudo azote.

   Basta. Aunque más la punce y la maldiga,  250
El vértigo censorio de mi vena
¿Podrá del mundo desterrar la intriga?

   La torpe Hipocresía que envenena
La humana sociedad ¿se irá al abismo
Sólo porque un poeta la condena?  255

   ¿Ahuyentaré del mundo el embolismo
Que es para tunos mil una cucaña?
No, no presumo tanto de mí mismo.

   ¡Alerta! diré sólo; que en España
De día es flor la que de noche ortiga:  260
Y entre el grano se esconde la cizaña,
Y el que más te acaricia más te engaña.