Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

  —79→  
Pedro del Castillo

Que así se llamaba el de este apellido que Ercilla señala como uno de los combatientes de Millarapue, sin que haya motivo para confundirle con otro263. Era natural de Villalba del Rey en la Rioja264 y había nacido en 1520265. Pasó a las Indias en 1537266. Constan sus servicios en el Perú de la siguiente Real provisión, que le fue despachada en Lima en 9 de junio de 1553.

«Por cuanto somos informados que el capitán Pedro del Castillo nos ha servido en los nuestros reinos del Pirú en cosas que se han ofrecido tocantes a nuestro Real servicio, ansí en la pacificación de algunos naturales dellos, como e n la rebelión de Gonzalo Pizarro, e que, por no se juntar con él ni sus capitanes, anduvo más tiempo de un año ausente por despoblado, y fue a la ciudad de Arequipa, questaba por el dicho Gonzalo Pizarro, donde, con otros servidores y vasallos nuestros, se alzó bandera con nuestra voz y redujo a nuestro Real servicio, e que en ello se señaló como uno de los principales; e con acuerdo de la dicha ciudad fue en busca del capitán Diego Centeno para que hiciese juntar gente contra él y halló que había dos días que era entrado en el Cuzco por fuerza de armas, el cual le envió a la provincia del Collao a recoger gente y armas e a dar aviso a todos cómo la dicha ciudad estaba por Nos; e que se halló con él en la batalla que en Guarina le dio el dicho Gonzalo Pizarro; de donde, después de desbaratado, como supo la llegada del Licenciado Gasca, nuestro presidente de la Real Audiencia que en los dichos nuestros reinos reside, fue en su busca e se metió debajo del Estandarte Real, en cuyo acompañamiento sirvió hasta que en el valle de Xaquijaguana el dicho Gonzalo Pizarro fue preso e desbaratado y los que con él estaban y fecho justicia dél e reducidos los dichos reinos a nuestro Real servicio; y que particularmente nos sirvió en la muerte de don Sebastián de Castilla e don García Tello y Egas de Guzmán, que en la dicha villa de Plata con los que con ellos se juntaron mataron al general Pedro de Hinojosa, nuestro corregidor e justicia mayor della, e a su teniente Alonso de Castro, y en Potosí a Herrando de Alvarado, contador de nuestra Real Hacienda; siendo uno de los que con Vasco Godínez trató de los matar y reducir aquella provincia a nuestro Real servicio y uno de los principales que le entraron a matar y mataron, e que anduvo, en nuestra Real voz, entre la gente diciendo, porque se asosegasen e no alterasen: "muerto es el tirano"; e que por la confianza de su persona, el Cabildo de la dicha villa le eligió por capitán de infantería para el castigo de los demás culpados e del dicho Egas de Guzmán, que estaba apoderado en Potosí, y salió en su busca con la gente de su compañía, hasta que se supo como había sido preso y fecho justicia dél; sirviendo en todo hasta tanto que la dicha provincia quedó en nuestro Real servicio   —80→   y toda paz, como nuestro bueno y leal vasallo, con sus arenas y caballos, a su costa y minción,...»267



En reconocimiento de esos servicios se le concedió el repartimiento de Macha, en los Charcas, que había sido del general Pedro de Hinojosa, y cuya renta era considerable268. A pesar de la situación holgada en que por tal causa se hallaba, fue uno de los que se enrolaron para venir a Chile con Hurtado de Mendoza, quien, conocedor de sus méritos, le nombró por capitán de una de las compañías que debían hacer el viaje a Chile por tierra269. Ya en este país, se halló al lado de su jefe sirviéndole de alférez o abanderado de su propia escolta y peleando junto con él en los encuentros que se tuvo con los indios270; fue nombrado lugar-teniente de la Villarrica, cargo que desempeñó durante los años de 1558 y 1559, y después del pueblo de Los Infantes, que reedificó, trayendo de paz a los indios de sus vecindades, y, por fin, por título que le despachó en Santiago, en 20 de noviembre de 1560, llamándole en él «caballero y buen cristiano», le designó para que fuese al descubrimiento de las regiones del otro lado de los Andes, provisión que fue pregonada en esta ciudad el 11 de diciembre. Partió, en efecto, al mando de unos sesenta soldados, y en 2 de marzo del año siguiente fundaba, frente a Santiago, la ciudad que llamó y hasta hoy se llama de Mendoza, en homenaje al apellido de su jefe. En su conducta para con los indios y sus compañeros se acreditó de hombre tranquilo, manso y justiciero; pero cuando hacía sólo unos cuantos meses a que estaba allí, Hurtado de Mendoza fue reemplazado en el gobierno de Chile por Francisco de Villagra, y Castillo se vio subrogado por Pedro de Mesa271, que había sido enviado para su cederle en el entretanto que llegaba allí el capitán Juan Jufré, que debía servir el cargo en propiedad272.

  —81→  

Volviose, pues, Castillo a Chile, y no habiéndole sido confirmado el cargo que tenía, siguió viaje a Lima. Consta qué allí se hallaba a mediados de diciembre de 1562273.

Firma




Alonso de Córdoba

Sin contar los que en Chile llevaron el de Córdoba como segundo apellido, verbigracia, Andrés Hernández de Córdoba, que Ercilla, según veremos, designa sólo con el segundo, pero a quien no puede convenir el que se hallase presente en el fuerte de Penco y en las batallas de Biobío y Millarapue, o también Pedro Fernández de Córdoba, es el caso de preguntarse si el poeta ha querido referirse a este último o a Alonso de Córdoba. El estudio de la vida de ambos nos llevará a la conclusión de que tanto pueden atañer aquellos hechos a éste como a aquél. Tendremos, pues, que historiar a los dos, ya que de los antecedentes que Ercilla nos suministra no se puede deducir que se apliquen a uno con exclusión del otro. Cierto es que al decir el poeta únicamente Córdoba pudiéramos ver que quiso aludir al que llevaba sólo este apellido; mas, puesto que en otra ocasión se refirió ya a un Hernández de Córdoba, no nos será lícito prescindir de ninguno de ellos. Apurando las cosas, aun podría dudarse de si se trata, acaso, de Sebastián de Córdoba, otro soldado de la conquista que militaba en Chile desde que Pedro de Valdivia regresó del Perú y que figuró también en tiempos de Hurtado de Mendoza, si bien esta probabilidad es ya más remota por lo que consta de sus hechos y nos excusa, por lo mismo, de biografiarle274.

Alonso de Córdoba fue hijo de Alonso de Córdoba y de Sancha Gómez, y había nacido en Valdepeñas hacia los años de 1508275. Llegó al Perú en los días en que los   —82→   . indios tenían cercada a Lima (septiembre de 1535)276 y después de servir en ello breves días, marchó al Cuzco, a las órdenes de Alonso de Alvarado, que iba a socorrer aquella ciudad, que estaba también sitiada por los naturales, campaña en la que gastó un año, yendo a las entradas que por ese entonces se hicieron y especialmente contra el inca Manco, sirviendo siempre a su costa, con sus armas y caballos. Sabedor, después de eso, que Pedro de Valdivia emprendía la conquista de Chile y era ya entrado en el despoblado de Atacama, en compañía de otros quince soldados fue a reunírsele en el valle de Copiapó (principios de septiembre de 1540), habiendo sido ése el último refuerzo con que aquel célebre capitán aumentó la escasísima hueste con que se proponía realizar el sometimiento de este país a la Corona Real277. Hallose en la fundación de Santiago, en el ataque al pucará en que se habían hecho fuertes los indios, donde salió herido278, y en la expedición al sur que el Gobernador hizo (1546) hasta los términos de Arauco con sesenta hombres, en la cual cierta noche salvó la vida a uno de sus compañeros y fue causa de que los enemigos no hiciesen mayores daños en el campo español279. Pero servicio harto más importante fue el que prestó a la naciente colonia cuando, con motivo de la ausencia que Pedro de Valdivia hizo al Perú, denunció a su teniente Villagra en Santiago el motín que preparaba Pedro Sancho de Hoz para adueñarse del gobierno, el 8 de diciembre de 1547280. Al año siguiente salió electo regidor del Cabildo de Santiago281. Poseedor de una encomienda de indias que Valdivia le había dado, en fines del año de 1549 resolvió hacer viaje a España en busca de su familia. Con ese propósito y a fin de obtener en la Corte alguna recompensa por sus servicios, levantó en Santiago una información   —83→   para acreditarlos. Partió de aquí en compañía de Alonso de Aguilera, enviado especial del gobernador Valdivia y apoderado del Cabildo, y llegó a Madrid a fines del año siguiente282. Solicitó Córdoba, una vez allí, que se le concediese el oficio de fiel ejecutor de Santiago; un privilegio de armas; un regimiento en alguna ciudad de Chile para su hijo Alonso de Córdoba, que «era de edad y hombre en quien concurrían las calidades que para ello se requieren»; licencia para llevaren compañía suya y de su mujer; veinte personas deudos suyos, un clérigo de misa, dos negros y otras tantas negras para servicio de su persona, mujer e hijos; y, finalmente, exención de derechos de almojarifazgo de las cosas que condujese para su proveimiento, hasta por valor de dos mil pesos en oro. Concediósele, en efecto, esto último, autorizándole para traer a Chile mercaderías hasta de valor de cuatro mil pesos y algunos esclavos, y se le dio un escudo de armas283.

Acompañado de su familia, Córdoba partió para Chile. En Lima supo la muerte de Pedro de Valdivia284, y estuvo de regreso en Santiago a fines de 1555285. Cuando se tuvo noticia en Santiago de que Hurtado de Mendoza había sido elegido gobernador de Chile, Córdoba, que era entonces procurador de la ciudad286, recibió de Francisco de Villagra, de quien era grande amigo287, el encargo de irlo a saludar de su parte a la Serena, donde se esperaba desembarcaría, y de prestarle obediencia a nombre suyo y del Cabildo, y allí le estuvo esperando hasta su llegada el 23 de abril de 1557288.

  —84→  

De regreso en Santiago, salió de aquí con la demás gente que iba a reunirse en Penco con las fuerzas de Hurtado de Mendoza, peleó a su lado en las batallas de Biobío y Millarapue, y asistió a la fundación de Cañete y a la reedificación de Concepción hecha por el capitán Jerónimo de Villegas el 6 de enero de 1558289. Desde allí se regresó a Santiago, de cuyo Cabildo había sido elegido regidor, para tomar posesión de su cargo el 11 de febrero290. En el año siguiente y en el de 1562 desempeñó las funciones de alcalde, y, con excepción de una ausencia que hubo de hacer a   —85→  

Concepción en socorro de Francisco de Villagra, después que los indios mataron al hijo de éste en Catiray el 16 de enero de 1563291, no abandonó más su vecindad de Santiago. Por ese tiempo hubo de sostener un pleito con Diego de Velasco sobre la propiedad de cierta encomienda de indios292. Volvió a ser regidor en 1568, 1572, 1578 y 1580, y alcalde en 1581. Fue uno de los primeros vecinos de Santiago que tuvo tienda en Valparaíso (1574). Enfermo ya, testó en 11 de abril de 1589293.




Luis Coronado

Sin más indicaciones que la de Coronado nombra Ercilla a uno de los combatientes en Millarapue y luego en la prosecución de la derrota de los indios que allí sufrieron entre los tres soldados que le acompañaron en la entrada a la espesura del bosque en que se habían acogido los vencidos, en aquel lance en que el poeta se vio llamado por su nombre por Juan Remón. Y henos aquí en presencia de la dificultad de averiguar cual fuera ese soldado a quien Ercilla, -claro está,- hubo de recordar siempre. Pues bien: con ese apellido sólo se sabe que hubo un Andrés Coronado, muerto ya en 1576294, y de cuyos hechos no hay recordación alguna; y Luis Coronado, de quien se sabe que pasó a Chile con Hurtado de Mendoza295 (1557) y que en 1558 y fines de 1562 se hallaba en Osorno296.



  —86→  
Alonso de Coronas

A pesar de que, como acabamos de verlo, figuró en Chile un soldado cuyo apellido conviene con la cita de Ercilla, que se llamó Luis Coronado, hay antecedentes para creer que esa su referencia toca a Alonso de Coronas297, hecho que, por más que parezca anómalo, dada la diferencia de nombres, no carece de precedentes entre los de los soldados españoles mencionados en La Araucana y en los cuales es posible determinar con toda seguridad que ha mediado error, o, mejor dicho, alteración en su nombre al recordarlos. Nos referimos especialmente al caso de Nereda, que ya insinuamos antes y de que en su propio lugar hablaremos con los detalles y comprobantes que justifiquen nuestro aserto. Sea como quiera, no debemos excusarnos de consignar los datos biográficos que tenemos de Alonso de Coronas.

Coronas fue uno de los conquistadores de más edad que pasaron a Chile, pues habría nacido en 1506298. Vino con Pedro de Valdivia cuando éste regresó del Perú en abril de 1549299. Quizás por ser ya experimentado en la milicia, fue nombrado por aquel gobernador caudillo de la casa fuerte de Arauco en 1551, y en ella estaba todavía con ese carácter cuando allí llegaron Martín de Ariza, que acababa de ser desbaratado en la casa fuerte de Tucapel, y Juan Gómez, que había sido despachado desde la Imperial en su socorro. Con una modestia y un desprendimiento que le honran, Coronas renunció el mando en manos de Gómez, cuya fama militar era de todos reconocida. Cuando éste salió de allí con los trece soldados que iban a la cita que les había dado Valdivia, Coronas se quedó en el fuerte, adonde al día siguiente al amanecer vio llegar a sólo seis de aquellos sus compañeros. Abandonaron entonces sin demora la casa y se hallaban ya distantes tres leguas de ella, cuando les alcanzó un yanacona que les llevaba la noticia de que Juan Gómez, que se creía había perecido, se hallaba vivo. Volvió entonces Coronas con otros cinco soldados que le quisieron acompañar en aquel difícil trance; encuentran que los indios ya habían quemado la casa y que estaban «muchos sobre ella deshaciéndola», y como no hallaron a Gómez, se regresaban a proseguir nuevamente su retirada a la Imperial, cuando a la media legua que habían andado, yendo Coronas delantero, relinchó su caballo, «e el dicho Juan Gómez que lo oyó adonde estaba escondido, salió a pie, desnudo e descalzo, con la espada en la mano, e ansí se juntaron todos e lo sacaron de allí...»300.

Poco menos de un año permanecieron Coronas y algunos de sus compañeros sitiados en la Imperial, hasta que fueron socorridos por Francisco de Villagra. Se hallaba en Santiago al tiempo que Hurtado de Mendoza llegó a la Serena, y desde allí salió con la gente que por tierra fue a reunírsele en Penco. Hizo en su acompañamiento la campaña de pacificación, sin duda hasta la fundación de Cañete (enero de 1558). En octubre del año siguiente hallábase en la casa fuerte de Arauco. Era   —87→   entonces vecino de Villarrica, y por lo menos desde 1556. Consta que era vivo en septiembre de 1560301.




Alonso Cortés

El Cortés de que aquí se trata es el soldado cuyas hazañas y muerte canta Ercilla cuando describe la batalla de los Catorce de la Fama. Debió de ser poco conocido, pues los dos cronistas contemporáneos suyos que le citan, equivocan su nombre, llamándole uno302 Juan, y el otro303, Pedro. Todo lo que de él sabemos es que, al decir de Góngora Marmolejo, era «valiente soldado y de grandes fuerzas». En cambio, poseemos detalles completísimos a cerca del fin que tuvo.

No es del caso referir en este lugar aquel célebre combate. Cuando ya éste se había convertido en franca derrota para los españoles, en su retirada, al llegar a un paso estrecho que les franqueaba la entrada al valle de Elicura, fueles forzoso dividirse en dos grupos a los ocho sobrevivientes que habían hasta ese momento escapado de las manos de los indios. El menos numeroso, en que formaban Juan Gómez, Gregorio de Castañeda y Cortés, se aventuró por aquel paso, que creyeron hallar desembarazado de enemigos. No era así, sin embargo, y aquí es el caso de oír lo que sucedió allí, según lo refirieron después los mismos Gómez y Castañeda. Decía el primero: «... que viniendo el dicho Juan Gómez en lo más fuerte e más poblado de la tierra, y en el riñón de todos los indios, pasando un paso junto al valle de Ilicura, que los indios tenían tomado e cerrado, creyendo que no lo estaba, entró el dicho Juan Gómez e Gregorio de Castañeda e Alonso Cortés, y estando dentro, dan en los susodichos los indios, que tenían el paso tomado, de manera quel dicho Alonso Cortés quedó allí muerto...»304

Castañeda, a su vez, nos dice: «que después de haber salido de toda la gente de guerra e pasos que les habían tomado adelante, en distancia de legua y media, llegaron este testigo y el dicho Juan Gómez e Alonso Cortés al paso de Ilicura, el cual paso estaba tomado de gente de guerra, e en una espesura muy mala, y entrando en   —88→   él dieron los indios en el dicho Juan Gómez y en este testigo e Alonso Cortés, que no pareció, por ser de noche e muy oscura...»305

No se avienen, pues, estos relatos con el que Ercilla hace acerca del momento en que tuvo lugar la muerte de Cortés306.




Leonardo Cortés

Ercilla nos habla de un Cortés que peleó en Biobío y en Millarapue, dato poco preciso, que tan bien puede aplicarse a Leonardo Cortés o a Pedro Cortés de Monroy, en cuya duda nos vemos obligados a tratar de ambos307.

Leonardo Cortés había nacido en España en 1524308 y era hijo del Licenciado Cortés, que fue del Consejo Real y del Supremo de la Inquisición309.

He aquí una autobiografía suya: «Muy poderoso señor: -El capitán Leonardo Cortés, primer descubridor, conquistador y poblador de las provincias de Chile, digo: que habrá tiempo de cuarenta años que pasé a los reinos del Pirú con el visorrey Blasco Núñez Vela, y en su compañía me hallé en servicio de Vuestra Alteza cuando le prendieron al tiempo de la rebelión y alzamiento de Gonzalo Pizarro; y llegado el Presidente Gasca, me junté con él y hallé en el discurso de la jornada que hizo buscando al tirano, con mis armas y caballo, haciendo lo que se me encargaba, hasta tanto quel dicho tirano en batalla fue desbaratado, preso y muerto; y estando aquella tierra quieta y pacífica, por orden del gobernador don Pedro de Valdivia, ayudé a hacer en ella cantidad de ochenta hombres, con los cuales, llevando por capitán a Esteban de Sosa y siendo yo alférez de la dicha compañía, fui a las provincias de Chile, pasando muchos trabajos y necesidades en el camino a causa de ser muy largo y despoblado, sin agua, comida, leña ni yerba, y de tanta frialdad, que perecía mucha gente; y llegado a la dicha provincia de Chile, que estaba en extrema necesidad, porque, de dos pueblos solos que había poblados de españoles, los indios de los valles de Copayapo y el Guasco y Limarí y Coquimbo mataron todos los españoles questaban en la ciudad de la Serena y la quemaron y arruinaron; al castigo de lo cual fui con el capitán Francisco de Villagra y me hallé en la conquista y pacificación   —89→   de los dichos naturales, y en la población y reedificación de la dicha ciudad; y hecho esto, volví a la de Santiago, donde estaba el dicho Gobernador, en compañía del cual me hallé en el descubrimiento y conquista de las provincias de Arauco y Tucapel y en la batalla que los indios de guerra le dieron una noche en el río de Andalién, que fue muy reñida y peligrosa, donde, con el favor divino y buen esfuerzo de los españoles, los indios fueron desbaratados; y en la población de la ciudad de la Concepción y conquista de los naturales de sus términos, y en ayudará hacer, con mis propias manos un fuerte que allí se hizo, y en otra batalla que desde a pocos días se tuvo con más de cuarenta mil indios de guerra; y en el descubrimiento y conquista de los indios de la ciudad de Engol y ciudad de Cañete, y en la población de las ciudades Imperial, Valdivia y Villarrica, y en la conquista, pacificación y descubrimiento de los naturales de sus términos; y en el allanamiento de los indios de la ciudad de Osorno, hasta tanto que todos ellos vinieron a la Real obediencia, los cuales, por haber muerto en este estado de Arauco al gobernador Valdivia y más de sesenta hombres que iban con él y la mitad de la gente con que Francisco de Villagra los iba a castigar, que eran ciento y ochenta hombres, se volvieron a alzar y rebelar generalmente; y por haber en aquel tiempo, en términos de la ciudad Imperial, más de doscientos mil indios y serlos españoles tan pocos que no llegaban a doscientos, se padecieron muchos trabajos y riesgos de la vida, así en tiempo que los dichos naturales tuvieron cercada la dicha ciudad, como antes y después en muchas batallas y recuentros y rompimientos de fuertes y escaramuzas que muy de ordinario se tuvieron con los dichos indios, de cuya causa y por no querer sembrar de industria, porque todos pereciésemos de hambre, hubo tanta calamidad y miseria, que se comían unos indios a otros y las madres a los hijos, y algunas cortaban de sus propias carnes y las comían, y ansí no quedaron, ni hay el día de hoy, diez mil indios; y los españoles, por consiguiente, llegaron a tanto extremo, que se tiene a milagro haberse podido sustentar aquella ciudad por la continua y mucha guerra que en ella ha habido lo más del tiempo después que se pobló, la cual ha sido y es una de las principales y más importantes fronteras de aquel reino, en la dial siempre sustenté mi casa muy principal y honrosamente, dando de comer y hospedando en ella muchos, caballeros, y soldados que andaban sirviendo a V. A. en aquella conquista e sustentación del reino; y después que le fue a gobernar don García de Mendoza me hallé con él en las batallas que los indios de guerra le dieron junto al río de Biobío y lebo de Millarapue, y en ayudar a poblar la ciudad de Cañete, y en la pacificación de los indios de Arauco y Tucapel, y en ayudar a hacer por mis propias manos el fuerte que allí se hizo, sustentando y haciendo plato a muchos soldados que andaban en aquella conquista, gastando en la provisión de ganados y otros bastimentos para esto necesario, muchos pesos de oro; y después desto, en tiempo que Francisco de Villagra tuvo a su cargo el gobierno de aquel reino, me hallé con el en la conquista y pacificación de los indios que a la sazón estaban rebelados; y siendo corregidor y capitán de la ciudad de Valdivia por nombramiento del gobernador. Pedro de Villagra, entendiendo que la ciudad Imperial estaba necesitada de gente y en mucho riesgo, por haber muerto los indios de sus términos al capitán Juan de Vera y otros españoles que andaban con él entendiendo en la pacificación de los rebelados, envié socorro de gente y municiones, con que se reparó aquel trabajo y necesidad; y después en compañía del gobernador doctor Bravo de Saravia anduve haciendo la guerra a los indios rebelados de la provincia de Purén y sus comarcas; y entendido por el dicho Gobernador el celo que de servir a S. M. tenía y la calidad de mi persona, me nombró por capitán y justicia mayor de la ciudad Rica, la cual tuve   —90→   y sustenté en mucha paz y quietud, sin dar lugar a que los indios recibiesen ningún daño ni se rebelasen, como lo hicieron después que dejé el dicho cargo; y teniendo el gobierno de aquella tierra Rodrigo de Quiroga me nombró por capitán y corregidor de la dicha ciudad Imperial, y desde a pocos días sé alzaron generalmente los indios de cuatro ciudades comarcanas, y en este alzamiento los indios de la dicha ciudad Imperial eran las principales cabezas, y mediante mi industria y buen gobierno en acudir con presteza a las fuerzas de importancia y otras prevenciones que hice, no se osaron declarar ni rebelar los indios de aquel distrito; aunque lo hicieron los de las demás ciudades, y mataron españoles; y entendiendo que la ciudad Rica estaba con necesidad, la socorrí con municiones y gente; y últimamente por don Francisco de Toledo, vuestro visorrey del Perú, me fue dado título de capitán para que viniese desde el puerto de la ciudad de los Reyes hasta Tierra-firme, con un navío que venía cargado de moneda de S. M., el cual traje con mucho cuidado y vigilancia; en lo cual y otros oficios y cargos que he tenido y usado, así de tesorero y contador de vuestra Real Hacienda, en que me he ocupado mucho tiempo, he servido a V. A. muy bien y principalmente, con lustre de caballero hijodalgo, trayendo siempre en la guerra muy buenas armas y caballos y criados, sustentando mi persona y casa muy honrosamente, sin haber jamás deservido en cosa alguna, ni habérseme dado salario por el uso de los dichos oficios, ni socorro ni entretenimiento de la Real Hacienda, gastando de mi patrimonio más de cincuenta mil pesos, de cuya causa estoy pobre y adeudado, y con muchos hijos, y sin ningún remedio...»310.

Poco, a no ser la indicación de algunas fechas, tenemos que añadir a esta exposición de Cortés. Su llegada a Chile tuvo lugar en octubre de 1548. Sin duda, por las influencias de su padre, luego de establecido en este país, obtuvo una real cédula dirigida a Pedro de Valdivia, en la que se ordenaba le tuviese por «muy encorvendado» y le ayudase y favoreciese conforme a la calidad de su persona311. Radicado en la Imperial como uno de sus fundadores, consta que ya desde 1551 tenía allí el cargo de regidor perpétuo312; fue alcalde ordinario en 1555; corregidor de Valdivia en 1563, de Villarrica en 1567 y de la Imperial en 1576. Deseoso de pasar a España, rindió en esa última ciudad una información de sus servicios en noviembre del año inmediato siguiente, y consta que se hallaba en Lima en el de 1579 como procurador del Ejército de Chile cerca de la Corte, habiendo obtenido allí del virrey don Francisco de Toledo una recomendación a fin de que se le gratificasen sus servicios. Llegado a España, se presentó al Consejo de Indias, en febrero de 1580, en solicitud de que se le nombrase castellano y alcaide de la fortaleza del Cuzco y se le diese la vara de alguacil de dicha ciudad y cuatro mil pesos de renta en algunos repartimientos de indios en el Perú, habiendo sido el Fiscal de opinión que se le concedieran hasta enterarle dos mil en Chile313. Hallándose en Madrid, celebró contrato con Bernardo Larao, «curiel de Roma», para que, mediante cierta suma, le obtuviese allí la bula de San Juan de Letrán en favor de la Catedral de la Imperial, ciertas mercedes especiales para el hospital de la misma ciudad y un breve para que su hijo Leonardo se pudiese ordenar de misa antes de enterar la edad requerida por los cánones314.

  —91→  

Al regresar de la Península con la gente de socorro que traía, falleció en el camino.

Fue casado con doña María de León y Rueda, en quien tuvo por hijos, además de Leonardo, a doña Beatriz Cortés de Rueda, mujer del capitán don Pedro de Escobar Ibacache; a doña Inés Cortés de Rueda, casada con don Luis Ponce de León, y a doña María Cortés y Zapata, en primeras nupcias casada con el capitán Juan Lozano de Plasencia, y en segundas con el capitán Juan Álvarez de Luna, celebrado por poetas y cronistas315.



  —92→  
Pedro Cortés de Monroy

Nació en la villa de Zarza en Estremadura, en 1531316, y fue hijo de Juan de Regas o Corregas (en cuya compañía y la de su hermano Alonso Fernández Regas pasó al Perú), y de María Cortés, oriunda de Medellín.

Bosquejar siquiera la vida de Pedro Cortés, llamado que fue el «Aquiles chileno», sería compendiar día por día la guerra de Chile durante cerca de medio siglo y hacer la historia de más de cien batallas, cosa que no cabe dentro de la norma a que ajustamos la presente Ilustración, mucho menos después que ha sido estudiada en forma prolija y concienzuda317. Baste con que recordemos que después de la mención que de su persona se halla en La Araucana, cronistas y poetas la han celebrado, entre estos últimos, Fernando Álvarez de Toledo, que en los cantos XXII y XXIV de su Purén indómito cantaba así su actuación en la batalla de Yumbel, cuando, ya en su ancianidad, mostraba aún el valor, de su brazo:



El valeroso anciano cuyo nombre
en Chile para siempre será eterno,
salió para que el bárbaro se asombre,
acompañado sólo de su yerno:
Pedro Cortés del uno es el renombre;
el otro, cuyo esfuerzo sempiterno
eterna dejará también su fama,
Francisco Hernández más Ortiz se llama...

El anciano Cortés, sin cortesía
a los soberbios bárbaros ofende
con tal vigor, que adonde el brazo guía,
todo lo corta, rompe, rasga, hiende;
aunque su mucha edad la sangre enfría,
la cólera fogosa se la enciende
en tanto extremo, que es extrema y dura,
al fin como quien es de Estremadura.



Y ya que no cabe aquí una extensa relación de su vida y hazañas militares, resultará por lo menos oportuno e interesante que leamos la noticia autobiográfica que se contiene en un memorial suyo presentado al Consejo de Indias, datado en Concepción en 22 de enero de 1574, con ocasión de enviar entonces una información de sus servicios:

«Yo soy un hidalgo extremeño. Entré con el gobernador García de Mendoza en la conquista y pacificación de este reino de Chile, que ha diez y siete años, poco más o menos, y he asistido de ordinario en la dicha guerra en compañía del dicho gobernador don García y del gobernador Francisco de Villagra, y del gobernador Rodrigo de Quiroga, y asimismo todo el tiempo que gobernó esta Real Audiencia, y con el gobierno del doctor Bravo de Saravia, y siempre haciendo lo que debo a quien soy y al servicio de mi rey y señor natural, sin haber sido en todo este tiempo gratificado de mis muchos servicios, habiendo gastado muchos pesos de oro, y a esta causa estoy muy pobre y adeudado...»



  —93→  

Y después de bosquejar así, en términos tan sencillos como modestos y abreviados, esa su carrera militar, que había empezado cuando aún era un niño, séanos lícito traer a cuenta otro documento, cuya parte expositiva está basada también en las aseveraciones de Cortés, y que nos permitirá, a la vez que ver como la prosiguió durante otros tres lustros, el premio que, al menos como testimonio de la voluntad del monarca, para favorecerle, le otorgaba, y el comenzar a poner de manifiesto que a él toca la afirmación del poeta de haber figurado en los dos hechos de armas en que segura haberse hallado presente un soldado de ese apellido.

«El Rey.- D. Alonso de Sotomayor, caballero de la Orden de Santiago, mi gobernador y capitán general de las provincias de Chile, y en vuestra ausencia, a la persona o personas a cuyo cargo fuere el gobierno de esa tierra.- Por parte de Pedro Cortés me ha sido hecha relación que ha más de veinte y cinco años que me sirve en esa tierra en las ocasiones que se han ofrecido, con su persona, armas, caballos y criados y a su costal, y especialmente, fue uno de los que entraron en esa tierra con don García de Mendoza cuando se desbarató al mariscal Villagrán y de los que con el dicho don García entraron en el valle de Arauco y Tucapel y se halló en la batalla que, se les dio a los naturales de ella; y me sirvió, asimismo, en otros rencuentros y corredurías que se ofrecieron en el discurso de la guerra, con grande riesgo y peligro de su vida; y después se halló en la edificación del fuerte de Tucapel, donde se pasó gran trabajo por los continuos asaltos de los enemigos; y después se halló con el capitán Villegas en reedificar la ciudad de la Concepción y en defenderla de los indios; y en la guazábara que se tuvo con los indios de la isla Santa María, donde se señaló aventajadamente, y en otras cosas; como todo constaba por ciertos recaudos que se presentaron en el mi Consejo de las Indias, suplicándome, atento a ello y a que no estaba gratificado y padecía necesidad, le hiciese merced de tres mil pesos de renta: y habiéndose visto por los del dicho mi Consejo, juntamente con los dichos recaudos que de luso se hace minción, fue acordado que debía mandar dar esta mi cédula; por las cual os mando que sobre los indios que el dicho Pedro Cortés tiene encomendados en esas provincias, le encomendéis en los repartimientos que en ellas estuvieren vacos o que vacaren, a cumplimiento de dos mil pesos de renta en cada un año, para que los tenga y goce de ellos conforme a la ley de la subcesión. Fecha en Madrid, a diez y nueve de diciembre de mil y quinientos y ochenta y tres años.- YO EL REY.- Refrendada de Antonio de Eraso, y señalada de los del Consejo».



Después de veinte años más de campaña siempre activa, en 1603 hizo viaje a Lima, enviado por el gobernador Alonso de Ribera para presentar allí y en la Corte una información del estado del reino, y si hemos de atenernos a lo que resulta de una real cédula que luego hemos de dar a conocer, hubo en efecto de seguir desde allí hasta Madrid, en 1605. De regreso se hallaba en Concepción el 12 de febrero del año siguiente, trayendo a su cargo un refuerzo de 306 soldados, y meses más tarde (1607) pedía al gobernador Alonso García Ramón que se sirviese darle licencia para retirarse de la guerra, «porque se hallaba muy viejo y cansado, después de cincuenta años que servía a Su Majestad en aquella conquista con voluntad y obras, y que en pago de sus servicios le dejase ir a curar de las muchas heridas y enfermedades que de andar siempre en campaña y peleando con el enemigo tenía; y el Gobernador se la dio con mucha voluntad, y bajó a su casa con nombre y fama de los mayores capitanes, el más venturoso, el más triunfante y victorioso que ha tenido este reino, pues siempre salió vencedor de cuantas batallas tuvo, que si se juntaran en un cuerpo,   —94→   -observaba ya en su tiempo el P. Rosales, cuyas palabras venimos copiando,- pudieran ser ilustre crónica de su grande valor y panegírico de sus hechos».

«Era Cortés, -continúa aquel historiador,- de setenta y cinco años cuando dejó la guerra, de buena estatura, aunque no corpulento; hombre de pocas razones, pero sustanciales, de gran consejo en las cosas de guerra y de prudentes resoluciones. Fue muy sufrido en el trabajo y templado en el mandar, cosa dificultosa en quien gobierna, y nunca se vio en él codicia ni que buscase aprovechamiento en la guerra, sino puramente el servicio del Rey y el bien de la tierra. Era muy afable con los soldados, compasivo y liberal, partiendo con ellos cómo con hijos cuanto tenía, y a ese paso, amado de todos y temido de los enemigos, y en las victorias y grandeza de ánimo otro Cortés en Chile igual al de México»318.



Poco había de durarle tan merecido descanso. En la necesidad de impulsar sus pretensiones para que se le gratificasen sus servicios, hubo de trasladarse a Lima, y de allí volvió acompañando al nuevo gobernador don Juan Jaraquemada con el título de maestre de campo general del ejército, por nombramiento que le extendió el Virrey en 29 de marzo de 1612. Todavía en el año siguiente, considerado su prestigio militar, su larga experiencia de la guerra araucana y la respetabilidad de sus canas, no trepidó en ponerse en marcha para la Corte, enviado como representante del reino para solicitar allí el remedio de la triste situación a que el país se veía reducido; acompañado de su hijo Juan, siguió la ruta de Buenos Aires; embarcose para Pernambuco; trasbordose allí a otro barco que debía dejarle en Lisboa, y cuando ya se hallaba a no más de treinta leguas de esa ciudad, la nave fue atacada por un galeón holandés; peleó con su valor acostumbrado, sacó quince heridas y logró salvar en el naufragio la vida y tres de los cuatro mil ducados que llevaba para sus gastos de permanencia y gestiones que debía hacer en España; dejole el holandés en el Algarve; allí el delegado de la Casa de la Contratación le despojó de su caudal, a pretexto de haber infligido las ordenanzas que prohibían hacer el viaje por el Río de la Plata, y, por fin, el 24 de octubre de ese año 1613 podía escribir desde Lagos al Rey dándole cuenta de su jornada. Propuso al Consejo de Indias el plan que había ideado para lograr la pacificación de Chile, que se desestimó por demasiado costoso. Su situación personal se había hecho harto precaria por entonces. Hablando de su permanencia en España, decía en un memorial que presentó en Madrid al Consejo de Indias en 1616, que «posponiendo todos los inconvenientes y daños que se le siguen de la ausencia tan larga de su casa, en edad que había menester la quietud y descanso della, ha estado en esta Corte tres años a la pretensión del socorro de Chile, como al presente lo está, esperando con las mayores necesidades que hombre de su calidad y servicios en España ha padecido, por no habérsele pagado el sueldo de ochenta ducados al mes». Por fin, después de cerca de cuatro años de gestiones, logró que se concediesen mil hombres para traer a Chile, para cuyo embarque se trasladó de Madrid a Sevilla, pero con la mala estrella que parecía cebarse en sus acciones, ese socorro se destinó al cabo para Filipinas...

Para sí obtuvo una real provisión que le concedía cuatro mil ducados de renta por dos vidas, y el corregimiento de Arica, de que no alcanzó a tomar posesión por haber muerto a su regreso en Panamá, en 1617319. fue casado con Elena de Tobar

  —95→   hija de uno de los conquistadores llamado Pedro de Cisternas, y en ella tuvo larga descendencia320.

Firma



  —96→  
Martín de Elvira

Natural de Olvera, en Cádiz321, vino a Chile con Hurtado de Mendoza y permaneció en el país muy poco tiempo, pues formó parte de la columna con que Pedro del Castillo atravesó los Andes y fundó a Mendoza en marzo de 1561322. Radicado como vecino encomendero en San Juan de la Frontera, consta que hizo un viaje a Santiago en 1564323, y vivía afín allí en 1590324. Fue casado con Micaela de la Serna, hija del conquistador Pedro de Cisternas.

Ercilla tuvo ocasión de celebrarle con motivo del lance que le ocurrió en la defensa del fuerte de Penco, que no es, como pudiera pensarse, obra de lea fantasía del poeta, ya que uno de los cronistas contemporáneos de aquel suceso lo refiere en tales términos, que sería de dudar si tomó la noticia de La Araucana, si no fuera porque sabemos que no pudo conocer las estrofas de la Segunda Parte del poema. Aludimos   —97→   a Góngora Marmolejo, cuyas son las palabras que siguen: «Los indios llegaron a la trinchera sin temor alguno, jugando de sus flechas: los soldados dispararon en ellos gran tempestad de arcabuzazos, de que mataron muchos. No por esto desmayaron, antes, saltando la trinchea, llegaron a pelear a pie con los que dentro estaban. Allí se vio un indio, valiente hombre, dejar su pica de las manos y asir a un soldado llamado Martín de Elvira... de la pica que en sus manos tenía, y tirando de ella con brava fuerza, se la sacó y llegó»325.

Firma




Sancho de Escalona

De este soldado nada sabemos, y aún su nombre lo ignoráramos si no fuera que lo recuerda Mariño de Lobera326 entre los Catorce de la Fama que perecieron en el combate del 26 de diciembre de 1553.




Alonso de Escobar Villarroel

Sin otra indicación que la de su primer apellido Escobar aparece en La Araucana un soldado que se hizo notar en la batalla de Biobío, y can tan diminuta referencia se ofrece naturalmente la duda de a cual de los soldados así apellidados que vivían por aquellos días en Chile puede aplicarse la afirmación del poeta.

Sea el primero Rodrigo de Escobar, vecino que fue de Astorga y que obtuvo licencia para pasar a Chile en julio de 1554; partió, en efecto, en compañía de Jerónimo de Alderete, y, así, ha debido Ercilla conocerle. Consta que estaba avecindado en Valdivia en 1565327, pero nada sabemos de su actuación militar.

Más de algo es posible rastrear de la de Andrés de Escobar Amaya, que había nacido en Ciudad Rodrigo hacia los años de 1516, pasado al Perú en compañía del virrey Blasco Núñez Vela (1544), y que después de servir en aquel país por espacio de siete años, habiéndole tocado hallarse en la batalla de Xaquixaguana, se vino a   —98→   Chile, donde Pedro de Valdivia le dio una encomienda de indios. En 1554 era procurador de la ciudad Imperial, de cuyo cabildo fue más tarde regidor (1567); en 1571 corregidor de Villarrica, tres años después en Valdivia, por nombramiento de Pedro de Villagra; en el siguiente, de Santiago, y nuevamente, poco más tarde, por designación de Rodrigo de Quiroga. Consta también que en un viaje que hizo a Lima, el virrey don Francisco de Toledo le nombró por capitán de uno de los tres navíos que se despacharon desde el Callao con el tesoro Real para Panamá. En cédula de 1580 se le reconoce que había servido hasta entonces al Rey durante 39 años328.

Empero, cualesquiera que fuesen sus servicios, no es posible acreditar si entre ellos debe contarse su presencia en la batalla de Biobío, pues ni él levantó información de méritos, ni en las de otros soldados fue interrogado sobre tal hecho, antecedente significativo por sí sólo de que casi seguramente no tomó parte en aquella acción de guerra.

No así de Alonso de Escobar Villarroel, de quien debemos, por tal causa, tratar algo más por extenso.

Había nacido en el Puerto de Santa María329, de una familia oriunda de Sahagún330, hacia los años de 1508331, y fue hijo de Cristóbal Martín de Escobar y de Catalina Martín332, habiendo pasado a Indias con su padre en 1530333 y en seguida al Perú, para ser allí uno de los pobladores de Guamanga; en compañía de Pedro Pizarro se halló en la conquista y pacificación del Inga, «donde fue desbaratado y preso su hermano Cachirimachi»334, en el sitio del Cuzco por los indios y en el allanamiento de la provincia de Charcas, habiendo sido uno de los ocho que en circunstancias difíciles se arrojó a nado para atravesar el Desaguadero; fue con Hernando Pizarro a Cotabamba, con Diego de Rojas al descubrimiento de las minas de Porco, y a los chiriguanas con Pedro de Candia, de donde salieron a Tarija desbaratados335. Se hallaba en el Cuzco cuando partió de allí Diego de Almagro para su jornada de Chile y le vio   —99→   también llegar a su regreso; asimismo prejonar allí las provisiones de Pedro de Valdivia como gobernador de Chile y asistir a su partida en enero de 1540336, y en aquella ciudad permanecía aún cuando llegaron (septiembre de 1543) Alonso de Monroy y Pedro de Miranda, enviados por aquel gobernador en busca de refuerzos. Su padre Cristóbal de Escobar, sabedor de que Vaca de Castro no quería o no podía auxiluir a los emisarios del conquistador de Chile, les hizo un préstamo de 14. 500 pesos de oro, con los cuales se levantaron setenta hombres de a caballo, se compraron arcabuces, cotas y otros pertrechos de guerra, y con la dicha gente y un oficial de hacer pólvora emprendieron todos la marcha a Chile por el despoblado de Atacama337, logrando llegar a Santiago el 20 de diciembre de 1543.

Partió luego con el Gobernador a una correría a los promaucaes, saliendo herido de un flechazo en la garganta en un encuentro que con ellos se tuvo en Taguatagua; contribuyó más tarde con un hombre para que fuese a la repoblación de la Serena en febrero de 1549338, y radicado definitivamente en Santiago, obtuvo de Valdivia una encomienda de indios, que le fue quitada después, según aseveraba339; nombrole también tenedor de bienes de difuntos en 1548, y fue sucesivamente regidor del Cabildo de esta ciudad en el año siguiente y en los de 1551, 1554, 1556, 1557, reelecciones que prueban el prestigio de que gozaba entre sus conciudadanos, que le llevaron después en varias ocasiones al mismo cargo y al de alcalde ordinario en 1552 y 1555.

Regidor era cuando Francisco de Villagra trató de que le recibiesen por gobernador después de la muerte de Pedro de Valdivia, y en ese carácter acompañó a Valparaíso a los letrados que debían dar su parecer sobre el caso a bordo de un navío surto en aquel puerto340; y una vez recibido Villagra por tal gobernador, Escobar fue uno de los que le prestaron dineros para aviar los soldados que levantaba para llevar socorros a las ciudades del sur341. Cuando poco después se trató de ir a combatir a Lautaro, Escobar partió entre los treinta hombres que se despacharon desde Santiago para reforzar la columna de Pedro de Villagra y que se quedaron a las órdenes de Juan Godínez en las vecindades del sitio en que estaba acampado el caudillo indígena, para regresarse a la ciudad después de haber tenido una refriega con parte de los indios342.

Llegado don García, Escobar fue a reunírsele en Penco con la gente que salió de Santiago, y peleó a su lado en las batallas de Biobío y Millarapue; como alférez de Rodrigo de Quiroga cuando fue mandado por don García a correr la tierra desde Cañete en Paicaví y Ongolmo, en cuya ocasión se portó brillantemente atacando el primero un grueso escuadrón de indios con sólo doce españoles, «como gallarda hombre de a caballo de entrambas sillas , y así los rompió valientemente»343; se halló   —100→   presente a la reedificación de Concepción y a la fundación de Cañete, y en seguida se volvió a su vecindad de Santiago344.

Aquí se hallaba cuando el domingo 9 de agosto de 1562, conversando, en la plaza pública, entre otras personas, el arcediano maestro Francisco de Paredes, visitador y vicario general de estas provincias, y el dominico fray Gil González de San Nicolás, contó éste que, según le habían dicho, Escobar repetía con frecuencia que cuando él predicaba «la letra del Evangelio, le oía bien, y en entrando en lo moral del Evangelio, se tapaba los oídos, e otras palabras equivalentes a éstas». De ahí, un auto del Visitador en el que, después de sentar que lo dicho por Escobar era «palabra escandalosa y mal sonante contra nuestra religión cristiana y una de las opiniones de Martín Luero y sus secuaces», «para remediarlo con justicia y castigar semejante herejía», se mandaba procesar a Escobar, dándole desde luego su casa por cárcel: proceso tan rápidamente tramitado, que ya el 29 del mismo mes se dictaba sentencia, amonestando a Escobar a que en lo de adelante se abstuviese de decir semejantes palabras y condenándole a que pagase las costas de la causa, no sin que el Fiscal pidiese también que Escobar se trasladase a Lima llevando en persona los autos para que fuesen vistos en segunda instancia345, sin que sea posible afirmar si en efecto Escobar hizo o no aquel viaje, y el hecho es que en 1567 se le halla en Santiago346.

En ese año salió electo de nuevo como alcalde, habiendo recibido del Cabildo el encargo de que fuese a Valparaíso a dar la bienvenida a nombre suyo a los oidores que venían a fundar la Audiencia347. Cuando llegó por gobernador del reino el doctor Bravo de Saravia partió en su compañía, (24 de septiembre de 1568) seguido de dos de sus hijos, en dirección al teatro de la guerra, tocándole hallarse con ellos en el asalto al fuerte indígena de Lebocatal348. Es de creer que no mucho después se regresase a su vecindad. En 1572 fue otra vez regidor, y en 1574 tuvo, además de ese cargo, el de diputado de la corporación para los negocios del hospital349. Debe de haber fallecido peco después del 12 de febrero de ese año, porque, a contar de tal fecha, ya no figura entre los asistentes a las sesiones del Cabildo350.

Fue casado con Beatriz Valcázar, de quien tuvo numerosa, y distinguida descendeñcia351.

Firma

Rúbrica sola de Escobar

Firma

La misma, con su nombre de letra del escribano

Firma



  —101→  
Los Espinosas

Hay tres soldados de este apellido Espinosa a quienes puede referirse la cita que Ercilla hace de uno que se halló en la defensa del fuerte de Penco: Juan de Espinosa, Pablo de Espinosa y Juan de Espinosa y Rueda.

Había este último servido en México, de donde pasó al Perú en el séquito del virrey don Antonio de Mendoza, en 1551. Militó allí durante la rebelión de Francisco Hernández Girón y acompañó en seguida a Hurtado de Mendoza a Chile. Avecindado como encomendero en Osorno, -lo que es ya un indicio de que alcanzó hasta Chiloé,- fue regidor del cabildo de aquella ciudad en 1560 y oficial Real en 1563. Fue casado con María Caracol, en quien tuvo cuatro hijos, entre ellos, el clérigo Juan Marmolejo de Espinosa y Francisco de Espinosa Caracol, canónigo que fue de las catedrales de Concepción y de Santiago352.

El otro Espinosa del mismo nombre a que aludimos había nacido hacia los años de 1529353 y consta que pasó también con Hurtado de Mendoza a Chile; sirvió durante   —102→   algún tiempo en las campañas del sur contra los indios; formó parte de una de las expediciones enviadas por aquel Gobernador al otro lado de los Andes, radicándose en los Diaguitas, pero regresó a Chile en 1562 y permaneció aquí por lo menos hasta uno de los últimos meses de 1565, después de cuya fechase le halla en Lima. A su regreso de aquella ciudad debió de continuar su residencia por dos o tres años en Chile, y el hecho es que en 1589 era vecino de San Miguel del Tucumán354.

Finalmente, el tercer Espinosa y a quien con más seguridad pudiera referirse el elogio del poeta es, quizás, don Pablo de Espinosa, como le llama Pedro de Oña355, o Pablo Arévalo de Espinosa, al decir de quien le conoció de cerca356. Sábese también que era oriundo de Martín Muñoz de las Posadas, hijo de Pedro de Espinosa y de Teresa Alonso357, y sobrino de uno que fue presidente del Consejo Real de Castilla358; y, por lo demás, sólo que pasó al Perú con la gente que traía Jerónimo de Alderete, -debiendo, por esta causa, haber sido conocido de Ercilla desde entonces,- y que vivía en Chile en 1567359.

Y, todavía, habremos de mencionar a Martín de Espinosa y Santander, oriundo de Medina de Ríoseco, hijo del comendador Diego de Espinosa Velasco de los Monteros y de doña Catalina Santander, nacido en 1532, que se embarcó en España junto con Alderete, recomendado especialmente por el Rey360. No hay noticias respecto a su figuración militar; a no ser la referencia de Oña a su presencia en la defensa del fuerte de Penco361; lo era vecino encomendero en Valdivia en 1580, y fue casado con doña María de Montesclaros362.