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Fernando Alonso

Estudios: Críticas y comentarios

«Existe en nuestro país una magnífica cantera de escritores que han centrado su actividad creadora en el marco apasionante de la literatura infantil. Este es el caso de Fernando Alonso, que en este libro ofrece un ejemplo incuestionable de una sabiduría narradora, puesta al servicio de una escritura dedicada al lector joven».

(En diario Informaciones, Madrid, 29 marzo 1973).

«Presentar a Fernando Alonso como escritor de libros infantiles no es un hecho original. Dentro de nuestro país, Alonso es una de las figuras más prestigiosas en el campo de la literatura para niños, formando parte de esa nueva corriente de jóvenes escritores que piensan que el libro que ha de llegar a los niños ha de tener por encima de todo calidad literaria, dando con ello el mismo tratamiento a un lector adulto que a un niño por pocos años que tenga».

(Rosana Torres, en El País, 2 de marzo 1980).

«Fernando Alonso es uno de los escritores que más disfrutamos los que hacemos Peonza, aunque su camino para el reconocimiento como autor de literatura ha tardado en llegar desde que en 1971 se editara su primer libro Feral y las cigüeñas. Fernando es un escritor cuidadoso del lenguaje y con una imaginación trabajada, como si escribir fuera construir castillos de arena, y cuyo producto final, repasado y revisado múltiples veces, son libros de calidad».

(Peonza, núm. 12, marzo 1990).

«Fernando Alonso es uno de los mejores prosistas de la literatura para niños».

(Felicidad Orquín, El País, 1 de marzo 1981).

«Fernando Alonso, con El hombrecito vestido de gris, avanzaba un nuevo realismo que incorporaba la fantasía y que se inscribía en la corriente del realismo mágico: cuentos que interesan por igual a niños y adultos en torno a la libertad, la tiranía o la realización personal, escritos en una prosa de cadencias poéticas, muy elaborada».

(Felicidad Orquín, Cuadernos de Pedagogía, septiembre 1984).

«Integrada su literatura dentro de las corrientes vanguardistas europeas, el autor ofrece un estilo cuidado, una pluma ingeniosa y una temática que refleja la realidad de nuestros tiempos».

(Rosana Torres, El País, 22 marzo 1981).

«Fernando Alonso ha sabido construir, peldaño a peldaño, una obra larga y sólida en la que la realidad queda siempre superada por una imaginación que todo lo armoniza».

(Centro Internacional del Libro Infantil y juvenil. Salamanca, 22 mayo 1985).

«Fernando Alonso, autor de numerosas obras de literatura infantil y juvenil y considerado como el prototipo del realismo utópico, construye sus libros llenos de símbolos tratando de asuntos cotidianos que determinan el comportamiento de las personas. Sus temas más habituales son el amor a la naturaleza, la libertad, la solidaridad, la falta de comunicación y la soledad».

(La voz del libro. Marzo, 1986).

«Fernando Alonso, escritor de libros muy bellos por su originalidad y fecunda imaginación, se ha llevado este año el premio nacional más codiciado, el Lazarillo, que cumple en 1978, sus 20 años de existencia».

(Aurora Díaz-Plaja, en revista J20, noviembre, 1978).

«El relato de Fernando Alonso es bello e interesante, pero posiblemente lo mejor es el cuidado que el autor tiene del lenguaje. Esto, en un libro para niños es de agradecer, debe hacerse constar. El niño, el chico, necesita que le den obras bien escritas, cuidadas, con un lenguaje rico que le haga mejorar su propia expresión. Y Fernando Alonso lo consigue».

(Montserrat Sarto, diario YA, 10 de agosto, 1981).

«Los contadores de cuentos no abundan entre los escritores actuales y son pocos los que saben acercar la preciada magia de las historias maravillosas a los niños y niñas de hoy en día. Uno de los elegidos es Fernando Alonso».

(Javier Flor, Peonza, núm. 33, junio 1995).

«El faro del viento, de Fernando Alonso, es un conjunto de cuentos cortos, a cuál más sabroso, no sólo por la prosa poética de la forma sino por su fondo intencionado, denunciador y rebelde...

...cuentos tan delicadamente escritos por uno de nuestros mejores autores, Fernando Alonso».

(Aurora Díaz-Plaja, Revista El Ciervo, agosto-septiembre 1982).

«Con un estilo sencillo -sus construcciones sintácticas son claras y concisas- y una mente verdaderamente lúcida ha sido capaz de ir dando unos trazos firmes que lo han convertido en uno de nuestros más ingeniosos autores. Fernando hace literatura abierta -sus libros tienen múltiples lecturas- llena de simbolismos que se repiten constantemente en sus libros -pensemos en el color gris, en el carácter circular de sus historias, en la utilización viva de los objetos- dando un tono poético y de denuncia a todos sus escritos. Hace, además, un uso de la fantasía realmente vivificador».

(Antonio García Teijeiro, en Faro de Vigo, 6 enero, 1987).

«Hace ya años, leí un libro que me llevó a un mundo de hombres pequeños que eran grandes, de pajaritas que querían amar, de barcos que buscaban la libertad, de espantapájaros que deseaban bailar, de guardianes que no tenían que guardar... Este libro era tu Hombrecito vestido de gris; desde entonces has seguido ofreciendo tu palabra, y tu palabra anda caminos que buscan la alegría, la solidaridad y la libertad. Por eso, Fernando, gracias».

(Papeles de Literatura Infantil, núm. 9, La Coruña, febrero 1989).

«Fernando Alonso, uno de los autores más prestigiosos de la nueva narrativa para niños, transmite en sus obras algo que todos hemos deseado alguna vez, romper la absurda monotonía de nuestras vidas, para hallar la ilusión y los deseos que cada cual ha albergado desde pequeño. El hombrecito vestido de gris, El barco en la botella, o El misterioso influjo de la barquillera son títulos que reflejan este sentimiento».

(José Contreras. Diario de Jerez, 4 noviembre, 1986).

«Fernando Alonso combina en las dosis adecuadas fantasía, humor y juego, para proyectar sobre su escritura sobre los problemas del hombre y la sociedad actual: la opresión del poder, la soledad del hombre, la frustración. Y todo ello a través de una escritura rítmica y concisa, sencilla y bella a un tiempo».

(Equipo Peonza, Un libro para leer muchos más, 1992).

«Si leer cualquier libro de Fernando Alonso es una experiencia mágica y enriquecedora, hablar con él te descubre, además la sencillez de los grandes creadores».

(Juan Ignacio Pérez Palomares, Diario Europa Sur, 28 abril, 1998).

«Leyendo El hombrecito vestido de gris de Fernando Alonso, creí haber llegado a lo máximo que se pueda escribir para niños, sin dejar de ser un adulto, dándole al pequeño -como una vez asegurara una grande de las letras cubanas, Mirta Aguirre- "el contenido de un usted en la forma de un tú"».

(Enrique Pérez Díaz -escritor y crítico cubano-, Alacena, núm. 27, 1997).

«La literatura Infantil y Juvenil española ha cumplido ya su mayoría de edad. La fecha de su puesta de largo data de 1977, año en que se concedió el emblemático Premio Lazarillo, el más tradicional galardón literario en España, a un libro que rompió moldes e inició nuevos caminos: El hombrecito vestido de gris (Alfaguara, 1978) de Fernando Alonso».

(Juan José Lage Fernández. Revista Amigos del Libro, núm. 40, abril-junio 1998).

«Fernando Alonso escribe con naturalidad y sencillez. Suele comenzar sus narraciones con la frase clásica: «Había una vez...», pero ahí terminan las semejanzas con el estilo habitual en los cuentos tradicionales, porque en estos el relato es directo, sin adornos ni comparaciones, y lo pueden entender todos los que hablen castellano, chicos y mayores».

(Arturo del Villar, La Estafeta Literaria, 1978).

«Ocho historias alegres, tristes, chocantes, originales, ocho historias para divertirse, para soñar, para mirar mejor el mundo que nos rodea; para encontrar amigos inesperados; ocho historias que han valido al poeta español Fernando Alonso el premio Lazarillo (mejor autor de literatura para niños) 1977.

Pero en estas ocho historias inesperadas, originales y tiernas, no hay lugar para la resignación, el aburrimiento, la indiferencia. Las plantas, los objetos y los seres fantásticos se unen para cambiar la monotonía de la vida cotidiana».

(Isabelle Jan, Presentación de la edición francesa de El hombrecito vestido de gris. Paris: F. Nathan, 1979).

«Los clásicos son la alternativa a los caprichos de las modas. Han resistido la evaluación de generaciones de lectores, con lo cual no se circunscriben a valores de época y traspasan las fronteras espacio-temporales. Normalmente abren caminos o tienen repercusión en otros escritores, como sucede con la obra de los siguientes autores: G. Rodari, C. Nöstlinger, M. Sendak, A. Schmidt, R. Dahl, A. Lobel, M. Gripe, F. Alonso, etc. Por eso la mayoría de sus obras sirven como botón de muestra para definir lo que entendemos como «buenos libros para niños», aquellos que el adulto no debería dejar pasar».

(Luisa Mora, «Selección de fondos: Libros de ficción», en La biblioteca escolar, un derecho irrenunciable. Madrid: Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil/Anaya, 1998).

«Fernando Alonso es otro de los autores españoles que actualmente descuellan en el panorama de las letras para niños. Leer al menos uno de sus libros nos da la certidumbre de estar frente a un narrador singular, un poeta genuino que sabe ver el lado distinto que tienen todas las cosas y explotarlo en favor del niño».

(Enrique Pérez Díaz. Boletín del Ministerio de Cultura, Cuba).

«Fernando Alonso, un autor que ya con su primer libro, hace más de diez años, marcó una manera de hacer literatura que tenía mucho que ver con las corrientes literarias adultas de ese momento, y luego ha escrito ese «hombrecito vestido de gris», libro que pasará a engrosar las listas en la historia de la literatura infantil española».

(Felicidad Orquín, entrevista de Áurea Santos para el Diario de León).

«Fernando Alonso es uno de los principales autores españoles contemporáneos de literatura infantil y juvenil.

En 1977 obtuvo el Premio Lazarillo con El hombrecito vestido de gris y otros cuentos. En 1980 fue nominado para la Lista de Honor del Premio Andersen. Algunas de sus obras están traducidas a varios idiomas, siendo uno de los autores españoles más conocidos fuera de nuestro país. Fernando Alonso pertenece a la generación de autores que a finales de los años 70 produjeron una profunda renovación en el panorama de la literatura infantil y juvenil españolas.

Sus obras tienen un marcado carácter de crónica poética de la realidad, dentro de la corriente de realismo mágico, con referencias más o menos explícitas a los sucesos de la sociedad actual. Es frecuente encontrar en sus historias un elemento fantástico que siempre actúa como pretexto para realizar una fábula con un contenido ético. Su narrativa es escueta, con un estilo breve y a la vez sugerente. Sus textos presentan todos ellos un buen ritmo, lo que permite al lector conectar rápidamente con el asunto. Una obra llena de madurez con varios registros de lectura; sus historias pueden ser leídas por niños y adultos presentando para cada uno aspectos bien significativos.

La obra literaria de Fernando Alonso presenta un estilo sobrio, de una gran pulcritud narrativa y con un profundo sentido poético ya que las imágenes, absolutamente sugerentes, y las metáforas salpican el texto. Sus libros, muchos de ellos de relatos breves, son como parábolas sobre los grandes temas de la humanidad: la libertad, la solidaridad, el amor. El árbol de los sueños es un magnífico ejemplo del quehacer de este autor. Podemos catalogarlo dentro de la corriente de realismo fantástico».

(Antonio Ventura, Presentación para El árbol de los sueños).

«Hay escritores especializados en literatura para niños que construyen una trama a partir de una idea edificante o de un argumento de plena actualidad. (...) Hay otra categoría de escritores que, aunque dirigen sus libros a un público infantil o juvenil, escriben desde el amor a la literatura para todo aquel que quiera asomarse a sus inquietudes. Fernando Alonso (Burgos, 1941) pertenece a estos últimos.

Las raíces del mar, su más reciente historia, está atravesada, de principio a fin, de literatura, de literatura primigenia, de literatura auténtica».

(José Luis Charcán, Diario de Burgos, 28 de marzo, 1998).

«Pero si hubiese de señalar una obra que resultó entonces -finales de los setenta- más innovadora en los esquemas habituales de la narrativa infantil escrita en castellano y que ha llegado a ser ya un «clásico actual», habría que elegir El hombrecito vestido de gris (1978), de Fernando Alonso. Aquel volumen reunía ocho narraciones de estructura abierta y lenguaje sencillo y preciso, con un estilo caracterizado por el hábil empleo de la frase corta, las variaciones en el ritmo narrativo y la secuenciación de lo narrado en planos de gran valor expresivo».

(Jaime García Padrino, Así pasaron muchos años.... (En torno a la Literatura Infantil Española). Cuenca: Ediciones de la UCLM, 2001, p. 185).

«(...) la narración cercana a parámetros literarios la analizaremos desde la obra de Fernando Alonso, concretamente con El misterioso influjo de la barquillera donde el narrador pasea su mirada por sentimientos, pensamientos y ensoñaciones.

(...) El autor que hemos elegido para comentar este apartado, Fernando Alonso, ya presenta una particularidad que lo aleja de la norma: no es docente ni está relacionado con el mundo de la enseñanza. Ha trabajado en la televisión y en la radio, pero no siempre en programas dedicados a los niños y adolescentes. Ha sido guionista, director, jefe de investigación y documentación o asesor literario. Hay datos objetivos que avalan la literalidad de sus textos: el tipo de premios recibidos, la traducción a diferentes lenguas, la selección de su obra en diferentes listas de calidad, las menciones de los críticos, etc.

(...) En el apartado 3.6., comentábamos que la literatura infantil es sobre todo una narración de hechos y de palabras. En este caso nos encontramos ante una narración de pensamientos y de sentimientos acompañada de cuentos metafóricos en la que la presencia del narrador es mayoritaria. La narración se acompaña por una continua descripción de sensaciones que ejemplifican los sentimientos, los pensamientos o las formas de vida (...)

(...) a lo largo del análisis ya hemos visto la importancia del lenguaje en esta novela, la multiplicidad de opciones y el trabajo lingüístico que recurre a todos los recovecos que la lengua pone en las manos del escritor. De hecho, la novela es un canto a la palabra, al poder liberador de la literatura (...)

(...) Nos encontramos ante una historia que narra un cambio de vida pero interior (...) Y para demostrar esta introspección utiliza diferentes recursos: la descripción del contagio que los cambios producen en la naturaleza que rodea al personaje, la descripción de sensaciones que le produce todo aquello que le rodea, y la inserción de unos cuentos que metafóricamente cuentan el proceso del cambio interior.

(...) En definitiva, una narración con múltiples lecturas que permite y reclama relecturas. Una propuesta discursiva rica con personajes llenos de matices y lejos de los estereotipos, descripciones de lo que sienten los personajes o que producen los paisajes, planos de narración diferentes, figuras retóricas como metáforas o alegorías, profusión de adjetivos, etc. ».

(Gemma Lluch, Análisis de narrativas infantiles y juveniles. Cuenca: Ediciones de la UCLM, pp. 191-206).