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Marta Brunet

Recepción crítica

Por Berta López Morales

Privilegios y desencuentros

Retrato de Marta BrunetHan transcurrido aproximadamente treinta años desde la muerte de Marta Brunet y más de setenta desde la aparición de su primer libro, Montaña adentro; igual cantidad de años nos separan de aquellas primeras repercusiones, ecos, aplausos y/o pifias que rodearon la aparición de éste y de sus otros libros posteriores. ¿Qué tuvo de notable esta chillaneja precoz, que hace noticia en el ámbito nacional e incluso internacional, a partir de 1923, considerando su extremada juventud, la casi nula figuración de las mujeres en actividades artísticas y culturales en los comienzos del siglo y la crisis que parecía atravesar la creación literaria chilena, la cual, en búsqueda de su identidad intentaba enraizar en el campo, en lo vernacular y en lo criollo?1.

Estas tres consideraciones explican el éxito de las primeras obras de Marta Brunet, pues ninguno de los críticos que comentaron Montaña adentro dejó de mencionar la juventud de la autora, no porque este hecho en sí fuera importante, sino por la maestría que una tan novel creadora exhibía2 frente a otros escritores más experimentados. Estos comentarios destacan el manejo brillante que la autora hace del lenguaje, la concisión del estilo, la precisión y exactitud del idioma3. Sin embargo, lo mismo que despertó el aplauso sirvió para fustigar el estilo de su segunda novela, Bestia dañina: no hay un arte refinado, exquisitez y vibración verbal, donde el apresuramiento de la construcción novelesca resta a las palabras una vida propia, tan característico en el estilo de Marta Brunet4: La desenvoltura narrativa fue otro de los aspectos que atrajo la atención de los críticos, pues la escritora evidenciaba un profundo conocimiento de la realidad y de la vida de nuestros campos; sin complacencia y con un desapego que otorgaba fuerza y verdad al mundo novelesco creado por ella, fue capaz de proyectar su obra más allá de lo puramente localista hasta alcanzar dimensiones universales, sobre todo a partir de Humo hacia el sur y posteriormente en María Nadie, La mampara y Amasijo.

Portada de «María Nadie»El paso de los años profundizó el talento de Marta Brunet y la convirtió en maestra de la prosa, al margen de los deslices, descuidos e incluso decadencia que algunos críticos han señalado en relación con estas últimas obras. Felizmente, las críticas y comentarios sobre estas novelas son contradictorios; así lo que para unos delata maestría que no es necesario encarecer5, en otros, el perfeccionamiento del estilo resta el brillo y la frescura de sus primeros libros6; o cuando alguien se apresura a subrayar el escaso poder creador y el aporte artístico muy pequeño que María Nadie representa para las «letras de su patria»7, otros sostienen que esta sintetiza los mejores atributos de su obra anterior8. Tampoco son raros los juicios irónicos que relacionan el «ser chileno» y la chilenidad de la obra de Marta Brunet: visión objetiva de la vida [...] con una especie de desgano realista [...] sensibilidad muy especial que va de lo cursi a lo bello, de lo delicado a lo soez, de lo cómico a lo trágico..., atributos de lo chileno y uno de los defectos más serios en la prosa de Marta Brunet9.

En síntesis, el transcurso del tiempo ha confirmado los juicios positivos que saludaron sus primeras novelas, y el Premio Nacional de Literatura conferídole en 1961 ha resultado el espaldarazo final de aquella promesa juvenil.

La segunda consideración que se ha de tener presente en la revisión de la crítica sobre la obra novelística de Marta Brunet se relaciona con la escasa participación de las mujeres en las actividades creativas, artísticas y culturales de comienzos de siglo: parece la obra de un hombre, pero de un gran talento, que conoce a fondo la lengua castellana y al mismo tiempo el lenguaje popular chileno, habiendo confesado previamente, que comenzó a leer no sin prejuicio: comencé a leer con el ánimo preparado para varias impresiones desagradables: lo artificial del tema, la carencia de observación y conocimiento de la vida, la pobreza del lenguaje, lo amanerado y dulzón del estilo. Me imaginaba un libro de señorita inteligente que tiene medios para hacer una edición para reconocer que pese a sus aprehensiones, No pudo soltar el libro mientras no doblé la última página y concluir que hay en toda ella un vigor de concepción y ejecución que son fundamento de un trabajo de arte sin sexo de autor y para insistir de manera conclusiva que Este es un escritor; no una escritora, aunque sea una dama10. Los juicios negativos al respecto son prácticamente inexistentes y casi todos los críticos hacen hincapié en una suerte de virilidad manifiesta en su escritura y como garantía de su calidad, Alone afirma que: Marta Brunet podría definirse un Baldomero Lillo que sabe escribir y que Por su frase rápida, nutrida de hechos, limpia de inciso, directa, clara, franca, por su horror a las disgresiones inútiles y a las vagas languideces femeninas, por su magnífica realidad [...] por su perfecto equilibrio de proporciones y hasta cierta libertad viril en la ironía de la autora [...] recuerda muchas cualidades del escritor francés que ha llegado más cerca de la absoluta perfección: Guy de Maupassant. Su elogio lo lleva a afirmar categóricamente que: No conocemos ningún escritor nacional de quien pudiera decirse otro tanto11.

Sin embargo, hubo otros críticos que vislumbraron en la narrativa de Marta Brunet una sensibilidad femenina, distinta de la masculina, y patente en el protagonismo de la mujer en todas sus novelas, para Guillermo de Torre12 los hombres que en ella aparecen solo están vistos desde el lado de la mujer, en función de ella, como sus reflejos mentales creando un universo femenino [...] que solo una sensibilidad de mujer sabe captar. Rodríguez Monegal13 comparte esta visión, pero no un universo femenino por su blandura o muelle sensualidad sino porque La mujer es, en sus relatos, un ser poderoso y entero: es capaz de soportar la traición o la violencia, capaz de ser burlada y rescatar, completa, su virtud, capaz de entregarse con profundo devoción. No es un ser tallado de una sola pieza, solo paciente y sufrida superficie. Hay también quien señala un incipiente «feminismo» en la obra de la escritora que se manifiesta en la intención de vengar el vejamen ancestral de la hembra sorprendida en su buena fe14, a través de la temática de sus primeras novelas. Aunque las interpretaciones pueden ser divergentes, lo cierto es que, a partir de Humo hacia el sur, la crítica coincide en señalar como aciertos de la obra de Marta Brunet la creación de personajes femeninos con rasgos más universales y perdurables: Hay una intensidad de caracteres sellada en cada uno de los personajes [...] Su penetración en cuanto a las figuras masculinas, no declina [...] las personas, el paisaje y los lugares están descritos con esa breve minuciosidad de los monogramas, de las miniaturas bordadas15, para Rossel16 La gris vida pueblerina se anima de interés por la manera cómo Marta Brunet trama la urdimbre del relato, poniendo en movimiento las pasiones lugareñas y perfilando a los personajes más connotados del pueblo, quienes sobreviven al relato. Para Lillo17 el don de interpretación sicológica, escaso en la literatura chilena, casi toda ella descriptiva, hace entender porque fue premiada como el mejor libro del mes en Argentina por un jurado compuesto por Enrique Amorim, Adolfo Bioy Casares, Ricardo Baeza, Pedro Henríquez Ureña y Jorge Luis Borges.

Retrato de Marta BrunetCon respecto a María Nadie Silva Castro18 afirma que la literatura chilena parece abrir la pista a la novela propiamente femenina, a la cual, por la varonilidad de su talento, Marta Brunet hasta hoy parecía poco inclinada. Como puede observarse, la obra de Marta Brunet fue juzgada con cierta miopía que llevó a privilegiar aquellos aspectos que rompían con los supuestos implícitos de lo que podía ser una escritura femenina, con las expectativas nacidas de los prejuicios y contradictorias con los resultados estéticos de su creación. De este modo, no es extraño que la crítica haya descuidado referirse a su concepto de lo femenino, a los elementos que conforman el mundo cotidiano de la mujer y toda la problemática que la involucra, tanto en sus relaciones con la sociedad como con la naturaleza, privilegiando -como ya se ha señalado- su peculiar estilo, su concisión y su manejo del idioma como atributos de una concepción casi varonil del acto creador.

Finalmente, es necesario considerar en la recepción de la obra de la escritora chillaneja el papel que desempeñan las escuelas y tendencias en los actos creadores, la participación de los intelectuales en la definición de la identidad cultural de un país y la adhesión de estos hacia determinadas ideas, elementos que determinan y orientan la obra del escritor en la mostración del mundo. Marta Brunet no estuvo ajena a las preocupaciones de su época y por esta razón se le ha otorgado a su quehacer literario el calificativo de criollista19. Según algunos, injustificadamente, dado que recoge una profunda y radical experiencia humana20 o porque sus primeras novelas, Montaña adentro, Bestia dañina y María Rosa, flor del Quillén, marcan el tránsito desde lo vernacular hasta lo universal, hasta la estilización artística (de Torre, 1953) aunque no por ello, exenta de resabios localistas, característicos de una literatura que se quiso nacional, propia, autóctona, genuina, etc. En esta perspectiva, los comentarios tendieron a encasillar a la escritora en este proyecto generacional, subrayando lo más representativo de un quehacer que intentaba rescatar, como solicitaba Emilio Vaisse, los temas de Chile, sus tipos humanos y su paisaje. En este sentido, son frecuentes las afirmaciones que enfatizan la peculiar descripción que Marta Brunet hace del paisaje: el río charla y coquetea. Los árboles deliberan o ríen. El viento es burlón. Animismo puro21, u otras que resaltan el carácter genuinamente chileno de su obra, porque en ella está presente el alma popular con sus sombrías pasiones, sus fatalidades, su poder de resistencia para el trabajo y para el sufrimiento, sus amores silvestres y sus traiciones medio inconscientes, sus crueldades, sus venganzas y sus sacrificios generosos...22. Pero del mismo modo que la temática de su obra concita el aplauso, también despierta la animosidad y el rechazo; las limitaciones propias de seres sin educación ni cultura, como los huasos y labriegos que pueblan el universo novelesco de Marta Brunet, resultan en falencias de la novela. Esa gente de instintos salvajes, supersticiosa, ignorante, fatalista, más o menos estúpida, acaba por fastidiar y nos embrutece, lo que hace a Pedro Nolasco Cruz23 recomendarle a la autora que se ejercite en asuntos más elevados.

La contradicción que se advierte en la valoración de la obra de Marta Brunet reproduce entre los críticos la polémica entre criollistas e imaginistas y constituye una de las variables que enmarca la recepción de la narrativa de la época. Sin embargo, esto no significa que su obra pueda considerarse transgresiva del código literario-narrativo dominante en Chile durante este período, por el contrario, ella cumplía con las exigencias de la norma literaria vigente en términos de mostrar la realidad rural, los personajes típicos de ella, el paisaje y la naturaleza; incluso realizaba la misión extraestética de dar a conocer y enseñar lo propio y distintivo de nuestro país. Pero, como afirma Morello24, a este criollismo ella aporta nuevos motivos, aplica una sutileza de ahondamiento psicológico y una propia medida en el aprovechamiento estético del medio, vale decir, del paisaje.

Por otro lado, teniendo en cuenta la precocidad de Marta Brunet para la creación de una obra «madura» como lo fue Montaña adentro, cabía esperar una evolución en su proceso creador, el cual habría cristalizado en su última novela Amasijo (1962) que lejos de recibir el aplauso unánime, coloca en discusión la capacidad de la novelista para alejarse de sus temas habituales, pues la autora parece no haber podido superar su Montaña adentro, que escribió cuando sólo tenía veintidós años25. Pero también, el criollismo, al que adscribiera la escritora, constituye el eje desde el cual se valora su reciente obra que marcaría la culminación de una trayectoria de relevantes méritos humanos y artísticos y tratándose del valor más alto que tiene nuestra literatura criollista o vernácula a través de toda su historia, no hace más que confirmar su sólido prestigio, en palabras de Miguel Ángel Díaz26; olvidando que en Amasijo, Marta Brunet incorpora el tema ciudadano y una problemática muy contemporánea, donde lo único persistente sigue siendo la gravitación de los personajes femeninos en el universo novelesco creado por la escritora; para Eleazar Huerta el protagonista resulta sólo aparente, se reduce a señuelo técnico y a campo de batalla de los seres fuertes que lo van determinando, mujeres todos: Lina, su madre; Benedicta, su ama de llaves; Teresita, su conocida del parque27.

La época fue capaz de reconocer los méritos de la obra de Marta Brunet en función de los parámetros ya señalados: en la medida que sus primeras obras eran el fruto de una escritora novel e inexperta, concitó las alabanzas por el rigor del lenguaje, por su adjetivación precisa, por su objetividad e impersonalidad en la narración y por la fuerza dramática que emana de ellas. En general, se valora el estilo de la novelista, que en sus obras posteriores se reafirma y consolida hasta ser reconocida por ello como una de las mejores novelistas chilenas. En cuanto a la apreciación de su obra en la perspectiva de una literatura femenina, mayoritariamente, esto no se consideró y si lo fue, sólo se señaló en forma tangencial y sin relevancia para una eventual interpretación de su obra. Recuérdese la calificación de su prosa como arte de hombres por la reciedumbre de su arquitectura y la no pertinencia del género en la creación artística. Del mismo modo, su galería de personajes femeninos que alcanzan dimensiones universales fue observada bajo el prisma del criollismo en boga y como una leve insinuación de denuncia social, en un modo signado por la fatalidad y la resignación.

Como era de esperar, los privilegios están acaparados por la norma literaria en vigencia y la fidelidad de las obras en la ejecución de las reglas del código. En esta perspectiva la crítica destacó los elementos que en la obra de Marta Brunet tendían a la creación de una literatura nacional, tales como el habla popular del campo, la idiosincracia del campesino, el énfasis en el paisaje, advirtiendo la originalidad de una obra impregnada de un criollismo personalísimo, de un paisaje humanizado28. Así, no es raro que el universo femenino al que alude Rodríguez Monegal haya sido postergado y su sentido supeditado a la potenciación de una literatura que buscaba identificar al lector con sus raíces. Sin embargo, la escritora no nos ha pintado el falso huaso, lleno de colorines y dicharachos, héroe de topeaduras y de cuecas, caballero heroico del corvo, sino que penetra en una realidad más dura y descarnada: el huaso, el campesino que sufren su tragedia, pero captada con honda capacidad comprensiva29. Sin lugar a dudas, los desencuentros con la obra de Marta Brunet son producto del horizonte de expectativas de la época, pero el balance es ciertamente positivo a la hora de rescatar como juicio unánime que su narrativa constituye una superación del criollismo tradicional y de sus técnicas para erigirse, aun desde el rincón, en obra de valor universal.

Efectos y defectos de lectura

Portada de «Reloj de sol»La revisión de la crítica en torno de la novelística de Marta Brunet nos lleva a reflexionar sobre el papel que desempeñan las condiciones histórico-sociales en la recepción literaria, determinado de este modo, efectos y defectos sobre las múltiples lecturas de un texto literario dado. ¿Es posible que la narrativa de Marta Brunet haya contribuido al conocimiento de la realidad del campo chileno, del lenguaje popular campesino y/o de las bellezas naturales de nuestro país? ¿Es lícito concluir que el valor de sus obras reside en la plasmación del «alma chilena», si la «chilenidad» es un concepto que continuamente desborda su propia definición? Incluso ¿se puede atribuir a la lectura de un texto el que sus eventuales lectores realicen una acción consecuente con los problemas allí planteados, como ocurrió con Emilio Vaisse?30.

Es probable que estas interrogantes nazcan de las funciones que tradicionalmente se le han asignado a la literatura en el plano del compromiso social, rodeando su entorno de misiones extraestéticas y extraliterarias que facilitan lecturas situadas31. En la práctica, la crítica periodística oficial ha operado, muchas veces sin proponérselo, sobre esta base y con un claro predominio de criterios miméticos sobre todo en la época en que las obras de Marta Brunet fueron publicadas. Además, puesto que el proceso de recepción implica, de parte del lector, un reconocimiento del código como condición necesaria para la comprensión e interpretación del texto, no resultan raros los efectos de lectura interesados más en la realidad extraliteraria que en la obra misma. Un especial énfasis en la exaltación de los valores nacionales, por ejemplo, utiliza el arte de la escritora como pretexto para mostrar los defectos de su generación literaria y, en general, de los escritores nacionales a los que se acusa, entre otras faltas, de ignorar su propia literatura, de formar su ideario estético con burdas traducciones de escritores foráneos [...] Nuestros escritores jóvenes desdeñan lo nacional sin juicio discriminativo [...] Una generación literaria que carece de este conocimiento y amor a lo nativo, a lo criollo, frústrase en sus proyecciones nacionales32. El diagnóstico citado de Cuadra Pinto sobre la creación literaria de la época exime a Marta Brunet de sus negativas apreciaciones, por cuanto la considera uno de los auténticos valores de nuestra literatura, cuyas obras sirven de fundamento para creaciones posteriores33; pero, equivocado o no, lo cierto es que en su comentario subyace la intención de promover una canonización del estilo, de la temática y ¿por qué no? de la forma narrativa de la escritora.

El encasillamiento de Marta Brunet dentro del criollismo permitió, también, la exclusión silenciosa por la crítica de otras obras que se apartaban de sus temas habituales. Es así como La mampara, publicada en Buenos Aires en 1947, tuvo escasa repercusión dentro de la crítica periodística del país. Habrían de transcurrir cuarenta años y con motivo de la reedición de la novela por la editorial Universitaria en 1987, para que la crítica se pronunciara sobre ella. Desgraciadamente, los comentarios son parcos, breves reseñas que insisten en su actualidad y vigencia sin profundizar en la razón de tales afirmaciones. En algunos casos, la reedición de La mampara sirvió para referirse a la biografía de la escritora: Para la provincia de Ñuble es especialmente grato recordar a Marta Brunet nacida en Chillán en agosto de 1897. Fue una buena escritora desde muy joven. A Montaña adentro, una novela corta publicada en 1923, siguieron Bestia dañina, novela y Don Florindo (sic), cuentos; María Rosa, flor del Quillén, Bienvenido, novelas y finalmente Reloj de sol, cuentos34. El comentarista Armando Guerra añade otros datos bio-bibliográficos y enseguida repite los juicios de Hugo Montes en su prólogo a dicha edición: El crítico Hugo Montes califica este libro como "una novela de personajes". Esto lo anota la presentación editorial. Tres son las mujeres de esta obra: la madre y dos hijas. Al comienzo la condición acomodada, más tarde pasan a la pobreza. Una pobreza caracterizada por ser celosamente guardada por la madre, que se esmera en mantener a una de las hijas en una "falsa situación", puertas adentro. [...] Son dos mundos diferentes y lejanos, separados simbólicamente por la mampara de la casa. Aquí la pobreza, allá la abundancia35. Compárese lo citado anteriormente con el comentario aparecido en el diario La Segunda, en su sección «Ficha literaria», La mampara es una novela de personajes: tres son los principales: El lector conoce a una madre y sus dos hijas, que luego de vivir tiempos de opulencia, caen en la pobreza. (...) Son dos mundos completamente opuestos, que Marta Brunet simboliza en la mampara de la casa. Aquí, la pobreza; allá, la abundancia36. Como puede observarse las ideas y redacción son similares, lo cual demuestra descuido y hasta desinterés hacia la obra comentada. Si bien, la crítica se considera como orientadora para los lectores, habría que señalar cierta ligereza en estas apreciaciones que más bien resultan una especie de relleno en los espacios periodísticos dedicados a la literatura. Tomemos otro ejemplo; en la reseña publicada por la revista Atenea, Hugo Montes a propósito de La mampara dice: La escritora nació hace 90 años, en 1897. Con coquetería muy femenina y comprensible, se las arregló para que los historiadores la hicieran nacer en el filo del siglo. La dura historia, sin embargo, se impone. Sí, hoy sería una anciana37. Más adelante se refiere a la feliz confluencia entre literatura y diplomacia que en algún período de la historia de Chile hizo figurar en cargos diplomáticos a escritores como Gabriela Mistral, Benjamín Subercaseaux, Díaz Casanueva, Pablo Neruda, Guzmán Cruchaga, Marta Brunet38, concluyendo que es necesario divulgar más sus libros: Las Obras Completas, de Zig-Zag están agotadas. Con el sello de Andrés Bello apareció tiempo atrás Montaña adentro. Y ahora la editorial Universitaria publica con gusto, acertadamente, La mampara, novela breve de la mejor calidad39. Si bien es cierto, Montes señala implícitamente la necesidad de una reedición de las obras completas de la escritora, que se encontrarían agotadas, su comentario sobre La mampara es casi nulo comparado con los aportes en su prólogo a esta edición, la que sirvió -como se ha señalado- de sustrato y fundamento a la mayoría de los críticos que opinaron sobre la novela. Dicho de otra manera, la lectura de La mampara generó (d)efectos que distorsionan incluso los objetivos de la crítica de libros. Cabe suponer, entonces, que esta novela no logró una real acogida, que su lectura fue defectuosa y que el horizonte creado en torno a la producción de Marta Brunet, la dejó a la deriva y en el desconocimiento del público mayoritario.

Portada de «Humo hacia el sur»Con Amasijo ocurrió algo similar, en el sentido de la escasez de crítica que suscitó y en la resistencia de los críticos a aceptar su incursión en nuevos temas: Sin embargo, el tema ciudadano, borrosos, desyuntado, no cuadra a su temperamento, sobre todo como ella lo trata, apoyándose en una temática bastante alejada de la realidad, casi siempre buscando criaturas de excepción, convencionales, demasiado ficticias40. Ni siquiera la proximidad con el galardón recién otorgado, como lo fue el Premio Nacional de Literatura que recibió en 1961 consiguió mayor atención para Amasijo y como nuevas inquietudes se perfilaban en los comienzos de la década, vale decir, democratización de la sociedad, difusión del marxismo-leninismo, la revolución cubana, etc., no es de extrañar la crítica parcial recibida: La última parte de la novela -cuyo desmoronamiento es advertible en su mitad- incide demasiado profundamente en describir algunas particularidades del pueblo chileno -"de los barrios bajos", como ella dice- con un inequívoco desdén, desde el Olimpo de su cultura. Todos son seres de baja y malignas pasiones, de un servilismo extremo, que va desde una irrestricta entrega mercantil a una obsecuencia ilimitada ante el personaje poderoso. Todo ello es falso y sólo demuestra el desconocimiento de la autora del medio que trata de reflejar41. La cita anterior refleja una vez más como la recepción es influida por las condiciones histórico-sociales, lo que lleva a postergar mucho de los sentimientos en latencia de la obra, obligando a un texto a mostrar un sistema de valores que no corresponde a está lejos de la realidad novelesca, porque Ossa sólo intenta mostrar que el desconocimiento, los prejuicios (supuestos) de clase de la autora la han llevado a mostrar de manera negativa a sus personajes de los barrios bajos y por lo mismo ...se siente más cómoda, más asentada cuando describe los ambientes de la alta burguesía. Por lo demás, tampoco existe mucha fidelidad en el retrato que hace en la novela de la clase dirigente42, concluyendo que toda la novela es solo un intento frustrado de la autora por salirse de sus habituales temas que lindan en el criollismo43.

Sin embargo, artículos posteriores reflejan menos distorsiones en el enfoque de la obra de Marta Brunet. Es probable que la perspectiva del tiempo y el poder acceder al conjunto de ella, hagan posible un mejor acercamiento y una valoración más exacta. En efecto, Carlos Morello ha propuesto dos etapas en la creación de Marta Brunet, la primera llamada criollista abarcaría desde Montaña adentro, Bestia dañina, María Rosa, flor del Quillén, Bienvenido y Reloj de sol. La segunda comenzaría con La mampara, luego Humo hacia el sur, Raíz del sueño, María de Nadie y, finalmente, Amasijo44. Esta división abre nuevas posibilidades en el estudio de la novelística y de la obra, en general, de la escritora. Por otra parte, Miguel Ángel Díaz en un artículo «Vida y obra de Marta Brunet» encuentra en Amasijo una raíz común para todos los personajes de sus novelas: Hay, sin embargo, un elemento común entre Julián García y los anteriores sujetos de la creación novelesca de Marta Brunet. Este elemento es la soledad, tema fundamental de su obra. No es pura casualidad que el personaje más amable forjado en sus libros se llame "Solita, sola". Julián García es también un solitario, un individuo espantosamente solitario45.

Es así, como estos enfoques más totalizadores y menos constreñidos por las circunstancias permitirían una corrección de los efectos provocados en la singularidad del momento en que las obras se publican y constituirían una real contribución para los estudiosos e investigadores de la obra de Marta Brunet.

1. La preocupación por destacar las peculiaridades de la chilenidad, a un centenario de la Independencia, subrayando las características geográficas, históricas, psicológicas, sociales y lingüísticas se observan en varias obras ensayísticas de ese tiempo: Nicolás Palacios, Raza chilena, Valparaíso, Imprenta y Litografía Alemana de Gustavo Schäfer, 1904; Tancredo  Pinochet, La conquista de Chile en el siglo XX, Santiago, 1909; los discursos de Luis Emilio Recabarren en Obras Escogidas, Santiago, Recabarren, 1965. Francisco Antonio Encina, Nuestra inferioridad económica: Sus causas, sus consecuencias, Santiago, Universitaria, 1955. Esta preocupación es recogida por los escritores, cristalizando en el criollismo, al que adhieren entre otros Mariano Latorre, Víctor Domingo Silva, Eduardo Barrios, Luis Durand, Marta Brunet, etc.

2. Raúl Silva Castro («Prosistas chilenos jóvenes, Marta Brunet», Atenea, Concepción, N.º 8, Año IV, 31 de octubre 31 de 1927, pp. 272-281) señala que Marta Brunet, siendo una principiante poseía condiciones de primer orden para la creación literaria. María de Villarino («La soledad y el sueño en las novelas de Marta Brunet», El Mercurio, Santiago de Chile, 15 de marzo de 1959) concuerda con la crítica anterior señalando que con Montaña adentro la autora alcanzaba a los veinte años una madurez de últimos límites en los dominios de la literatura. Madurez confirmada plenamente al publicar poco después Bestia dañina (1926) y María Rosa, flor del Quillén (1929), frente a otros escritores más experimentados. Estos comentarios destacan el manejo brillante que la autora hace del lenguaje, la concisión del estilo, la precisión y exactitud del idioma.

3. Fernando Durán, en «Montaña adentro» (El Mercurio, Valparaíso, 1 de octubre de  1978), artículo publicado después de medio siglo de la aparición de la novela subraya elogiosamente el manejo del idioma por la escritora y agrega a lo ya señalado en la cita, que escoge el sustantivo y el adjetivo justos eludiendo metáforas innecesarias huyendo de toda retórica que siempre acompañan los primeros pasos del escritor novel.

4. Raúl Silva Castro, Op. cit.

5. Victoriano Lillo, «Humo hacia el sur, novela de Marta Brunet», Arte y Cultura, Villa del Mar, Año 1, N.º 1, 1946.

6. María Carolina Geel, Siete escritoras chilenas, Santiago, Rapa-Nui, S. A., 1953, pp. 47-61.

7. Homero Castillo, «Marta Brunet, María Nadie» (Reseña), Revista Iberoamericana, Pittsburgh, N.º 45, 1958, pp. 182-186.

8. Milton Rossel, «Reencuentro con Marta Brunet», Atenea, Concepción, N.º 394, octubre-diciembre de 1961, pp. 3-13.

9. Arturo Torres Rioseco, «Marta Brunet», El Mercurio, Santiago de Chile, 16 marzo de 16 de 1958.

10. Carlos Silva Vildósola, «Montaña adentro», El Mercurio, Santiago de Chile, 13 de diciembre de 1923.

11. Hernán Díaz Arrieta (Alone), «Montaña adentro», La Nación, Santiago de Chile, 13 de diciembre de 1923.

12. Guillermo de Torre, «Prólogo», en Marta Brunet, Montaña adentro, Buenos Aires, Losada, 1953.

13. Emir Rodríguez Monegal, «Marta Brunet en su ficción y en la realidad», en Narradores de esta América, Montevideo, Alfa, 1962, pp. 139-146.

14. Luis Merino Reyes, «María Rosa, flor del Quillén», Atenea, Concepción, N.º 36, 1955, pp. 3-4.

15. Horacio Rega Molina, «Humo hacia el sur de Marta Brunet», El Mundo, Buenos Aires, 10 de junio 10 de 1946.

16. Milton Rossel, «Reencuentro con Marta Brunet», Atenea, Concepción, N.º 394, octubre-diciembre de 1961, pp. 3-11.

17. Victoriano Lillo,  Op. cit.

18. Raúl Silva Castro, «María Nadie, novela de Marta Brunet», Atenea, Concepción, N.º 378, diciembre de 1957, pp. 258-262.

19. Para los críticos e historiadores de la literatura es criollista toda obra en que se busca identificar, con rasgos inconfundibles, la vitalidad palpitante, ambientales e históricas de la realidad chilena íntegra (Luis Muñoz y Dieter Oelker, Diccionario de movimientos y grupos literarios chilenos, Concepción, Universitaria de Concepción, 1993, p. 86).

20. Fernando Durán, «Montaña adentro», El Mercurio, Santiago, 1 de octubre de 1978.

21. Robert Ferris Thompson, «Marta Brunet, un puñado de ecos», Pomaire, Santiago, N.º 6, 1957.

22. Carlos Silva Vildósola, Op. cit.

23. Pedro Nolasco Cruz, Estudios sobre literatura chilena, Santiago, Nascimento, 1940, pp. 203-207.

24. Carlos Morello, «Un acercamiento a la novela de Marta Brunet», Nueva Revista del Pacífico, Valparaíso, N.º 9, 1978, pp. 38-47.

25. Carlos Ossa, «Amasijo, novela de Marta Brunet», El Siglo, Santiago, 29 de julio de 1962.

26. Miguel Ángel Díaz, «Amasijo. Vida y obra de Marta Brunet», Occidente, Santiago, N.º 248, 1973, p. 17.

27. Eleazar Huerta, «Un libro esperado», El Mercurio, Santiago, 11 de agosto de 1962.

28. Luis Merino Reyes, «El criollismo de Marta Brunet», Atenea, Concepción, N.º 363-364, 1955, pp. 338-341.

29. Carlos Morello, Op. cit., p. 38.

30. En su artículo «Montaña adentro», Vaisse señala: [...] le diré que siento no poseer dos ejemplares de su novela porque de tenerlos uno iría a parar a manos del señor comandante de Carabineros. De todos los chilenos el que debe leer "Montaña adentro" con más interés es precisamente el jefe del "primero" San Martín, del más consumado bellaco que pisa las tierras regadas por el río Cautín (Op. cit.).

31. Entendida en el sentido definido por Mario Rodríguez: Entiendo por situación, el modo en que el analista se relaciona con los discursos críticos anteriores, los movimientos de atracción, vértigo o desasosiego que le suscita el texto enfrentado, la realidad cultural en la que uno se inscribe, casi siempre precaria, caótica e improvisada en América Latina, en otros términos, practicar aquella "crítica parcial" de la que habla Octavio Paz, no una disertación desinteresada, sino una exploración en lo que se es y, por tanto, una tentativa de autodefinición indirecta («Diario de muerte de Enrique Lihn: El deseo de la escritura», Acta Literaria, Concepción, N.º 18, 1993, pp. 25-26.

32. Fernando Cuadra Pinto, «Marta Brunet noveladora», Diario Ilustrado, Santiago de Chile, 9 de enero de 1949.

33. Ibid.

34. Armando Guerra, «La mampara de Marta Brunet», La Discusión, Chillán, 6 de noviembre de 1987.

35. Ibid.

36. Diario La Segunda, Santiago de Chile, 3 de agosto de 1987.

37. Hugo Montes, «La mampara. De Marta Brunet», Atenea, Concepción, N.º 456, 1987, p. 56.

38. Ibid.

39. Ibid.

40. Ossa, Op. cit.

41. Ibid.

42. Ibid.

43. Ibid.

44. Morello, Op. cit.

45. Miguel Ángel Díaz, Op. cit.