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Literatura filipina en español

Literatura filipina en español. Introducción temática

Algunas consideraciones preliminares

Mientras que los textos primarios de la literatura filipina en español son dificilísimos de encontrar -incluso aquellos que han sido editados en volúmenes monográficos, que no son todos ni mucho menos- hoy en día se hace relativamente fácil encontrar estudios de diverso calibre y calado sobre literatura filipina en español gracias a la magia de Internet, que logra poner al alcance de todos los trabajos que van saliendo en la actualidad, pero que no ha logrado salvar totalmente del olvido aún los escritos anteriores a su era. Por tanto, este resumen tiene la simple intención de valer como contextualización de los textos literarios escritos por filipinos incluidos en este portal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes para ubicar debidamente al lector. Para hallar estudios algo más exhaustivos sobre el fenómeno, me permito remitirles a la introducción de Manuel García Castellón al portal de la Biblioteca Nacional de España sobre José Rizal titulado «Lengua y letras hispánicas en Filipinas: síntesis histórica y elegía», que resume de forma sucinta, los periodos y obras más importantes de la literatura filipina en español. La reciente obra compilada por Isaac Donoso Historia cultural de la lengua española en Filipinas: ayer y hoy, ofrece algunas claves sobre el cómo y el porqué de las obras que hoy conservamos de esta rara avis de la literatura, sobre todo en cuanto a la historia de la lengua y la lectura en el archipiélago. Finalmente, para acercarnos a una actualización de la situación de esta literatura en el siglo XXI, recomendamos la lectura del volumen de Isaac Donoso y Andrea Gallo Literatura hispanofilipina actual. Todos los estudios mencionados se encuentran debidamente referenciados en la sección «Bibliografía» de esta página.

Algunas cuestiones que tener en cuenta al hablar de literatura filipina en español

En el volumen de 1974 Literatura filipina en castellano, el ex diplomático Luis Mariñas Otero divide la historia de la literatura filipina en español en cinco periodos: «los primeros balbuceos», «la etapa formativa», «la literatura nacionalista», «la edad de oro de la literatura fil-hispana» y «La literatura fil-hispana en los últimos años»[1]. De esta división, al lector advenedizo pueden llamarle la atención tres hechos:

  • Que Mariñas llame a la literatura en español que florece en Filipinas fil-hispana.
  • Que a pesar de que los españoles llegaran para quedarse en Filipinas en 1565, cuando Miguel de Legazpi funda la ciudad de Cebú, Mariñas sitúe la etapa «formativa» entre 1800 y 1873, es decir, que 300 años después del inicio de la colonización de Filipinas todavía estaban en plena «etapa formativa» sin una literatura en español desarrollada.
  • Que la llamada «Edad de oro» de la literatura en español se sitúe entre 1903 y 1942, es decir, después de la salida de los españoles del país, cuando este se encuentra bajo dominio americano.

La introducción al volumen Literatura hispanofilipina actual de Gallo y Donoso, dedica parte de sus páginas a intentar sistematizar y establecer una nomenclatura válida para esta literatura[2] y Donoso profundiza en el debate en su muy reciente artículo «Ensayo historiográfico de las letras en Filipinas»[3]. Aunque Mariñas escoge de entre todos los nombres por la que se ha conocido, el de fil-hispana en el interior de su libro, que puede valer además de juego de palabras si se atiende a una doble etimología de «fil» como procedente de «φίλος», amor en griego, y como procedente de «Filipinas», se da en esta nomenclatura más importancia a lo hispano que a lo filipino, mal que sea en número de letras de la palabra, y se da por hecho que todos los escritores en español eran amantes o partidarios de la cultura hispana, lo que no es cierto. Por otro lado, dentro de Filipinas hay literaturas en múltiples lenguas, entre ellas las lenguas autóctonas mayoritarias (tagalo y cebuano), inglés y español, siendo todas ellas indudablemente filipinas. Al hablar de literatura hispanofilipina se va más allá de la simple descripción de la lengua en que se escribe: se alude a una identidad que relacionaría la literatura que nos ocupa con la cultura hispanoamericana y con la castellana en origen y tradición. Aunque la idea no nos parece del todo desencaminada, en este portal, que aspira simplemente a servir de recurso a investigadores, lectores y curiosos, intentaremos ser tan neutrales como sea posible y evitar polémicas en ese sentido. Que sean los investigadores, los lectores y los curiosos los que lleguen a sus propias conclusiones respecto a la identidad que encierra la literatura que nos ocupa. Nosotros emplearemos las letras que sean necesarias, en este caso 27, para ser lo más descriptivos posible, aunque como sabemos nunca llueve a gusto de todos y siempre habrá quien pueda argumentar en contra del nombre del portal: literatura filipina en español.

En segundo lugar está la cuestión de lo tardío del desarrollo de esta literatura. No han sido pocas las páginas, anteriores y posteriores al libro de Mariñas que se han dedicado a explicar la tardía y limitada expansión del español en Filipinas en comparación con el fenómeno que se dio en algunos países de América Latina independizados antes que el archipiélago, en los que el castellano se impuso a las lenguas autóctonas hasta dejar estas prácticamente desaparecidas. De los últimos estudios en este sentido es el artículo de Joaquín Sueiro Justel «La política lingüística española en Filipinas: La polémica de la expansión del castellano», incluido en el volumen Historia cultural de la lengua española en Filipinas: ayer y hoy [4].

«Mapa de las Yslas Philipinas», hecho por el padre Pedro Murillo Velarde de la Compañía de Jesús. Escala [circa 1:3.000.000], Manila, año 1744. Biblioteca Nacional de España. Casi todos los estudiosos insisten en tres factores: el primero, que los misioneros que llegaron a Filipinas nunca tuvieron la intención de expandir el español después de la experiencia en América Latina, sino que tuvieron una actitud mucho más positiva hacia las lenguas nativas[5]. El segundo, la distancia entre Filipinas y España y las dificultades del viaje, que no aseguraron una vuelta a la madre patria para los españoles emigrantes hasta la apertura del Canal de Suez en 1869. Este hecho tuvo como consecuencia que pocos españoles llegaran a tierras filipinas, en las cuales además, su orografía y su división territorial física en más de 7.000 islas complicaban las comunicaciones de las provincias con las dos principales metrópolis, Manila y Cebú, y por tanto también la difusión de la lengua o la expansión del sistema educativo una vez que la Corona española impuso la introducción del español en la evangelización y la educación. Incide Jorge Mojarro en su introducción a Hacia la tierra del zar en los obstáculos que la administración puso a los filipinos para leer obras de entretenimiento y publicar sus propios escritos[6]. El tercer punto que se suele mencionar, y en el que pone especial énfasis Antonio Quilis, son los esfuerzos de deshispanización que hizo el gobierno americano en el archipiélago a partir de 1902. Según el lingüista:

Desde 1898, los Estados Unidos gastaron sumas fabulosas para la introducción del uso del inglés, y para desmontar, sistemática y cuidadosamente, aprovechando todos los medios del siglo XX, la labor realizada anteriormente[7].

Beatriz Álvarez destaca también este factor en su artículo «El privilegio de subvertir: la literatura hispanofilipina»[8].

El último factor es algo más complicado de explicar. Wystan de la Peña afirma que para el momento en que los invasores estadounidenses llegaron a Filipinas, la lengua española se consideraba ya parte de la identidad filipina, y por ello los nacionalistas e ilustrados utilizan esta lengua incluso para sus odas más patriotas en contra de los abusos de la exmetrópoli[9]. Por otro lado está el hecho de que el español era la única lengua franca que se conocía en Filipinas en ese tiempo: las lenguas indígenas eran múltiples, y aunque nunca fuera el español la lengua mayoritaria, sí que era la única común a todo el territorio. Hemos de añadir el hecho de que los escritores en castellano, que a menudo doblan como representantes políticos, forman parte de una clase dominante burguesa que intenta mantener su prestigio social ante la fuerza homogeneizadora de Estados Unidos[10]. Pero hay un cuarto motivo que comienza a tomar fuerza: el hecho de que en antologías e historias de la literatura solo se haya considerado literatura «filipina» en español aquella que ha tenido una temática nacionalista o cuyos autores han tenido un papel relevante en la discusión y confección de una identidad nacional. Este debate comienza en el último tercio del siglo XIX y se extiende hasta la independencia efectiva del país tras la II Guerra Mundial. Así pues, habría literatura filipina en español significativa antes de los propagandistas, así como hubo literatura en español paralela a las obras más antologadas durante la República, las de la Edad de Oro, pero divergentes de la voz oficial nacionalista[11].

Primera etapa: «Los primeros balbuceos»

Asumimos el nombre que le da Mariñas a la primera etapa de formación de la literatura filipina en español y hablamos aquí de los libros de viajes y los escritos principalmente teológicos que aparecen en Manila tras la llegada de la imprenta en 1593. Se suele considerar el primer libro impreso en Filipinas en español la Doctrina Christiana en lengua española y tagala, publicado por los dominicos precisamente en 1593. Esta obra no puede ser considerada «literatura» ni mucho menos «filipina» y ni siquiera del todo «en español», con lo que a pesar del hito que supone en la historia bibliográfica de Filipinas, no la hemos incluido en este catálogo. Sin embargo, se puede encontrar online en la colección digital de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

En realidad, tampoco el primero de los libros que incluimos en este catálogo ha sido escrito por un filipino. Se trata de los Sucesos de las Islas filipinas de Antonio de Morga, un magistrado sevillano que vivió en Filipinas entre 1595 y 1603. En el libro narra sus impresiones sobre el archipiélago y las publica en México en 1609[12]. La obra, a pesar de estar escrita por un español, nos parece fundamental a la hora de comprender la historia de lo hispano en Filipinas, lo cual es parte de los objetivos de este portal temático.

Mariñas tampoco incluye nada estrictamente literario en el breve capítulo dedicado a estos «primeros balbuceos», al menos no en español. Habla de la influencia de géneros españoles, especialmente dramáticos, en la literatura de la época, pero siempre en lenguas vernáculas, como es el caso del «cenáculo», versión asiática de los autos sacramentales españoles[13]. Por lo demás encontramos libros religiosos, a menudo en lenguas vernáculas, y filológicos. Dos autores filipinos en español de relieve: Fernando Bagobanta y Tomás Pinpin, ambos escritores de poemas religiosos y Pinpin gramático e impresor, además. En artículos recientes del ya mencionado monográfico sobre literatura filipina de la revista Transmodernity de otoño de 2014 se aporta más información sobre la literatura de los siglos XVII y XVIII cuestionando la idea del barbecho literario de estos dos siglos[14].

La etapa formativa

Así llama el diplomático español a la etapa entre 1800 y 1873, marcando el inicio del periodo el libro de Rodríguez Varela «Proclama historial que para animar a los vasallos que el Señor Don Fernando VII tiene en Filipinas a que defiendan a su Rey del furor de su falso amigo Napoleón, primer Emperador de Franceses» de 1809, aunque su obra principal fue Parnaso filipino de 1813. Según el filipinista Wenceslao E. Retana, es un libro de poemas con proclamas eminentemente políticas que no dan idea de la situación generalizada ni de las reclamaciones filipinas, hasta el punto que en sus anotaciones a tal obra, Retana se refiere al mismo como «un libro raro»[15]. Tras años en los que este libro se ha considerado desaparecido, en la actualidad, la profesora de la Universidad Nacional de Singapur Ruth de Llobet está preparando una edición crítica de los folletos de Varela entre los que se incluirá este «libro raro».

Monumento a los tres sacerdotes asesinados en 1872 tras la   revuelta de la soldadesca: Mariano Gómez, José Burgos y Jacinto Zamora   (o Gomburza como llaman al trío en Filipinas). En Parish of the Holy   Sacrifice en University of the Philippines (Diliman campus). Fotografía   de Ramón F. Velasquez. Afirma Mariñas que en esta época se forja entre los filipinos cierta «conciencia de su peculiar personalidad nacional y trata de darle expresión literaria»[16]. La fecha final del periodo no la marca un hito literario sino uno histórico: la ejecución, por parte de las autoridades, del padre José Burgos junto con otros dos sacerdotes católicos críticos con los abusos eclesiásticos de la curia española en Filipinas en 1872 . Sus muertes fueron prácticamente daños colaterales de una revuelta de las tropas ante la tardanza de los salarios, pero marcaron el comienzo de cierta conciencia independentista y de aun mayor separación identitaria entre filipinos y españoles. La loba negra es el primero de los dos libros de esta época que hemos incluido en el catálogo. Trata de una mujer loba, la esposa de un gobernador, que sale de noche a matar a los frailes que provocaron la muerte de su marido. Esta obra, muy crítica con la hegemonía del clero en la Filipinas de finales del siglo XIX, se ha atribuido tradicionalmente a José Burgos, aunque su autoría está en tela de juicio dado su misterioso «descubrimiento» justo antes de la Segunda Guerra Mundial[17].

El segundo libro de esta época de formación es el Diccionario humorístico filipino, que publica un autor desconocido bajo el seudónimo E. Rikr. El singular volumen de 1871 ofrece, como afirma Donoso, «una lección teórico-práctica del español hablado en las islas», amén de una divertida visión autoparódica de las costumbres en el lugar[18]. Consta de pequeños poemas dedicados a cada una de las palabras «definidas» alfabéticamente, en el que se tratan las variaciones de significado y calcos que los hablantes filipinos utilizan al hablar español, objetos y animales de las islas, comidas… en fin, cualquier elemento autóctono popular que pudiera ser prestado a sátira por parte de alguien de cultura elevada y habituado a las costumbres españolas o criollas.

La literatura nacionalista

Placa conmemorativa del lugar donde se reunía la Asociación   hispanofilipina en Madrid. Fotografía cedida por Luis Leante. Fijado el periodo por Mariñas y aceptado en general, las fechas que comprende son de 1873 a 1903: desde el establecimiento de las rutas marítimas regulares entre España y Filipinas, hasta la rendición del ejército filipino al ejército norteamericano[19]. Otros críticos se han referido a esta época como la de los «propagandistas», dado que muchos de ellos comienzan su labor literaria en España dando a conocer su país en la península[20]. Estos jóvenes estudiantes burgueses comienzan agrupándose en torno al círculo hispano-filipino de Madrid fundado en 1882. El círculo evolucionó a Asociación hispano-filipina y en 1888 comenzaron a publicar el periódico La solidaridad, con una intención, efectivamente, propagandista. Sobre este fenómeno merece la pena leer el artículo de Glòria Cano «La Solidaridad y el periodismo en tiempos de Rizal»[21].

Bastantes de estos jóvenes filipinos educados en España, llamados por algunos «Ilustrados», fueron con el tiempo cabecillas de la revolución filipina que acabaría con la emancipación de España tras la guerra de 1898. Sus obras son frecuentemente de carácter político, social y ensayístico, más que literario, respondiendo a los tiempos en que vivían y los medios de los que disponían: solían escribir artículos en diarios y discursos inflamados de carácter nacionalista. Entre sus nombres encontramos a Marcelo H. del Pilar, del que incluimos en este catálogo sus Escritos de carácter eminentemente político y social; Graciano López Jaena, que está presente con Discursos y artículos varios también esencialmente políticos y sociológicos. Antonio Luna y Novicio describe España con ojo crítico en su obra Impresiones como reacción a alguna crónica española de la época que denigra Filipinas en tono racista.

Se sale un poco de la línea general marcada el escritor y periodista Pedro Alejandro Paterno, singular personaje uno de los que tiene más obra literaria de los mencionados, aunque continuando con la misma intencionalidad propagandística del resto. De él incluimos Poesías líricas y dramáticas, Ninay: costumbres filipinas, Sampaguitas y poesías varias y Aurora social: colección de novelas cortas. Referencia inapelable con una visión muy interesante sobre el particular personaje que fue Paterno es el primer capítulo, «Novelizations of Asia: Pedro Paterno’s Ninay» de la obra de Adam Lifshey referenciada en la bibliografía, The Magellan Falacy[22]. Además, parece que precisamente de Ninay, considerada la primera novela filipina, está preparando en la actualidad una edición anotada el crítico Jorge Mojarro. Ninay es una novela costumbrista sentimental influida por Galdós y ambientada en Filipinas.

Finalmente a todas luces el más conocido de los autores filipinos, no solo de este periodo sino de todos ellos, dentro y fuera de las fronteras del archipiélago, es el médico José Rizal. Poco hay que no se haya dicho sobre Rizal: si alguien ha merecido ríos de tinta en la literatura filipina, ha sido él, además de ostentar el honor de ser de lo poco que se estudia en cuanto a literatura filipina en español en las escuelas del país asiático. De familia altoburguesa, pasó su juventud en Europa, publicó dos novelas satíricas de gran alcance a pesar de su prohibición inicial en la colonia española: el Noli me tangere y el Filibusterismo en las que, entre otras cosas, critica el dominio hegemónico de la iglesia católica en el archipiélago y su corrupción moral. Al volver a su tierra natal, después de defender en España la representación de Filipinas como provincia española en el parlamento, fue exiliado a Mindanao. Tras alistarse en 1896 como médico en el ejército español que partía en campaña contra los insurgentes cubanos, fue mandado de vuelta a Filipinas nada más llegar a Barcelona, y fusilado en lo que hoy es el Parque Luneta de Manila, junto al barrio histórico de Intramuros. Incluimos aquí sus obras más famosas, Noli me tangere y El filibusterismo, críticas satíricas contra la «frailocracia», la gestión y preponderancia del clero en Filipinas, pero también una muestra de su obra dramática en El consejo de los dioses, y una compilación de su Prosa que incluye alocuciones varias a los filipinos y artículos de prensa, y su Poesía que contiene, cómo no, los famosísimos versos de «Mi último adiós», presuntamente compuestos en la celda del fuerte de Santiago la noche antes de su fusilamiento.Vista desde arriba de Fuerte Santiago, Intramuros, Manila,   donde José Rizal (1861-1896) pasó su última noche antes de su   fusilamiento. Fotografía cedida por Josué Hernández. Dos obras clásicas sobre Rizal están también incluidas en el catálogo. La una es la biografía del excelso personaje que redactó Rafael Palma, la otra, la compilación de sus textos junto con una nota biográfica que compuso el filipinista español Wenceslao Retana con el título de Vida y escritos del Dr. José Rizal, que incluye un prólogo de Javier Gómez de la Serna y un epílogo de Miguel de Unamuno. Además merece la pena visitar el catálogo online de la exposición que albergó sobre la persona y el tiempo de Rizal la Biblioteca Nacional de España del 29 de noviembre de 2011 al 12 de febrero de 2012, que comprende varios estudios sobre su persona y su contexto, muy interesantes[23].

A pesar de que en sus circunstancias se distancia de los autores mencionados, Mariñas incluye como escritor «nacionalista» a Isabelo de los Reyes, periodista instigador del movimiento obrero en Filipinas que pasó en España tres años deportado por activista revolucionario. Allí efectivamente ejerció cierta función de «propagandista» al publicar la revista Filipinas ante Europa[24]. De él incluimos tres obras que dan a conocer su trabajo de difusión de las costumbres de su patria y de su ideología. En el primer grupo estarían los libros El folk-lore Filipino e Historia de Ilocos, y en el segundo, Filipinas ¡independencia y revolución! Una compilación de sus artículos políticos.

Además de Isabelo de los Reyes, y como parte de la literatura nacionalista pero ya no propagandista, surgen algunos autores en torno a la revolución de 1898 que tendrán más relevancia política que literaria, y que sin embargo (o quizás precisamente por ello), aparecen en todas las antologías literarias filipinas. Estos desarrollarán su actividad en Filipinas y casi siempre se destacarán militarmente. Entre ellos estarán José Palma, autor de la letra del himno nacional filipino, cuya melodía había sido compuesta por Julián Felipe. Efectivamente la letra original de este himno es en español, aunque desde 1963 la versión oficial se cante en traducción al tagalo. De él incluimos la colección de poesía de raigambre romántica Melancólicas. A Apolinario Mabini se le llamó «El cerebro de la revolución» o «el sublime paralítico» y efectivamente se encargó de redactar muchos de los principios que guiaron el espíritu revolucionario del 98. Sus escritos políticos nacionalistas se compilaron en el volumen Memorias de la revolución filipina que también incluimos aquí. Felipe Calderón tampoco tiene obra estrictamente literaria que conozcamos, pero redactó artículos periodísticos y sobre todo, la Constitución de Malolos, la primera carta magna filipina de 1898, que también se escribió originalmente en español, y que incluimos en este catálogo como muestra muy relevante de lo que supuso el español en Filipinas antes de la imposición del inglés.

La edad de oro[25]

O como prefiere Ortiz Armengol, «literatura contemporánea en español»[26]. Recapitulemos antes de sumergirnos en ella: en 1896 matan a José Rizal y comienza el movimiento revolucionario; en 1898 España pierde la colonia filipina, y en 1902 Filipinas se rinde por fin al dominio de los Estados Unidos y no recuperará su independencia hasta el final de la II Guerra Mundial. Y es en esta última época en la que, como dice Mariñas, se da «la época de mayor florecimiento y utilización del idioma castellano»[27].

A principios del siglo XX aparecen más de doscientas publicaciones periódicas en castellano, e incluso algunas en catalán. El español sigue siendo lengua oficial y la única lengua franca, aunque en retroceso imparable frente al inglés, que ha tomado los espacios educativos. En este contexto, los nuevos nacionalistas, esta vez rebeldes frente a la dominación estadounidense, adoptan la lengua de Cervantes para cantar loas a su patria y en contra del invasor[28]. La indudable inspiración modernista de muchos de ellos encaja bien con la temática que les interesa en la búsqueda de una nueva identidad nacional. Muchas de sus obras, sin embargo, nunca llegaron a ser publicadas en volúmenes, sino que están dispersas por las publicaciones periódicas de la época, dada la escasez de público lector para obras exclusivamente literarias en español.

Dos tipos de producción escrita dominan la escena: por un lado los ensayistas y por otro lado los poetas épicos y líricos. Tanto en uno como otro grupos, e incluso en los que pertenecen a uno y otro, encontramos destacados personajes del mundo de la política: Trinidad Pardo de Tavera fue secretario diplomático del general Aguinaldo, líder militar de la revolución filipina de 1898 además de consumado ensayista y estudioso de la lengua y las costumbres de su pueblo (pero publicando en castellano). De él incluimos Reseña histórica de Filipinas desde su descubrimiento hasta 1903 y La civilización y cultura filipinas. Rafael Palma fue diputado, senador, secretario de interior y director del periódico La Independencia entre otros cargos. La colección Voces de aliento que aquí incluimos, da testimonio de su actividad periodística, al ser una compilación de artículos literarios. Teodoro M. Kalaw fue miembro de la Asamblea Filipina y secretario de Interior bajo el gobierno estadounidense, además de prolífico escritor de varios géneros. De entre sus textos incluimos Gregorio H. del Pilar, héroe de Tirad, -la biografía de un joven general, sobrino de Marcelo H. del Pilar, que se destacó por su valentía en la revolución filipina-, Cinco reglas de nuestra moral antigua y Hacia la tierra del Zar, el cuaderno de viaje que narra con una prosa modernista propia de su contexto, el viaje que realizó Kalaw con Manuel L. Quezón a San Petersburgo, atravesando Asia por tierra.

Matrimonio de Veyra. Jaime C. de Veyra (1873-1963) a la derecha. Fotografía cedida por la familia. Jaime de Veyra fue comisionado de su país en la asamblea de Estados Unidos y escribió múltiples ensayos sociológicos, históricos y filológicos sobre su país. De entre ellos destacamos La hispanidad en filipinas, Filipinismos en lengua española, y Efemérides filipinas, fundamentales para entender las relaciones entre ambos países. Gran ensayista en diversos ámbitos de su país y cultura, aunque abogado de profesión, fue también Epifanio de los Santos Cristóbal, quien, además de dar nombre a la actual y transitadísima carretera de circunvalación de Manila, escribió La influencia de la poesía castellana en la indígena de Filipinas, un estudio filológico que sigue ilustrándonos en lo intrincado de la identidad hispana dentro de la filipina, y otros ensayos igualmente interesantes compilados en Algo de prosa. Siguiendo con los escritores que doblan como altos puestos de la administración filipina en época de la ocupación americana, aparece Guillermo Gómez Windham, quien además de llegar a subsecretario de Hacienda, escribe obras de ficción, ganando una de ellas, La carrera de Cándida, el primer premio Zóbel[29] de la historia en 1921. Además de este volumen incluimos una interesante colección de historias breves publicadas en Barcelona, algunas de ellas con cierto trasfondo antiamericano: La aventura de Cayo Malinao; Los ascensos del inspector Rojo; Tía Pasia.

Claro M. Recto fue senador y presidente de la Asamblea Constituyente en 1935, además de poeta, ensayista y dramaturgo[30]. Su obra, enmarcada en la retórica modernista y en la temática patriótica y religiosa, sorprende con ciertos cantos a la «Madre patria» española que, sin duda, parecerían anacrónicos en una época en la que se lucha por la independencia del país. Sobre esta aparente paradoja se han escrito algunos artículos[31]. Recogemos aquí una de sus recopilaciones de poesía más emblemáticas, Bajo los cocoteros, un poemario eminentemente exaltador de su patria, así como dos de sus obras teatrales: La ruta de damasco y Solo entre las sombras, dos dramas en un acto.

Estado de Manila tras el ataque japonés de 1945 en la Segunda Guerra Mundial. Hemeroteca «ABC». Siendo todos estos hombres de excepcional relevancia en la historia, la política y las letras filipinas, el pentagrama de escritores que habitualmente se menciona al referirnos a esta época, mezcla personalidades políticas con profesores dedicados a sus tareas docentes y a la labor literaria. Se distinguen por su calidad y por escribir obras estrictamente literarias con un inconfundible sabor modernista en la lírica y en la épica, que llena sus poemas de Sampaguitas -flor nacional filipina-, volcanes, cocoteros y dalagas -muchachas virginales filipinas-. Estos son Jesús Balmori, Manuel Bernabé, Antonio Abad, Fernando M. Guerrero y Cecilio Apóstol (al que podemos añadir el ya mencionado Recto). Todos ellos menos Apóstol y Guerrero, fueron merecedores del premio Zóbel en algún momento de su vida. Jesús Balmori y Manuel Bernabé lo ganaron conjuntamente en 1926 por una de sus divertidas «justas poéticas», un género tradicionalmente desarrollado en Filipinas también en lengua tagala con el nombre de Balagtasan, que es además como titulan el libro que recoge su hazaña en verso. Jesús Balmori progresa en sus poemas desde el profundo patriotismo panfletario de Rimas malayas (1904), a cierta autoparodia cómica en El libro de mis vidas manileñas (1928) hasta ganar el primer premio de poesía de la Commonwealth con su colección Mi casa de nipa (1938). En este catálogo también se incluye, amén de dos novelas más, otra recopilación de poesía y una colección de cuentos, una obra prosística que se creyó perdida durante algunos años, y que recuperó y publicó por primera vez el Instituto Cervantes de Manila en 2010, en una edición preparada por Isaac Donoso: Los pájaros de fuego, novela que narra sus experiencias durante la segunda guerra mundial en Manila, que fue la segunda ciudad más bombardeada durante el conflicto después de Varsovia[32].

Continuemos con tres poetas nacionalistas, modernistas, sonoros, patriotas: en primer lugar, Manuel Bernabé que fue diputado en el Congreso de Filipinas y volvió a ganar el Zóbel después del mencionado triunfo compartido con Balmori, con una traducción al español del Ruibayat. Sus poemas líricos se recopilan en Perfil de cresta y Cantos del trópico. En segundo lugar, Cecilio Apóstol, fiscal en Manila, autor de la colección Pentélicas. En tercer lugar, Fernando María Guerrero, admirado poeta lírico cuyas tendencias se ven sin necesidad de excesiva sagacidad en el título de sus poemarios: Aves y flores y Crisálidas.

Finalmente el prosista por excelencia, Antonio Abad, y uno de los últimos grandes escritores en español, cuya novela La vida secreta de Daniel Espeña (1960) se suele considerar como el último hito filipino en lengua española, aunque como veremos la tradición sigue, mermada, pero sigue. Al estar limitada la reproducción en línea a obras que no estén sujetas a derechos de autor, la publicación de Antonio Abad, fallecido en 1970, quedaba fuera de nuestro espectro. Sin embargo su hijo, Gémino Abad, escritor filipino en lengua inglesa que es profesor en el departamento de inglés de la Universidad de Filipinas en Diliman, accedió muy amablemente a permitirnos publicar la novela El campeón, una metáfora extendida sobre el proceso de constitución identitaria de Filipinas encarnada en el personaje de un gallo de pelea, el protagonista del relato. Esta obra pertenece también a la colección de clásicos hispanofilipinos publicados por el Instituto Cervantes.

Otros de la edad de oro, no tan famosos pero quizás más interesantes

He dicho «finalmente» al llegar a Antonio Abad cuando en realidad el final de la historia de la literatura filipina en español no acaba ahí ni mucho menos. De hecho, muchos de los escritores más interesantes de la época quedan fuera del famoso «pentagrama» o del canon clásico de la «edad de oro». En una época de formación de la identidad nacional, los personajes relevantes de la política que además escriben versos, y los poetas exaltadores del nacionalismo son imanes para los premios y las antologías, que no fallan en incluirlos para ejemplo de los jóvenes estudiantes. Así muchos de los escritores anteriormente mencionados serían fácilmente identificados como imprescindibles por el estudiante filipino medio, aunque hay una alta probabilidad de que jamás hayan leído una línea de dicho escritor. El cambio lingüístico ha propiciado también este fenómeno: Claro Recto, José Rizal, Rafael Palma, son nombres de calles y plazas obligatorios en todas las localidades filipinas, pero sus obras hoy día caen en el desconocimiento generalizado, especialmente en versión original[33].

El narrador Enrique K. Laygo, por ejemplo, reviste gran interés a pesar de (o quizás gracias a) que sus temas no sean de un nacionalismo exacerbado, y ganó el premio Zóbel de 1925 por Caretas. Sin embargo queda relegado a un segundo plano debido a que se dedicó a ese género «menor» que es el cuento, y a haber publicado principalmente en revistas y periódicos. Parece que una compilación de estos cuentos constituirá la próxima publicación de la colección «Clásicos hispanofilipinos» del Instituto Cervantes y que estará editada por Beatriz Álvarez Tardío y María Luna. Esperamos pues, poder incluir pronto este volumen en la biblioteca virtual.

Hablando de géneros «menores», Severino Reyes es decentemente conocido en Filipinas por ser un gran zarzuelista, o más bien sarswelista -Sarswela es como se llama en el archipiélago al género chico que ha sido apropiado como parte de su cultura nacional y que ha generado múltiples obras en tagalo-. El mayor éxito de Severino de los Reyes son de hecho las zarzuelas en tagalo, a menudo de índole también nacionalista, como ocurre con Walangsugat, pero también escribe dramas en español como los incluidos aquí, El cablegrama fatal y la comedia Alma Filipina.

Otro motivo de exclusión de la primera línea del canon suele ser el género. Al menos dos literatas filipinas de la época han merecido el reconocimiento de la crítica y el público: Adelina Gurrea y Evangelina Guerrero Zacarías. La primera, ganadora del premio Zóbel en 1935, la segunda en 1955, la una narradora y la otra poeta en verso y en prosa, amén de periodista. De Adelina Gurrea incluimos, gracias a la cesión de derechos por parte de sus descendientes, la compilación Cuentos de Juana, según la edición de Clásicos hispanofilipinos preparada por Beatriz Álvarez Tardío. De Evangelina Guerrero el poemario ganador del Zóbel Kaleidoscopio espiritual.

Una obra más escrita por una mujer: Filipinas en el camino de la cultura, la tesis doctoral que Inés Villa Suico presentó en la Universidad Central de Madrid en 1932, que ganó el premio Zóbel en el mismo año y que a pesar de no ser literaria sino más bien expositiva, como otras de las obras que se han mencionado, contribuye al objetivo de comprender la historia cultural de Filipinas y sus vínculos con el hispanismo.

La temática y el estilo también determinan la inclusión en la primera fila de los escritores nacionales. En el caso de Isidro Marfori sus poemas de exaltación hispana y su inspiración más romántica que modernista hicieron que sus poemarios Aromas de ensueño y Sonetos no suscitaran el interés que podrían haber tenido en otro contexto. Por otro lado, Isaac Donoso explica en el artículo «Crónica de filipinas en la poesía de Zoilo Hilario» el interés de la poesía de Hilario y su posicionamiento en el ranking de la literatura filipina. En este catálogo hemos incluido sus tres obras: Adelfas (de la lira filipina), Patria y redención e Himnos y arengas, un volumen compilado póstumamente por sus familiares[34].

Si a estos autores les sumamos al exmilitar José Hernández Gavira y su libro Mi copa bohemia de 1937, tenemos el grueso de esta primera selección de escritores introducida en la biblioteca virtual. Evidentemente faltan muchos: la obra podría ser ingente. Incluso el libro de referencia que hemos usado de Luis Mariñas, el último que hace una clasificación sistemática y bastante completa en cuanto a autores incluidos del fenómeno de la escritura filipina en español, incluye muchos más. Esperamos poder ir subiendo progresivamente más obras y autores, rescatándolas de bibliotecas.

Si no se ha incluido, por ejemplo, a Benigno del Río, o autores más recientes como Guillermo Gómez Rivera o Espino Licsi, u otras obras de Antonio Abad como su hito La oveja de Nathan, o de Adelina Gurrea, ha sido por cuestión de derechos de autor. A otros los hemos dejado para más adelante para poder tener un corpus inicial con el que empezar a trabajar que incluyera los textos básicos que aparecen en la mayoría de antologías. Cualquier antología es, por supuesto, discutible, pero esta es, creemos, coherente con nuestros objetivos y tenemos la tranquilidad de que está en expansión.

La literatura filipina en español hoy

Ninguna de las obras sobre literatura filipina en español, por breves que sean, dejan de lado una sección que tienda puentes entre los últimos hitos literarios o quizás estertores, con el presente, y no va a ser esta breve introducción menos, aunque francamente, desde la Segunda Guerra Mundial hay poco, muy poco de literatura filipina en español, y como ya hemos indicado, no se podrá incluir de momento en este catálogo al estar aún vigentes los derechos de autor de las obras.

Dos volúmenes relativamente recientes se han dedicado a compilar las últimas producciones en español en el archipiélago: el ya mencionado librito de Donoso y Gallo, Literatura hispanofilipina contemporánea es mitad estudio y mitad antología y afirma que esta literatura está viva aunque continúe como siempre, como literatura marginal. Incluye principalmente poetas como Daisy López y Guillermo Gómez Rivera, ambos con poemarios recientemente publicados en la colección Oriente de Ediciones Moreno Mejías, y al ya veterano dramaturgo Edmundo Farolán Romero[35]. Se menciona muy someramente a un autor fallecido en 2011, que sin embargo tiene una obra poética en castellano bastante amplia -o bastante más amplia que el singular volumen publicado que tienen muchos de los que sí se estudian en más profundidad-. Me refiero a Federico Espino Licsi, que incluso llegó a ganar el premio de poesía Ramón de Basterra en Bilbao en 1977 y a tener sus poemas publicados en España[36].

El segundo volumen es el editado por Jaime B. Rosa Lo último de Filipinas, y es exclusivamente una antología poética, ni siquiera exclusivamente de literatura filipina en español: incluye poesía en tagalo y en inglés en traducciones al castellano, e intenta ofrecer una panorámica de lo que es la literatura en Filipinas[37]. A diferencia de lo que ocurre en el mundo real, en esta peculiar visión de la escena literaria filipina los poetas en español son más que los poetas en tagalo y muy pocos coinciden con la selección de Donoso y Gallo. Casi todos proceden de círculos universitarios o del Instituto Cervantes como es el caso de Wystan de la Peña y Macario Ofilada respectivamente.

En la mayoría de los casos se trata de escritores cuya lengua natal no es el español -a pesar de su dominio- y que por razones de diversa índole abogan por la necesidad de la permanencia cultural de dicha lengua. No queda mucho más: el español se ha acabado relegando a estos espacios, e incluso dentro de los espacios académicos se ve cada vez más mermado. Hoy en día, en la única universidad del país en la que existe la carrera de filología hispánica tan solo se ha matriculado un alumno nuevo, entrando los estudios en franca decadencia frente al pujante francés o al alemán. La herencia cultural, sin duda, ya no pesa tanto en el estudio del español como las perspectivas laborales que restituyan lo invertido económicamente en la formación.

Rocío Ortuño Casanova
Profesora del Departamento de Lenguas Europeas de la Universidad de Filipinas
University of the Philippines Diliman

[1] Mariñas, Luis, Literatura filipina en castellano, Madrid, Editora Nacional, 1974.

[2] Donoso, Isaac y Gallo, Andrea, Literatura hispanofilipina actual, Madrid, Verbum, 2011.

[3] Donoso, Isaac, «Ensayo historiográfico de las letras en Filipinas», Transmodernity, 4.1 (2014), pp. 7-23.

[4] Sueiro Justel, Joaquín, «La política lingüística española en Filipinas: La polémica de la expansión del castellano», en Historia cultural de la lengua española en Filipinas: ayer y hoy, Madrid, Verbum, 2012, pp. 235-252.

[5] Ibidem, p. 236.

[6] Mojarro Romero, Jorge, «Prólogo», en Kalaw, Teodoro, Hacia la tierra del zar, Sevilla, Renacimiento, 2014, pp. 8-9.

[7] Quilis, Antonio, «La lengua española en Filipinas y Guinea ecuatorial», Ensayo: Boletín informativo fundación Juan March, 225. Lengua española, VIII, p. 6.

[8] Álvarez Tardío, Beatriz, «El privilegio de subvertir la literatura hispanofilipina», Transmodernity, 4.1 (2014), pp. 47-49.

[9] De la Peña, Wystan, «The Spanish-English Language “War”», Linguae et Litterae, IV-V (2000), pp. 6-28.

[10] Ortuño Casanova, Rocío, «Dime a quién incluyes y te diré quién eres: antologías de literatura filipina en español en el régimen de Ferdinand Marcos», en Laín Corona, Guillermo y Oaknín, Mazal (eds.), Literatura política y política literaria en España. Del Desastre del 98 a Felipe VI, Oxford, Peter Lang, 2015, pp. 65-94. Para una mayor profundización en este tema y en la consideración actual de la literatura filipina en español en Filipinas, véase op. cit., Donoso, «Ensayo historiográfico de las letras en Filipinas», pp. 10-12.

[11] Ortuño Casanova, Rocío, «Dime a quién incluyes y te diré quién eres: antologías de literatura filipina en español en el régimen de Ferdinand Marcos».

[12] Acerca de este libro y de su autor puede interesar el siguiente artículo: García-Abasolo, Antonio y Pérez Alcalá, Rosario, «Antonio de Morga. La visión de Filipinas de un magistrado sevillano del siglo XVI», en Actas del Segundo Congreso de Historia de Andalucía, Andalucía y América, Córdoba, 1994, pp. 66-78.

[13] Op. cit., Mariñas, p. 23.

[14] Mojarro Romero, Jorge, «Notas en torno a tres crónicas eclesiásticas hispanofilipinas del siglo XVIII», Transmodernity, 4.1 (2014), pp. 100-111, y Sánchez Fuertes, Cayetano, «Siete poetas hispano-filipinos», Transmodernity, 4.1 (2014), pp. 67-99.

[15] Retana, Wenceslao E. Filipinas, El precursor de la política redentorista. Breves comentarios a un libro raro, s. n., s. p., 1894.

[16] Op. cit., Mariñas, p. 27.

[17] Schumacher, J. N., «The authenticity of the writings attributed to Father José Burgos», Philippine Studies, vol. 18, 1 (1970), pp. 3-51. http://philippinestudies.net/ojs/index.php/ps/article/download/2092/5118.

[18] Donoso, Isaac, «Sociolingüística histórica del español en Filipinas», en Historia cultural de la lengua española en Filipinas: ayer y hoy, Madrid, Verbum, 2012, pp. 325-384.

[19] Op. cit., Mariñas, p. 31.

[20] García Castellón, Manuel, «Lengua y letras hispánicas en Filipinas. Síntesis histórica y elegía», en Elizalde Pérez-Grueso, María Dolores (ed.), Entre España y Filipinas: José Rizal, escritor, Madrid, Biblioteca Nacional, 2012, p. 123.

[21] Cano, Glòria, «La Solidaridad y el periodismo en tiempos de Rizal», en Elizalde Pérez-Grueso, María Dolores (ed.), Entre España y Filipinas: José Rizal, escritor, Madrid, Biblioteca Nacional, pp. 171-201.

[22] Lifshey, Adam, The Magellan Falacy, Ann Arbor, Michigan University Press, 2012, pp. 25-69.

[23] Exposición sobre José Rizal en la Biblioteca Nacional de España (Madrid, 29 noviembre 2011-12 febrero 2012).

[24] Op. cit., Mariñas, p. 38.

[25] Gómez Rivera une esta a la anterior etapa de los escritores nacionalistas y las llama en conjunto «etapa de plenitud» en su «Breve historia de la literatura filipina» en Revista Filipina, Primavera de 2001.

[26] El exembajador español en Manila achaca el nombre a cierta arrogancia de los propios autores al afirmar: «Existió (…) una literatura filipino-hispana, resultante de una tradición que nació y creció (…) y continuada en el medio siglo siguiente, con lo que algunos de sus escritores componentes llamaron etapa "de oro" y los que no formaron parte de ella titulan sencillamente "Contemporary Prose in Spanish" y "Contemporary Poetry in Spanish"». Ortiz Armengol, Pedro, Letras en Filipinas, Madrid, Dirección general de relaciones culturales y científicas, Ministerio de Asuntos Exteriores de España, 1999, p. 248.

[27] Op. cit., Mariñas, p. 53.

[28] Ortuño Casanova, Rocío, «La representación de España en la poesía filipina en castellano de la época de ocupación americana: idealización, exotización y diferenciación», Transmodernity, 4.1 (2014), pp. 154-167.

[29] El premio Zóbel es un galardón otorgado a literatura filipina en español, que se entregó, con excepción de algunos años, entre 1921 y 2000. Su historia y un resumen de las vidas y las obras de los galardonados se recogió en 2001 en el volumen 81 años de premio Zóbel de Lourdes Castrillo Brillantes.

[30] Op. cit., Mariñas, p. 65.

[31] Donoso, Isaac, «Crónica de Filipinas en la poesía de Zoilo Hilario», Kritica Kultura 20 (2013), pp. 205-231 y Ortuño Casanova, Rocío, op. cit.

[32] Un artículo reciente del periódico ABC nos recuerda este hecho: «Manila, la víctima olvidada de la Segunda Guerra Mundial», ABC, 26 de octubre de 2013.

[33] Op. cit., Ortuño Casanova, R., «Dime a quién incluyes y te diré quién eres: antologías de literatura filipina en español en el régimen de Ferdinand Marcos».

[34] Donoso, Isaac, «Crónica de Filipinas en la poesía de Zoilo Hilario», Kritica Kultura 20 (2013), pp. 205-231.

[35] En realidad los tres autores mencionados han publicado en esta colección dirigida por Andrea Gallo. Sus libros son: López, Daisy, En la línea del horizonte, Colección Oriente, Sevilla, Ediciones Moreno Mejías, 2009. Gómez Rivera, Guillermo, Con címbalos de caña, Colección Oriente, Sevilla, Ediciones Moreno Mejías, 2011. Farolán Romero, Edmundo, Hexalogía teatral, Colección Oriente, Sevilla, Ediciones Moreno Mejías, 2011.

[36] Sobre este autor se puede consultar: Ortuño Casanova, Rocío, «Espino Licsi vs. Licsi Espino: Cantos a la cultura española desde Filipinas», Bulletin of Hispanic Studies, 93:1, pp. 81-98.

[37] Rosa, Jaime B., Lo último de Filipinas. Antología poética, Madrid, Huerga y fierro, 2001.