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Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) - EDI-RED

La edición en Cuba

El flamenco Carlos Habré publicó el primer impreso aparecido en Cuba: Oraciones, novenas en devoción y gloria de N. P. San Agustín (1722). Hasta mediados del siglo XVIII la impresión no constituyó un negocio sólido, pero después se forjaron familias de impresores, que se mantuvieron actuantes hasta comienzos del XX: los Olivos, los Boloña, los Paula-Seguí, los Palmer, los Arazoza, los Soler, los Barcina, los Spencer y los Murtra, en algunos de cuyos locales se imprimía, en distintos momentos, bajo las rúbricas de Imprenta del Gobierno o de la Capitanía General, única permitida, atendiendo, sobre todo, a la fidelidad a la Corona española, aunque no pocos gobernadores hicieron caso omiso a tal disposición. El movimiento editorial en la primera mitad del XIX fue escaso, se desenvolvió alrededor de ocho imprentas habaneras y cinco provinciales y el peso mayor recayó en la edición de libros de texto y manuales.

En 1819 Ignacio Valdés Machuca, tras el seudónimo Delio, publicó la estimada por Fornet primera obra cubana del género digna de ser considerada libro: Ocios poéticos, sucedida por varios títulos en igual género. El auge alcanzado provocó el surgimiento del editor, mediador entre el escritor y el aún escaso mercado. Al primero, José Severino Boloña, en quien se fundieron impresor, editor y entusiasta de las Letras, se debieron una recopilación de poesías, ya publicadas en los periódicos, más otras inéditas en 1831 y la Colección de poesías, arreglada por un aficionado a las musas (1833), primera selección habida en Cuba. Ese mismo año, Ignacio Herrera Dávila dio a la luz Rimas americanas, cuya pobreza editorial (Fornet) no impide reducir la importancia de considerarla a primera antología hispanoamericana publicada en el Continente (Fornet). Al finalizar la década del treinta la cifra de impresores y editores aumentó debido, entre otras razones, al surgimiento de la narrativa, a la eclosión del Romanticismo y al auge de las revistas literarias. No pocas producciones florecieron gracias al recurso de la suscripción, única forma conocida de financiamiento editorial, que, no obstante, no impedía el fracaso de tales empeños. Por el contrario, lo que llamaríamos empresas periodísticas alcanzaron un auge notable y aparecieron, en la década del 40, importantes periódicos, alguno extendido en el tiempo hasta la década del 60 del siglo XX, como el Diario de la Marina.

Otras editoriales e imprentas del siglo XIX habanero fueron, sin establecer jerarquías, La Liberal, de Tiburcio Campe; la de la Universidad de La Habana, de Antonio M. Valdés; La Propaganda Literaria, que desde 1875 monopolizó la impresión de los textos escolares; La Mercantil Militar, La Antilla, El Iris, La Moderna, Los Niños Huérfanos y La Universal. Las guerras contra España (1868-1878 y 1895-1898) significaron momentos sui generis de la edición cubana, aflorada mediante dos vías: cubanos emigrados preferentemente a diversas ciudades norteamericanas -Nueva York, Tampa y Cayo Hueso- editaron libros, muchos de compatriotas, como Néstor Ponce de León, y publicaron periódicos, como José Martí. De igual modo, en el campo insurrecto la prensa mambisa cumplió un importante papel en tanto medio difusor de diversos asuntos relacionados con la contienda bélica, incluidos los literarios. La tradición de impresores cubanos en el exterior venía desde mucho antes, pues en 1829 José Antonio Saco, dueño de la Imprenta Española de El Mensajero (Filadelfia), había realizado la primera edición de Versos de Juan Nicasio Gallego recogidos y publicados por Domingo del Monte.

En las seis primeras décadas del siglo XX la mayoría de las editoriales e imprentas eran privadas y las técnicamente más avanzadas radicaban en La Habana, aunque algunas de provincias alcanzaron cierto desarrollo. Surgieron entidades que, a más de negocios lucrativos, gestaron proyectos culturales de interés, como la Sociedad Cuba Contemporánea, fundadora de una revista de igual nombre, en tanto que muchas pertenecieron a españoles establecidos en el país. Entre las más sobresalientes se cuentan, en un orden no estrictamente cronológico, Cultural S. A., la mayor empresa editorial del lapso que comenzó la verdadera industria del libro en Cuba dedicada fundamentalmente a textos para la enseñanza primaria. Nació de la unión de las librerías Cervantes –con una revista homónima (1925-1946)- y La Moderna Poesía, exitosa iniciativa del editor y librero español Ricardo Veloso, creadora, en 1928, de la Colección de Libros Cubanos. Asimismo, la Imprenta El Siglo XX, que cubría las ediciones de instituciones como las academias Nacional de Artes y Letras y de la Historia, ambas con variadas colecciones; La Económica, con libros cubanos de literatura, acompañada de la revista Mirador Literario (1942-1944) y de las ediciones Mirador; Librería Studium, con sus colecciones Autores Cubanos y Biblioteca Studium; Librería Martí, especializada en obras de Derecho e Historia y auspiciadora de un Catálogo anual de libros antiguos y modernos (1947-1952) y de la Revista Bibliográfica. Librería Martí (1954-1960); Editorial Lex, sobre temas jurídicos y literarios, propiciadora de la revista Crónica (1949-1953) y de una galería de artes plásticas; Editorial Trópico, que entre 1936 y 1953 publicó, en setenta y cuatro tomos, las entonces estimadas como Obras completas de José Martí, enriquecidas posteriormente con muchos hallazgos; Ediciones Revista de Avance, promotora de obras vinculadas a la vanguardia literaria cubana; Librería González Porto, que, especializada en enciclopedias y libros de arte y de literatura y editora de la revista Nosotros los libros (1953-1956), devino, al instalarse en México, en UTEHA; Editorial El Arte, de Manzanillo, iniciadora de un importante movimiento editorial en el oriente del país y gestora de otros proyectos de valía, como la revista Orto (1912-1957); Editorial Páginas, con varias colecciones -Ocuje, Sijú- de diferentes géneros literarios; Ediciones Orígenes, liderada por José Lezama Lima, que publicó a muchos de los integrantes del importante grupo de igual nombre; Editorial Guáimaro, Empresa Editora de Publicaciones, Montalvo y Cárdenas, Avisador Comercial, Rambla, Bouza y Compañía, Editorial Hermes, Editorial Minerva, Úcar García y Compañía, P. Fernández y Compañía, Cuba Intelectual, Excelsior o La Tertulia, entre las más conocidas, acompañadas por un sinnúmero de pequeños talleres artesanales comprometidos con trabajos de menor complejidad.

Un esfuerzo singular e individual, valioso en lo cuantitativo, mas no en lo cualitativo, fue el de José Manuel Carbonell con los dieciocho tomos de su Evolución de la cultura cubana. 1608-1927 (editorial El Siglo XX, 1928). Por otra parte, Fernando Ortiz llevó adelante la Colección Cubana de Libros y Documentos Inéditos o Raros, Emilio Roig de Leuchsenring divulgó la historia de la capital bajo el sello de la Oficina del Historiador de La Habana y José María Chacón y Calvo creó los Cuadernos de Cultura de la Secretaría de Cultura del Ministerio de Educación. El exiliado español Manuel Altolaguirre promovió, con su editorial La Verónica, obras de cubanos y españoles. Algunas de estas editoriales contaron también con librerías y, en no pocas, funcionaron, muchas veces de manera espontánea, tertulias literarias a las que acudían los escritores más notables del momento. A la Cámara Cubana del Libro, surgida a mediados de los años 40 con la intención de proteger a los autores nacionales, se vincularon las más importantes editoriales para impulsar el quehacer del ramo. No obstante, la casi totalidad de los escritores debían financiar y promover sus obras, en tanto el papel del editor y las diversas acciones de su competencia -gestar proyectos, representar escritores, cuidar de la impresión de una obra y estimularla en tanto objeto cultural y comercial- se cumplían más en el orden ejecutivo que en el creativo. Muchos fueron los libros que permanecieron en exhibición durante años, acogidos al sistema de consignación, hasta que solo quedaba a sus autores la opción de retirarlos.

Los cambios radicales ocurridos en Cuba a partir de 1959 dieron como resultado la mudanza de propiedad de las más importantes editoriales y talleres de impresión, que de manos privadas pasaron a ser propiedad estatal, mientras que en 1968 los establecimientos medianos y pequeños que permanecían activos bajo la representación de personas naturales se trasladaron a la gestión estatal, cerraron o se reagruparon por decisión de gobierno. Una de las primeras medidas adoptadas fue la creación, en 1959, de la Imprenta Nacional de Cuba -su gesto inicial fue la publicación masiva del Quijote- devenida, en 1962, en Editora Nacional de Cuba, mediante la cual se separaron las funciones editoriales de la industria y la comercialización. Surgieron las editoriales Universitaria, Pedagógica, Juvenil y Política como parte de esa reorganización. Asimismo nacieron editoriales vinculadas a otras instituciones o grupos que surgieron en esos primeros años de la década del sesenta, como Ediciones R, vinculada al periódico Revolución, la Editorial de la Casa de las Américas, el sello editorial Unión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y Ediciones El Puente, con carácter independiente, donde publicaron algunas de las más jóvenes voces de la literatura cubana de aquel momento. En 1967 se creó el Instituto Cubano del Libro (ICL), hoy integrado en la estructura del Ministerio de Cultura, fundado en 1976. Centralizó toda la gestión vinculada al libro: edición, producción, distribución y comercialización. Antes, en 1965, cristalizó un proyecto especial, Edición Revolucionaria, para cubrir las necesidades de libros de texto para la enseñanza universitaria, afectadas por los escollos que imponían los derechos de reproducción. En su actual estructura el ICL se encarga de gestionar la publicación y promoción de autores cubanos de todas las épocas y géneros y darlos a conocer a escala internacional. Organiza anualmente la Feria Internacional del Libro de La Habana, donde confluyen editoriales cubanas y extranjeras. Se ha convertido en el mayor espacio de intercambio cultural cubano. Asimismo publica obras de clásicos universales, y atiende la edición de obras científico-técnicas. A la institución se subordinan la Agencia Literaria Latinoamericana, encargada de representar a autores cubanos fuera de la isla, la Cámara Cubana del Libro, creada en 1997 para promover el desarrollo editorial, el comercio del libro y valer a las editoriales cubanas en ferias, eventos y exposiciones; Ediciones Cubanas, exportadora de libros, y las editoriales Gente Nueva (literatura para niños y jóvenes), Letras Cubanas, para autores de reconocido prestigio de todas los tiempos, José Martí, encargada, sobre todo, de dar a conocer la literatura cubana en otras lenguas, Arte y Literatura, para libros de autores extranjeros de todas las épocas, Nuevo Milenio, para obras de ciencias sociales, y Cubaliteraria, para libros en soporte digital. Existe un sistema editorial, también vinculado al ICL, en cada una de las provincias, a quien se confía publicar obras de autores locales, aunque eventualmente acoge a escritores de relevancia nacional.

Fuera del sistema editorial del ICL funcionan, entre otras, la Editorial Félix Varela, que edita libros para la enseñanza, Editorial UH, de la Universidad de La Habana, con títulos para este nivel de enseñanza en las más variadas disciplinas, Ediciones Unión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Ediciones La Memoria y otras del Centro Pablo de la Torriente Brau, Ediciones Boloña, perteneciente a la Oficina del Historiador de La Habana, Fondo Editorial de la Casa de las Américas, con obras literarias de autores latinoamericanos y caribeños de todos los tiempos; Ediciones ICAIC, del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, divulgadora de obras relacionadas con esta manifestación; Biblioteca de Clásicos Cubanos, auspiciada por la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz, Editorial Tablas-Alarcos, vinculada al teatro, Publicaciones del Consejo de Estado y Editora Política, entre las de más sostenida presencia.

En el exterior, la edición en manos de cubanos, generalmente encaminada a libros de disciplinas artístico-literarias y de ciencias sociales de autores de igual origen, se ha centrado, geográficamente, en los Estados Unidos y España. En los Estados Unidos cobraron vida las hoy desaparecidas Ediciones Universal, Editorial Plaza Mayor, Linden Lane Press, Editorial Contra Viento y Marea, Ediciones Solar, Senda Nueva de Ediciones y La Torre de Papel; y en Madrid Colibrí y Editorial Playor, desaparecidas hace algunos años, fueron de las más reconocidas. En la actualidad Verbum, Aduana Vieja y Betania (España) y Almenara, El Zunzún Viajero y Término Editorial (Estados Unidos), entre otras, mantienen sus respectivos perfiles editoriales.

Cira Romero

Unión de Escritores y Artistas de Cuba

Cubierta del libro «Muestras de los caracteres de letras», impreso por la Imprenta de la Marina.

Cubierta del libro «Don Quijote de la Mancha», impreso por la Imprenta Nacional de Cuba.

Cubierta del libro «Divertimentos», impreso por Ediciones Orígenes.

Bibliografía

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