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Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) - EDI-RED

La edición en Colombia

A mediados del siglo XVIII, los jesuitas solicitaron permiso para llevar una imprenta a la Nueva Granada, un dato coherente con el papel preponderante de la Iglesia Católica en la difusión (y censura) de libros e impresos en el continente americano. Lo tardío de la fecha explica en parte las inmensas dificultades en el despegue de la actividad editorial en Colombia, marcado además por la escasez de recursos de la recién fundada República, que no permitía editar libros (Cobo Borda, 2000). En su lugar proliferaron las publicaciones periódicas y se establecieron algunas librerías que importaban volúmenes extranjeros.

Tres nombres señalan el comienzo de la actividad editorial colombiana a finales del siglo XIX y comienzos del XX: Jorge Roa, Germán Arciniegas y Arturo Zapata. Los tres trabajaron en la tarea de publicar la producción local y difundir la literatura clásica. El despegue de la industria gráfica se dio alrededor de tres empresas: Bedout, en Medellín (tipografía nacida en 1889); la librería Voluntad, en Bogotá (1928), que ante la imposibilidad de importar libros en los años treinta decidió montar sus propios talleres de impresión de libros escolares; y Carvajal (Cali, 1904), que se convirtió en el líder mundial del mercado en el campo de los libros infantiles animados (produjeron más de 2.400 títulos hasta el cierre de sus plantas a finales del 2001).

El Estado, insistente desde su fundación en el discurso de la educación, se apersonó durante la República Liberal (1930-1946) de la edición y difusión del libro entre una población mayoritariamente analfabeta. Aun hoy es un competidor relevante para la industria editorial privada. La Iglesia, por su parte, siguió siendo un agente editorial significativo en todas las regiones del país, pero a comienzos del siglo XX los gremios obreros y artesanos emprendieron campañas educativas que se tradujeron en la fundación de escuelas obreras, periódicos y bibliotecas públicas, no significativas por el nivel de cobertura sino por los procesos y políticas que promovieron (Silva, 2005).

El recurso a las publicaciones periódicas que imperó en la vida cultural desde comienzos del siglo XIX desembocó a mediados del XX en dos revistas esenciales: Mito (1955-1962) y Eco (1960-1984). De acuerdo con Jorge Orlando Melo, los editores de revistas culturales trataban de crear lo que existía solo en grado muy pequeño: un público, un sistema de acceso, un espacio cultural creativo. El público potencial –los que saben leer y escribir y han pasado por una escuela secundaria o universitaria- son muy pocos: la expansión de la secundaria y la universidad es un fenómeno de 1960 a 1990.

Esta expansión del público lector permitió el florecimiento de la actividad editorial, representada por empresas como La Oveja Negra, Tercer Mundo, Editorial Norma, La Carreta, Cerec, Carlos Valencia Editores y El Áncora. Todas estas editoriales se dedicaron en mayor o menor medida a la edición y difusión de la literatura y el pensamiento locales.

La Ley del libro de 1993, destinada a promover la industria gráfica, fue un aliciente importante para los grandes grupos españoles, que fortalecieron su presencia en el país a partir de ese momento. El declive de la edición nacional llegó a su término con el cierre intempestivo en 2011 del Grupo Editorial Norma, cuyos libros circulaban por todos los países de habla hispana.

Hoy estamos ante la tercera oleada de editores (empresas pequeñas y medianas, independientes, como Babel, Tragaluz, Sílaba o Rey Naranjo) con propuestas diversas, pero concentradas en el libro impreso. A ellos se suma la actividad de las editoriales universitarias, que se han fortalecido en los últimos años y dividen su atención entre las monografías y la literatura contemporánea.

Margarita Valencia

(Instituto Caro y Cuervo, Bogotá)

Cubierta del libro «Cuentos de Pombo».

Autor: Jaramillo, Lorenzo, 1955-1992; Pombo, Rafael, 1833-1912. Fecha de publicación: [1983, 1989] 1991. Editorial: Bogotá: Carlos Valencia Editores. Fuente: Biblioteca Virtual Biblioteca Luis Ángel Arango.

Bibliografía

  • ARANGO F., Juan Ignacio (1991). El libro en Colombia. Situaciones y perspectivas. Bogotá: Monografías CERLALC.
  • COBO BORDA, Juan Gustavo (2000). «Historia de la industria editorial colombiana». En CERLALC, Historias de las empresas editoriales de América Latina. Siglo XX. Bogotá: Departamento de Publicaciones Universidad Externado de Colombia, pp. 161-188.
  • CORREA, Juan David (2013). Autores y editores colombianos. Bogotá: Cámara Colombiana del Libro, en http://camlibro.com.co/ [7 de noviembre de 2016].
  • GARZÓN MARTHÁ, Álvaro (2009). «Imprenta e independencia: apuntes sobre la cultura de los impresos a finales de la Colonia», Boletín de Historia y Antigüedades, 96.844, pp. 145-175.
  • GUZMÁN MÉNDEZ, Diana y MARÍN C., Paula Andrea (eds.) (2017). «Cultura escrita e impresa en Colombia», Lingüística y Literatura, 71 (número monográfico).
  • HIGUERA, Tarsicio (1970). La imprenta en Colombia. Bogotá: Inalpro.
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  • MELO, Jorge Orlando (s. f.). «Las revistas literarias en Colombia e Hispanoamérica: una aproximación a su historia», [18 de noviembre de 2016].
  • PLAZAS, Arcadio (1982). «La industria editorial en Colombia. Su desarrollo. Políticas de fomento». En Colombia. Chile. Bogotá: CERLALC, pp. 11-73.
  • RUBIO HERNÁNDEZ, Alfonso (ed.) (2016). Minúscula y plural. Cultura escrita en Colombia. Medellín: La Carreta Editores.
  • SILVA, Renán (2005). República Liberal, intelectuales y cultura popular. Medellín: La Carreta, pp. 187-206.
  • VALENCIA, Margarita (ed.) (2014). «Algunas miradas al libro y a la edición en Colombia», Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, 48.86 (número monográfico).