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Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) - EDI-RED

La edición en Portugal

La edición en Portugal durante el siglo XIX vivió transformaciones considerables que, a pesar de ser lentas, fueron el fruto de varios factores. Por un lado, la autonomización gradual de la edición brasileña, que se inició con la creación de la editora Impressão Régia (1808), redundó en una pérdida gradual de la posición privilegiada en ese territorio. Por otro, la influencia europea se acentuó, con el refuerzo de la acción de los libreros (e impresores) franceses, una mayor dependencia de libros y revistas de algunos países (sobre todo de Francia, Inglaterra, España e Italia) y el crecimiento de traducciones de las lenguas de esos mismos países.

Con la instauración del régimen constitucional en 1834 cesó la censura regia (la pontificia se había extinguido en 1821-1822) y surgieron algunas editoriales de escala industrial. El mercado nacional se mantuvo en una producción reducida e incluso las mejores tiradas no superaban los tres mil ejemplares. En ese contexto surge la edición romántica, en 1840-1850, muy influenciada por las novelas francesas e inglesas, aunque desde el inicio de la centuria también fuese frecuente la edición de libros portugueses (y/o en portugués) en Francia e Inglaterra. Además, el hecho de que algunos autores portugueses (Garrett, Herculano, Camilo o Eça de Queirós) estuviesen en boga fue fundamental para el sustento de algunas editoriales, como los Bertrand, António Maria Pereira, Chardron y Lugan & Genelioux.

En el cruce de los siglos XIX-XX, la edición y el comercio librero en Portugal transitaron hacia un nuevo modelo. Se produjo una clara demarcación de proyectos con programas de edición frente a las publicaciones sueltas o realizadas por encargo de los autores. Recreación y formación iban de la mano, como es el caso de la novela y de la Historia, géneros en crecimiento que se beneficiaron de la emergencia de nuevos públicos. Esta nueva sensibilidad abarcó tanto los nuevos lectores locales en portugués, como los lectores de lengua francesa e inglesa que los catálogos de los editores y libreros querían atraer. Sobre el espacio de intervención o de relación, un circuito que integraban Francia y Brasil, se convirtió en la referencia. Se consolidó también como territorio de paso de las publicaciones, en lengua original o traducciones, o a través de adaptaciones de aquello que interesaba en ese espacio europeo y atlántico.

En los albores del siglo XX empezó a consolidarse la figura del editor profesional en Portugal, a pesar de que muchos libros (centenares de títulos por año) continuasen publicándose con el sello de las tipografías, por encargo de autores y gente con ideas pero sin estructura empresarial, como los libreros y papeleros, además de los «editores» y tipógrafos. Se atomizó el acto de editar. Una gran parte de las empresas de esa época eran de pequeña dimensión y tuvieron una vida corta, pocos encargos y escaso dinamismo. En las antípodas, los grandes sellos destacaron por sus proyectos, longevidad y cantidad de títulos y de ejemplares.

En aquel momento, una buena parte de la producción dependía del Estado, sobre todo de la Imprensa Nacional que publicaba legislación y encargos privados. La diversidad se acentuó, multiplicándose las ediciones de índole religiosa (católica o evangélica), comercial, política, científica (v. g., Academia Real das Ciências, Imprensa da Universidade de Coimbra, Sociedade de Geografia de Lisboa), histórica o literaria. Pulularon también pequeños editores, como Arnaldo Bordalo, que se especializaron en hojas sueltas con canciones, chistes, farsas, operetas y manuales.

Varias casas comerciales se afirmaron gracias a la oferta de la novela europea y a la creciente circulación internacional de libros y de textos traducidos. Se destacaron las asociaciones entre A. M. Pereira, la Antiga Casa Bertrand, la Aillaud, la A Minerva, la Guimarães, la Tavares Cardoso, la Empresa da História de Portugal, la Imprensa Lucas y también la Romano Torres. Esas y otras colaboraron para popularizar a Paul de Kock, Verne, Dumas padre, Ponson du Terrail, Perez Escrich, Xavier de Montépin, entre otros. Los editores usaron el mercado internacional para satisfacer a sus lectores más lejanos pero, sobre todo, a su público local. De ahí la apertura de oficinas y las asociaciones con editores franceses y brasileños, resistiendo de esta forma a la convulsión del comercio librero de finales de siglo.

La Bertrand, hoy la librería más antigua del mundo, se relanza gracias a José Bastos en 1893, tanto a nivel librero como editorial, y a ambos lados del Atlántico. En Brasil, su dueño se asoció al Gabinete Português de Leitura de Pernambuco y también a A. Lavignasse Filho, en Río de Janeiro. En 1910 Júlio Monteiro Aillaud la compró y de su fusión resultó las Antigas Livrarias Aillaud e Bertrand, reforzándose el vaivén librero (y editorial) París-Lisboa. Se fortaleció también el eje luso-brasileño, a través de una asociación con Francisco Alves para la apertura de librerías en diversas ciudades brasileñas. Su catálogo, con cerca de 1.500 títulos, incluyó más de 500 novelas y libros de aventuras, y tenía colecciones y públicos variados. La oferta provenía de los fondos Rolland e Semiond, de producción en tipografía propia, y de mucha importación francesa (y también de alguna brasileña).

A Aillaud & Bertrand creó una singular red triangular transatlántica, uniendo Portugal, Brasil y Francia en un intercambio multidireccional. En esos mismos años (1910-1916), Francisco Alves, se asoció también a la Sociedade Editora Portugal Brasil, con José Bastos. Se dio, de esta manera, secuencia a una serie de asociaciones, que provenían del siglo XIX, cuando pequeños tipógrafos y editores de Lisboa tenían sus corresponsales en Brasil, como Lucas Evangelista, la Empresa de Publicações Populares y la Romano Torres.

La divulgación libresca en ferias comerciales extramuros se había inaugurado poco antes, con la presencia de editores en la Exposición de Río de Janeiro de 1908, en la cual Romano Torres recibió la medalla de oro. Posteriormente, las principales muestras van a ser la Feria del Libro de París, la Bienal del Libro de San Paulo y, principalmente, la Feria del Libro de Frankfurt.

El intercambio con Francia y Brasil se reforzará con la colaboración de otras editoriales lusas, pero sin llegar al alcance de la Aillaud & Bertrand. Sin embargo, cabe mencionar la Editora Luso-Brasiliana/Annuario de Brasil, con su proyecto de intercambio literario y editorial luso-brasileño lanzado en 1921 por personalidades portuguesas y brasileñas (António Sérgio, Álvaro Pinto, Costa Macedo y Jackson de Figueiredo) en Brasil y que publicó autores portugueses en Brasil y viceversa. La Grande Enciclopédia Portuguesa e Brasileira se lanza en 1935 por la Editorial Enciclopédia, y posteriormente otras editoras le darán continuidad (70 volúmenes).

Dada la persistencia de un mercado nacional exiguo, al que ni tan siquiera el imperio colonial había conseguido mudar, el crecimiento fue lento y modesto, y solo registró beneficios relevantes para la economía en los años 1950-1960 y 1980. Los libros que proponían una perspectiva más laica, reflexiva, social y antropológica del mundo y del saber se consagraron por el público durante la primera mitad del novecientos, a pesar de las dificultades económicas y la hostilidad o el desconocimiento oficiales. En la oferta librera de 1930-1950 se reforzaron las Ciencias Sociales hasta alcanzar el liderazgo en los años 50, además del ascenso de las Ciencias aplicadas, de la Medicina y la Tecnología, frente al periodo republicano, donde prevalecían las Lenguas y la Literatura (casi 1/3).

En cuanto a la Literatura se produjo un refuerzo destacable en su diversificación, con colecciones, autores, ilustradores y editoriales especializadas en poesía, teatro, novela histórica, sentimental, de aventuras y policíaca, cómic, etc. En el último cuarto del siglo XX cambió el perfil y la oferta con la fuerza del libro escolar y de la literatura infantil y juvenil.

La dictadura vigente entre 1926 y 1974 también condicionó fuertemente el sector editorial en Portugal, en especial debido a la censura política. En este contexto adverso consiguen sin embargo imponerse algunas editoriales de resistencia –entre ellas Seara Nova (1921), Cosmos (1935) y Publicações Europa-América (PE-A, 1945)– hasta 1960. Estas y otras (como Sá da Costa y Moraes) fueron las que más intentaron divulgar el ensayo y la literatura de ficción de autores ajenos al canon nacionalista oficial o de autores extranjeros con planteamientos o temáticas mal vistas, como los surrealistas, los realistas, etc.

A mediados del siglo XX, además de estas, otras editoriales que venían del siglo anterior estaban consolidadas, como fue el caso de Parceria A. M. Pereira (1848), Civilização Editora (1879), Romano Torres (1885) y Guimarães Editores (1899). Competirían con las nuevas editoriales como Livraria Sá da Costa (de 1913), Coimbra Editora (1920), Portugália Editora (1942), Livros do Brasil (1944), Porto Editora (1944), Ulisseia (1946), Livros Horizonte (1953), Almedina (1955), Verbo y Moraes (ambas de 1958). Durante los años 1960 y inicio de la década siguiente surgieron algunas editoriales que son una referencia hasta nuestros días: la Editorial Presença y la Editorial Estampa, ambas de 1960, la Afrontamento (1963), la Publicações Dom Quixote (1965) y la Assírio & Alvim (1972). En 1971 el emporio alemán Bertelsmann lanzó un club del libro en Portugal, el Círculo de Leitores (Círculo de Lectores), determinante en la difusión del libro en las décadas futuras.

A lo largo de esos agitados años surgió una miríada de nuevas editoriales independientes, en las principales ciudades, que diversificó la oferta de ensayo y literatura con contenido crítico. Para este dinamismo contribuyó el apoyo de la resistencia cultural y de las cooperativas culturales, además del crecimiento de la escolarización y del abastecimiento de bibliotecas, mayoritariamente a través de las bibliotecas itinerantes y fijas de la Fundação Calouste Gulbenkian. Los años 1970-1980 acentuaron ciertas tendencias, tales como la de la explosión de obras (y editoriales) de contenido político e ideológico, en su mayoría vinculadas al marxismo, sobre todo después de la caída de la dictadura, en 1974.

En un espacio al margen, por motivos ideológicos, filosóficos y/o estéticos, se desarrolló la edición antifascista clandestina y se afirmaron editores como Luiz Pacheco y Fernando Ribeiro de Mello, y editoriales como Contraponto, Minotauro, Afrodite, después acompañadas por la &etc., Fenda, Frenesim, Antígona y Hiena.

Un trazo distintivo de la edición en el Portugal contemporáneo fue el peso significativo de la traducción, a pesar de los esfuerzos de varias editoriales para poder publicar autores y textos en lengua portuguesa. En 1991, el 44% de los 6.430 títulos hasta el momento editados en Portugal correspondía a textos traducidos, frente al 26% en Italia, 24% en España, 18% en Francia, 14% en Alemania y apenas 3% en el Reino Unido.

A inicios del siglo XXI se acentuó la concentración empresarial, debido a fusiones y a la adquisición de editoriales, pero también debido a la incorporación de librerías y distribuidoras. De este fenómeno resultó un nuevo perfil, actualmente estabilizado en dos megagrupos empresariales en el área de la edición: el Grupo Porto Editora o grupo Bertrand Círculo y el Grupo Leya, quienes poseían en 2013 la mitad de las ventas, debido al libro escolar y, también, al de ficción, secundados por otros de talla intermedia: Plátano, Almedina, Babel o el holding LMB, integrado por Lamares, Moura Bessa, Presença, Afrontamento, Medialivros y Gradiva.

En las antípodas figuran muchas de las editoriales independientes, que tienden a apostar en obras de calidad, pequeñas tiradas y con una distribución innovadora. En este segmento surgieron nuevas firmas como las dinámicas Tinta-da-China y Planeta Tangerina, esta última de literatura infantil y juvenil. Para diversificar el sector editorial portugués contribuyeron también las sucursales de editoriales o grupos editoriales extranjeros, sobre todo de España, pero también de Alemania, Reino Unido, Brasil, etc.

Daniel Melo y João Luís Lisboa

(Universidade NOVA de Lisboa)

Este texto contó con el apoyo del CHAM (FCSH/NOVA-UAc), a través del proyecto estratégico patrocinado por FCT (UID/HIS/04666/2013).

Camión de distribución de una de las revistas de la editorial Livrarias Aillaud e Bertrand (revista Ilustração, n.º 41, 01-09-1927, p. 13). Fuente: Hemeroteca Municipal de Lisboa - Hemeroteca Digital.

Cubierta de Inquerito ao livro em Portugal, editorial Seara Nova, 1944. Fuente: Biblioteca Nacional de Portugal.

Bibliografía básica

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